Cabo de miedo supera el temor inicial, y resulta victoriosa. Reivindica el suspenso como sensación primaria, y parece responder la pregunta inicial: cine y serialidad no tienen que competir entre sí. Pueden alimentarse mutuamente, hasta encontrar el equilibrio que les dé una nueva vida, incluso más luminosa. Como los clásicos, esos que se resisten a morir.
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