El mito de que Ringo era sólo un baterista afortunado y simpático al que le fue regalado su pasaje a la gloria ha probado ser persistente, más en un mundo de pretendidos sabelotodos cuya ignorancia se ve amplificada en las redes sociales. Pero ser efectivo, proponer exactamente lo que sus compañeros necesitaban para cada una de sus cada vez más desafiantes creaciones, no es algo que cualquier músico del montón hubiera logrado.
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