En 1987, a Barricada le censuraron la canción 'Bahía de Pasaia', donde, tras poner de manifiesto el asesinato de cuatro integrantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, cantaban "Señor gobernador, lávese usted las manos, todo fue correcto, éxito asegurado". Han pasado casi cuatro décadas, pero la canción sigue de vigente actualidad: el abuso policial sigue siendo noticia, ya sea en una manifestación pacífica de Valencia o en un arresto en Mineápolis, casos tan grandes, tan obvios y tan descarados que ya ni siquiera escandalizan a una sociedad amodorrada y acostumbrada a verlos. Por suerte, 'Caso 137' explica exactamente cómo suceden estos abusos, cuáles son las investigaciones internas... y por qué salen siempre indemnes.
Las películas y las series de policías tienden a mostrarnos su lado más salvaje, entre detenciones, persecuciones, delincuentes, confesores y tíos duros que conocen el lenguaje de la calle. Sin embargo, en 'Caso 137' tenemos todo lo contrario: una película de despachos donde examinar las pruebas al dedillo, señalar a los que se pasan ejerciendo la ley y, con suerte, llegar a impartir justicia real. Por supuesto, no es fácil: la película se adentra en un mundo policial donde la inocencia se da por hecha e incluso las imágenes y las pruebas no significan nada.
Uno de los problemas que los contrarios a la IA manejamos constantemente es el de que las pruebas audiovisuales dejarán de existir, porque todo será manipulable y, llegado un punto, no podremos creer ni siquiera lo que ven nuestros propios ojos. 'Caso 137' demuestra que siempre hay una excepción: las comisarías de policía, donde incluso la imagen clara de un abuso policial se puede transformar en mil falsas excusas de agentes perfectamente conscientes de que se van a salir con la suya digan lo que digan. Porque la realidad ni siquiera importa: tan solo lo hace el apoyo interno, los jueces favorables al Cuerpo y los compañeros que tienen claro que deben apoyarse entre ellos para mantener una injusta impunidad.
'Caso 137' juega con los códigos del true crime para humanizar una historia que de otra manera quizá habría podido caer en una falsa espectacularidad: todo lo que ocurre se siente cercano, real y extrañamente vibrante, sobre todo para ser una historia que transcurre dentro entre mesas, ordenadores, teléfonos y declaraciones. Por supuesto, no miente a nadie: se trata de cine profundamente político que puede llegar a molestar y pinchar en unos tiempos tan beligerantes como los actuales. Y, sabiéndolo, Dominik Moll, su director, no se deja nada en el tintero, atacando sin piedad la "versión oficial" y aplaudiendo a los pocos que se atreven, al menos internamente, a llevar la contraria.
El mayor problema de 'Caso 137' es que, por eficiente que sea e interesante que resulte, no puede evitar mantener un tono excesivamente frío y distante, que se agrava al poner el foco sobre personajes algo estereotipados que, pese a todo, convencen en esta búsqueda eterna del honor frente a la barbarie, en donde la justicia es siempre la gran perdedora. En un "uno contra todos" desesperado, Stéphanie (una fantástica Léa Drucker) se lanza al vacío sin medida, esperando que alguien comparta su visión del mundo. Una en la que los compañeros no son necesariamente "buenos" por serlo y los manifestantes no son "malos" por llevar la contraria.
Puede que tenga estética noruega y alma de true crime, pero realmente la película es la representación moderna del mito de Sísifo representado en una agente que, a sabiendas de que sus denuncias de abuso policial nunca consiguen llegar adelante, se esfuerza hasta el final pretendiendo que algo cambie en el lugar más improbable. Donde nada vale la imagen, la denuncia, la realidad, el dolor de una familia y el sufrimiento y ninguneo de la agente al cargo. Al final, la piedra volverá a caer cuando parece estar a punto de llegar arriba, y eso es algo que sabe tanto Stéphanie como su equipo, sus compañeros y nosotros mismos cuando la película comienza.
La fuerza de la verdad que utiliza Moll es mucho más eficiente de lo que podría ser en otras manos que le otorgaran un tinte de espectacularidad a una película que, como buena denuncia social, no lo necesita. El resultado final consigue mantener en tensión todo el tiempo, hacer resoplar ante los desagravios y las verdades a medias, suspirar cuando la roca vuelve a caer y desear un mañana mejor. En tiempos tan duros como los que vivimos, soñar con la esperanza nunca es baladí.
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La noticia
Esta película es una contundente versión policial del mito de Sísifo. La impunidad de los abusos policiales nunca había estado tan bien representada en el cine
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Randy Meeks
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