SEÑOR DIRECTOR:
A seis meses de la entrada en vigencia de la ley que regula el uso de celulares en los colegios, tenemos una oportunidad que va mucho más allá de guardar los celulares, preguntarnos qué queremos recuperar en nuestras salas.
En Saint George’s College, su restricción gradual nos mostró que limitar su uso no significa rechazar la tecnología, sino decidir cuándo, cómo y para qué queremos utilizarla. Por eso, impulsamos “Desconectarse”, una campaña con sentido formativo para fortalecer la convivencia, bienestar y capacidad de estar presentes.
Los primeros resultados son alentadores. El estudio Después del celular de EducomLab, donde participamos, muestra que más del 70% de los colegios que han restringido el uso de celulares observa mejoras en concentración, interacción cara a cara y clima de aprendizaje.
Sería ingenuo pensar que el desafío termina ahí. La verdadera pregunta es cómo educamos a niños y jóvenes para que la tecnología amplifique sus capacidades y no termine reemplazando su atención, sus vínculos o su pensamiento.
Hoy el debate se orienta a la IA. El 64,8% de los colegios declara un uso frecuente de IA generativa para tareas escolares, según ese mismo estudio.
Como educadores tenemos la responsabilidad de defender el humanismo en esta era. La irrupción de la IA nos obliga a revisar qué significa educar: formar personas capaces de pensar, relacionarse y aportar a la sociedad.
La nueva encíclica Magnifica Humanitas nos plantea el desafío de enseñar a utilizarla con criterio, y también a saber cuándo no usarla.
La tecnología puede entregar respuestas, pero el entorno escolar debe seguir despertando preguntas. Y también vínculos y preocupación por los otros.
Carolina López Egaña
Vicerrectora
Saint George’s College
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