En algún momento de 1835, en la costa noroeste de la India, Alexander Burnes compró un rollo de papel. Dentro había manuscrita una carta de navegación del mar Rojo y el golfo de Adén que el oficial británico llego a calificar como un "espécimen de levantamiento naval sin igual en los gabinetes de Europa".
Burnes lo donó a la Royal Geographical Society, donde un equipo de expertos lo examinó y lo metió en un cajón. Desde entonces, el diagnóstico ha sido unánime: la carta era muy bonita y muy resultona, pero completamente errónea.
Durante 189 años, hemos creído que estaba mal. Pero estábamos equivocados.
Y no es que no la hubiéramos estudiado. Solo en el último siglo se ha estudiado con detalle hasta en cinco ocasiones (1947, 1987, 2002, 2012 y 2022). Sin embargo, todos los esfuerzos habían sido inútiles. Sin embargo, en los últimos años, John P. Cooper del Instituto de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Exeter y su equipo han estudiado al fondo el tema.
Sin mucho éxito, la verdad.
Hasta que se dieron cuenta de una cosa: ¿y si en lugar de un documento, lo que tenían entre manos era una herramienta? Es decir, ¿y si no era un mapa para colgar en la pared, sino otra cosa?
¿Cómo funcionaba el cacharro? La clave, siempre según los investigadores, es que la carta solo se abría por el tramo que el navegante utilizaba en ese momento. Si miras la carta en su conjunto (más de 180 islas, además de arrecifes, hitos en tierra, edificios religiosos y banderas), no se entiende; sobre todo, porque no tienen continuidad.
Pero si analizas las referencias fragmento a fragmento emerge la idea de que se usaba para mantener la línea de navegación, recordar a los navegantes lo que tenían que ir haciendo. Su finalidad era mnemotécnica y operativa; no representativa.
Qué curioso, ¿no? Sí y ese es el principal problema, pensar en que todo esto es solo 'curioso'. Pero no, lo que la carta pone sobre la mesa es el sesgo eurocéntrico que aún impera en la historia de la ciencia: durante casi dos siglos juzgamos una herramienta india con la única vara que conocíamos (la correspondencia geométrica con el terreno) y la declaramos como "defectuosa" por no cumplir con esa vara.
¿Cuántos miles de cosas más tendremos por ahí perdidas, sin acabar de entender del todo? Nunca está de más recordar que hay muchas cosas que no entendemos del todo.
Imagen | Universidad de Exeter
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La noticia
Hemos tenido una carta náutica casi dos siglos en un cajón porque pensábamos que estaba todo mal. Estábamos equivocados
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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