Banner imascotas.cl
Teoría del chorreo

Con frecuencia, las iniciativas para estimular la inversión privada y el dinamismo productivo se desacreditan bajo el peyorativo de “teoría del chorreo”, tildándolas de favorecer solo a las élites. Este enfoque, sin embargo, desconoce décadas de evidencia empírica que vinculan crecimiento, empleo y bienestar. La economía moderna no opera mediante redistribuciones pasivas, sino a través de mecanismos institucionales donde el mercado laboral y la productividad conectan la expansión macroeconómica con el bienestar de la población. Renunciar a ese vínculo implica perder la herramienta más potente para mejorar las condiciones de vida.

La literatura internacional muestra de forma consistente que la expansión de la producción crea puestos de trabajo. Estudios de largo plazo sitúan la elasticidad empleo-producto en un rango entre 0,3 y 0,5, lo que implica que el crecimiento sostenido absorbe mano de obra disponible. La ley de Okun, verificada en economías avanzadas y emergentes, evidencia un vínculo inverso entre el PIB y la tasa de desempleo: cuando la actividad se acelera, las empresas contratan más y reducen los ciclos de desocupación. Aunque la intensidad del efecto depende de la flexibilidad institucional y de la estructura sectorial, el consenso técnico es claro: el crecimiento no es estéril, sino el motor de la demanda de trabajo. En el debate público, caricaturizar la iniciativa privada como “chorreo” oculta que sin crecimiento no hay recursos para financiar políticas sociales.

Respecto de los salarios, los datos desmienten la narrativa de estancamiento generalizado. Cuando la expansión se basa en ganancias de eficiencia, las remuneraciones reales tienden a avanzar en paralelo. Investigaciones internacionales revelan que los ingresos del quintil más pobre crecen a una tasa proporcional a la del PIB per cápita, con elasticidad cercana a la unidad. Medir la compensación laboral de forma integral y ajustarla por inflación muestra que los salarios reflejan el progreso técnico y el capital. En mercados competitivos, el proceso se ajusta solo: al elevarse el valor marginal del trabajo, las empresas compiten por retener a los trabajadores y las remuneraciones suben de forma orgánica.

La evidencia chilena confirma estos hallazgos: registros administrativos y series históricas muestran que los ciclos de crecimiento, la reducción del desempleo y la creación de empleo formal se sincronizan, con efectos particularmente positivos para los jóvenes y el sector privado dependiente. Esto no implica que los estímulos macroeconómicos basten por sí solos. Factores como la automatización, el cambio tecnológico o mercados laborales poco competitivos pueden debilitar el traspaso de productividad a los salarios.

Las políticas públicas deben, por tanto, combinar incentivos a la inversión con reformas estructurales que fomenten la educación, la movilidad laboral y la competencia. Estigmatizar el crecimiento económico es negar cómo se genera el progreso material. Solo mediante crecimiento sostenido, competencia efectiva y acumulación de habilidades se edifica una sociedad más próspera.

Por Miguel Vargas, Decano Facultad de Economía y Negocios, Universidad Finis Terrae, y Rodrigo Montero, Decano Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma

Junio 9, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 30 visitas 2186747

🔥 Ver noticia completa en LaTercera.com 🔥

Comentarios

Comentar

Noticias destacadas


Banner iofertas.cl

Contáctanos

completa toda los campos para contáctarnos

Todos los datos son necesarios