Cuando Rusia cruzó la frontera de Ucrania en 2022, Europa reaccionó como no lo hacía desde el final de la Guerra Fría: sanciones masivas, rearme acelerado y una unidad política forzada por la urgencia. Durante estos años, el debate europeo giró alrededor de una pregunta aparentemente simple sobre la resistencia de Kiev, mientras el conflicto se alargaba, se normalizaba y dejaba de ser una guerra “temporal”. Ahora, con el frente estancado y el calendario avanzando, en las capitales europeas empieza a imponerse otra inquietud.
¿Qué hará Rusia cuando esta guerra deje de ser el centro del tablero?
No es solo el frente. Sí, a medida que el conflicto en Ucrania se acerca a su cuarto aniversario, en Europa empieza a imponerse una lectura distinta y más inquietante: Rusia no está actuando como un país atrapado en una guerra de desgaste, sino como una potencia que utiliza el conflicto como, quizás, fase preparatoria.
En las últimas horas ha aparecido un dato en el viejo continente: el aumento masivo de su producción militar sugiere que Moscú no piensa únicamente en sostener el frente actual, sino en configurar un escenario estratégico posterior, en el que disponer de reservas, capacidad industrial y margen de maniobra será tan importante como cualquier avance territorial logrado en Ucrania.
La cifra que dispara las alarmas. El dato que más preocupa a los servicios de inteligencia europeos es la producción rusa de munición, que ha superado los siete millones de proyectiles anuales, una cifra 17 veces superior a la de los primeros compases de la invasión.
Según el servicio de inteligencia de Estonia Välisluureamet, este salto no se explica por una simple intensificación del combate, principalmente porque carece de sentido, sino por la construcción de nuevas plantas industriales y la voluntad de reconstruir reservas estratégicas a largo plazo. Para Europa, el mensaje implícito es claro: nadie fabrica a ese ritmo si solo está pensando en sobrevivir al conflicto actual.
Resistir y prepararse. Este rearme se produce pese al deterioro económico ruso, al enorme coste humano de la guerra y a las crecientes dificultades para reclutar soldados, lo que refuerza la idea de que el Kremlin prioriza la acumulación de material sobre el bienestar interno.
El apoyo de Corea del Norte, que ha llegado a suministrar una parte sustancial de la munición utilizada en Ucrania, ha permitido a Moscú ganar tiempo y recomponer arsenales. Para Estonia, mantener estos niveles de reserva es un elemento central de la planificación de posibles conflictos futuros, no un simple seguro para la guerra en curso.
El norte entra en el radar. Lo hemos venido contando en los últimos meses. Ese temor a lo que viene después no se limita al flanco oriental. Ahora, Noruega ha advertido abiertamente de que no puede descartarse un movimiento ruso destinado a proteger sus activos nucleares en el Ártico, concentrados en la península de Kola, a escasa distancia de su frontera.
No se trata de una ambición de conquista clásica, sino de una lógica defensiva agresiva: asegurar la capacidad de segundo ataque nuclear en caso de una escalada con la NATO. La guerra de Ucrania ha forzado a los países nórdicos a planificar escenarios que hace pocos años habrían parecido improbables.
Paz táctica para la estrategia. Contaba el Guardian esta mañana que, mientras incrementa su capacidad militar, Rusia despliega una diplomacia calculada que busca ganar tiempo y dividir a Occidente.
La inteligencia estonia describe los gestos de apertura hacia Estados Unidos y la retórica de negociación como una maniobra para rebajar presiones, explotar grietas entre Washington y Europa y consolidar posiciones sin renunciar a los objetivos de fondo. En paralelo, Moscú intensifica operaciones de influencia y guerra híbrida, consciente de que la posguerra ucraniana puede ser tan decisiva como la guerra misma.
El escenario inquietante. En definitiva, la combinación de producción masiva de munición, la posible planificación nuclear, la presión híbrida y la diplomacia instrumental parecen dibujar un panorama de lo más incómodo para Europa: uno donde incluso cuando las armas terminen apagándose en Ucrania, Rusia seguirá siendo un actor preparado para actuar.
Bajo ese prisma, no es solo el final de una guerra lo que está preocupando a las capitales europeas, sino el comienzo de una etapa en la que Moscú, reforzado industrialmente, podría decidir cuándo y dónde tensar de nuevo el tablero. De ahí que lo que viene después de Ucrania sea, precisamente, lo que más miedo genera.
Imagen | Ministry of Defence of the Russian Federation, Vitaly V. Kuzmin
En Xataka | La pregunta ya no es si Europa "está en guerra": la pregunta es si está dispuesta a defenderse
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La noticia
Un informe ha hecho saltar las alarmas en Europa. La producción de proyectiles de Rusia no tiene sentido para una sola guerra
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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