Celia Agüero Pereda
Comillas (Cantabria), 8 jul (EFE).- Millones de personas visitan cada año la Sagrada Familia en busca de las claves de Antoni Gaudí, pero para algunos especialistas que estudian su legado, la pregunta sobre cómo nació el arquitecto obliga a viajar hasta Comillas (Cantabria), donde comenzó a configurarse su universo creativo con el Capricho.
Esa idea sobrevuela estos días un curso de verano que organiza la Universidad de Cantabria dedicado al arquitecto catalán dentro del Año Gaudí 2026, que conmemora el centenario de su muerte.
El planteamiento de los expertos reunidos en Comillas invita a mirar a la localidad cántabra no como un episodio menor o una etapa de juventud de Gaudí, sino como el escenario donde empezaron a aparecer muchas de las constantes que décadas después alcanzarían su máxima expresión en la Sagrada Familia.
"Para tener una visión panorámica completa de Gaudí hay que empezar en el origen, que es el Capricho, y llegar hasta el final, que es la Sagrada Familia", resume a EFE el responsable de ese edificio, Carlos Mirapeix.
Esa idea cuestiona una visión ampliamente extendida que sitúa el corazón de la obra gaudiniana exclusivamente en Barcelona, pero investigadores y gestores del patrimonio reivindican el papel de Comillas como uno de los lugares donde el arquitecto comenzó a ensayar algunas de las ideas que le acompañarían en su trayectoria.
El investigador Galdric Santana explica a EFE que existe un hilo conductor que atraviesa la producción del arquitecto, un principio que el Año Gaudí 2026 ha sintetizado bajo el concepto de "orden invisible", lo que supone un conjunto de principios geométricos, naturales, simbólicos y constructivos que organizan su arquitectura.
"Todo el mundo sabe quién es Gaudí, pero conocerlo de verdad lo conoce poca gente", señala Santana, quien cree que la mayoría de los se queda en la dimensión estética de sus construcciones, sin llegar a percibir el método, la lógica y el sistema de pensamiento.
Gaudí tenía muy claro desde joven cómo debía ser la arquitectura del futuro y que con el paso de los años, en esa disciplina no es tan importante el método como las variables que intervienen, ya sea el lugar, los avances tecnológicos o los nuevos conocimientos científicos, asegura Santana.
Por eso, el Capricho de Comillas ocupa un lugar singular dentro de su trayectoria, no solo por albergar algunas de sus primeras actuaciones, sino porque supuso uno de los primeros desafíos de un arquitecto convencido de que la arquitectura podía concebirse como una ciencia capaz de trascender las distancias.
A finales del siglo XIX, levantar una obra en Cantabria desde Barcelona no era una tarea sencilla y, sin embargo, Gaudí asumió el reto convencido de que un proyecto podía documentarse, transmitirse y ejecutarse lejos de su lugar de origen sin perder calidad ni precisión.
Pero si existe un hilo invisible que conecta todas sus obras, también existen rastros visibles que permiten seguir ese recorrido.
El responsable actual de la gestión de ese edificio cántabro encuentra algunos ejemplos en el Capricho como los bancos colgantes desde los que se contempla el interior de la vivienda, determinados juegos de luz o soluciones paisajísticas que anticipan recursos que el arquitecto desarrolló, luego, en obras mucho más conocidas.
Para Santana, la optimización de las formas, la búsqueda de soluciones estructurales eficientes o la manera de Gaudí de observar la naturaleza conectan hoy con debates sobre sostenibilidad, innovación y racionalización de los recursos.
A diferencia de quienes simplemente imitaban las formas naturales, Gaudí, según este experto, intentó comprender las leyes que las gobiernan y el resultado fue una arquitectura que parece orgánica y familiar para personas de cualquier cultura, pero que al mismo tiempo responde a una lógica rigurosa. EFE
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