Shanghái (China), 24 abr (EFE).- El Salón del Automóvil de Pekín abre hoy sus puertas con casi 200 modelos dispuestos a llevar a cabo su debut mundial y todas las miradas puestas en las novedades entre los vehículos eléctricos, convertidos ya en los grandes protagonistas del sector automotriz del país asiático.
Estas son algunas claves para entender el auge de los eléctricos chinos:
Para entender el origen del sector chino de los eléctricos, hay que remontarse a los años 2000: en 2001, el Gobierno ya lo incluyó en un plan quinquenal, pero no fue hasta finales de esa década cuando empezó a ofrecer un apoyo firme que el 'think tank' estadounidense CSIS cifra en hasta 230.800 millones de dólares entre 2009 y 2023.
China había logrado convertirse en el mayor mercado mundial de automóviles, pero las marcas extranjeras -con ventaja de décadas en motores de combustión- dominaban, eso sí, fabricando en el país mediante empresas conjuntas limitadas al 50 % por Pekín, lo cual, según los críticos, sirvió para que sus socios locales se hicieran con tecnologías clave.
Y, para lograr que la transición fuese exitosa, la 'pinza' a los conductores vino no solo del ahorro en gasolina, sino de las restricciones a la circulación y los altos precios de matriculación para coches de combustión -en ocasiones, incluso más que el propio vehículo, mientras que para los eléctricos es gratis- en combinación con jugosos incentivos fiscales para los compradores.
La apuesta surtió efecto: los eléctricos ya supusieron más de la mitad de las ventas totales de automóviles el año pasado, y China se ha convertido, con diferencia, en el mayor mercado para esta tipología de vehículos, aglutinando más de un 60 % de sus ventas a nivel mundial.
Y, partiendo desde una posición similar a la de sus rivales extranjeros -el interés en Occidente por los eléctricos en los 2000 era mínimo, especialmente tras el fracaso del GM EV1 hasta el lanzamiento, en 2008, del Tesla Roadster-, las marcas locales concentraban en 2024 una cuota del 80 % en el mercado nacional.
El auge del sector automotriz chino vino acompañado de nombres incipientes como CATL, mayor productor mundial de baterías para eléctricos, o BYD, que empezó fabricando baterías para móviles y que ya se ha convertido en el vendedor número uno de esos vehículos por encima incluso de la estadounidense Tesla, en buena medida gracias a la integración de sus cadenas de suministro.
No obstante, la coyuntura local no acompaña: ante la ralentización económica y la desconfianza de los consumidores tras los años del 'cero covid', los numerosos fabricantes que se subieron al carro de los eléctricos en los últimos años se han visto condenados a competir, en palabras del jefe de la patronal CPCA, de forma "feroz".
Así, el sector de los eléctricos se ha convertido en una de las caras visibles de lo que Pekín denomina "involución" ('neijuan', en chino), un ciclo marcado por el exceso de capacidad de producción, la necesidad constante de innovar para seguir el paso a los rivales y unas guerras de precios que parecen no tocar fin y sobre las que las autoridades chinas han mostrado públicamente su preocupación.
Las cifras no engañan: en el primer trimestre, las ventas de eléctricos cayeron un 21 % interanual en China, en parte por la reducción de las subvenciones a su compra. Y, según la consultora especializada Automobility, el sector automotriz en general tiene capacidad para producir hasta 50 millones de vehículos anuales... ante una demanda nacional que se sitúa aproximadamente en la mitad.
La situación descrita permite entender fácilmente el enorme interés que han mostrado los fabricantes chinos en estos últimos años por diversificar mercados: si producen más vehículos que los que los chinos pueden o quieren comprar, la exportación no es solo una vía de crecimiento sino una estrategia de supervivencia. En el primer trimestre, las ventas al extranjero subieron un 124 % interanual.
El aluvión de marcas chinas, acostumbradas a tirar precios y a la competencia extrema, ha provocado una respuesta inequívoca en forma de aranceles -especialmente, en EE. UU.- para proteger las cuotas de mercado de las firmas locales. Ante esto, el arreglo parece llegar en forma de inversiones para fabricar -en algunos casos, simplemente ensamblar- de forma local, como sucede con Chery en España.
Ahora, además, llega una oportunidad inesperada: ante el impacto de la guerra de Irán sobre los precios de los combustibles, el interés por los eléctricos chinos se ha disparado, con marzo presentando un 30 % más de exportaciones tan solo en la comparación con el mes anterior, aunque podría tratarse de una espada de doble filo para los fabricantes, que también han visto crecer sus costes.
El Salón del Automóvil de Pekín ofrecerá, al igual que otros eventos del sector con presencia china, pistas sobre la estrategia al futuro de estas marcas: según la prensa local, tras el éxito cosechado con modelos baratos -de menos del equivalente a 15.000 dólares-, ahora el protagonismo podría pasar a la gama prémium, donde buscan seguir comiéndole la tostada a gigantes como BMW o Mercedes.
Los clientes chinos, eso sí, no solo buscan lujo: algunos analistas también explican el atractivo de las marcas locales por la decidida apuesta de estas por sistemas de entretenimiento y funciones inteligentes -ante el auge de la inteligencia artificial (IA), están apostando por desarrollar sus propios chips- como la conducción autónoma.
Estos últimos días ya han servido para conocer algunas novedades interesantes: por ejemplo, CATL presentó baterías permiten cargar al 98 % en tan solo 7 minutos y anunció que hacia finales de año empezará a fabricar en masa baterías de iones de sodio, más baratas, mientras que Xpeng ha prometido que empezará a entregar sus 'coches voladores' en 2027.
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