Todos guardamos en la memoria un refugio cinematográfico de la niñez, películas que asociamos de forma inequívoca al calor del hogar o a las tardes de fin de semana. Pero ¿qué ocurre cuando la mirada adulta profana ese espacio seguro? Volver a visitar los clásicos de la infancia es, a menudo, un…
Artículo original publicado en SensaCine
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