2026: el año de la aceleración

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Se podría decir que desde el año 2022, con la operación militar especial que la Federación Rusa comenzó en Ucrania, el escenario global ha sufrido modificaciones importantes a un gran ritmo y se han producido acontecimientos que están diseñando una ruta crítica a un nuevo sistema internacional. Por supuesto, casi todos ellos en forma dramática.

Así se ha recorrido por: el conflicto bélico en Ucrania, que ya cumplió cuatro años y que ha ido escalando hasta llegar a una confrontación entre la OTAN y Rusia; en el 2023 el enfrentamiento armado entre el grupo insurgente palestino Hamás y el estado de Israel que ha derivado en el genocidio del pueblo palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania, como no había ocurrido desde la conformación del ente israelí y que se ha mantenido a pesar de la pantomima de acuerdo de paz; en 2023 se produjeron alzamientos militares contra gobiernos despóticos y antinacionales en la franja de Sahel en el África occidental, involucrando a los países de Níger, Burkina Faso y Mali, con una clara orientación anti colonial que llevó a una tensa relación con sus países vecinos, y particularmente con la metrópoli francesa, y de esa forma se desacoplaron del relato occidental y de su dominación económica, inaugurando con ello nuevas relaciones de muchos países africanos con Rusia y China en busca de nuevas oportunidades de desarrollo; en 2024 se produjo la caída definitiva del régimen sirio, que fue un objetivo buscado desde el año 2015 por una coalición occidental encabezada por Estados Unidos, quedando a cargo del país un terrorista del grupo ISIS, lo que está modificando abrupta y violentamente el cuadro estratégico del Medio Oriente; a fines de 2024 se realizó la cumbre de los BRICS en Kazán, constituyéndose en un hito de su corta vida, ampliando su membresía y adoptando un documento estratégico que traza sus intereses y objetivos de largo plazo con una centralidad en un mundo multipolar, con relaciones justas, soberanas y económicamente favorables para todos los pueblos; a inicios de 2025 asumió la presidencia de Estados Unidos Donald Trump, que llegó con una política muy disruptiva en lo económico-financiero con aplicación de aranceles en forma indiscriminada con el objetivo de compensar la balanza comercial e incentivar la producción nacional, lo que obligó a nuevos ajustes en los tratos con los países afectados, buscando nuevos beneficios para la Casa Blanca, como asimismo una agenda internacional para recuperar su rol indiscutible en el hemisferio occidental, preparándose para una confrontación con China; a mediados de 2025 se produjo la llamada guerra de los 12 días entre una coalición encabezada por Israel-Estados Unidos y apoyada por algunos países europeos y árabes de la región, contra la República Islámica de Irán, que buscaron propinarle una derrota estratégica a propósito de su programa nuclear, siendo esta la primera confrontación directa entre estos países; durante el año 2025 se produjeron varios conflictos menores o acotados entre estados: IndiaPakistán, Pakistán-Afganistán, ArmeniaAzerbaiyán, CambodiaTailandia, EgiptoEtiopía; en este período se acentuó la tensa relación económica entre Estados Unidos y China, pasando por una escalada arancelaria mutua, restricciones a exportaciones de materiales críticos entre ambos países, y el continuo apoyo a la militarización de Taiwán; ha avanzado la marea derechista en el mundo occidental, Europa y América Latina, con programas de gobierno muy similares, acentuando políticas proteccionistas, anti migratorias, críticos con organizaciones multilaterales de alcance global, militarización de la seguridad pública, jugando en el límite con la responsabilidad de los derechos humanos, generando un ambiente que ha permitido la proliferación, particularmente en Europa, de grupos radicales violentos de corte fascista.

Por supuesto, todos estos acontecimientos han ido prefigurando el mundo por venir y me parece que este año 2026 se va a constituir en un momento bisagra para entrar en un período de aceleración de estas dinámicas, teniendo en cuenta la enorme presión que subyace en algunos de estos puntos y regiones críticas para la situación mundial.

Ya en las pocas semanas de este año hemos sido espectadores de acontecimientos que nos señalan un cambio de ritmo en la presión por obtener resultados ligados a los objetivos e intereses del imperialismo estadounidense, que fueron expuestos claramente a través de sus documentos de estrategia de seguridad nacional y su correspondiente política de defensa nacional.

El ataque a Venezuela -con la captura de su jefe de Estado- y la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra Irán, son dos ejemplos palpables tanto de la aceleración como de las condiciones en que pretenden llevar adelante el cumplimiento de sus objetivos. Ya no existe siquiera un asomo por simular la aceptación del derecho internacional, y se refuerza su doctrina del mundo basado en reglas que ellos determinan y en el consiguiente uso de la fuerza para cumplir justamente aquellas reglas.

Estos eran dos objetivos estratégicos para Estados Unidos, que ha decidido resolverlos por la fuerza y que tendrían un triple efecto. Por una parte, deshacerse de enclaves problemáticos en sus áreas de influencia y de interés, en su espacio occidental y en el Medio Oriente, que progresivamente habían tomado posiciones políticas amparadas en un potenciamiento nacional y en una red de alianzas con otros actores competitivos de Estados Unidos, como China y Rusia. Buscan apoderarse del recurso esencial de ambos países, el petróleo, lo que permitiría a la Casa Blanca administrar esa producción y el comercio, mantenerlo dentro de la esfera del dólar y usarlo como agente económico. Por último, en ambos casos golpea directamente a China, su principal objetivo estratégico, sacándolo de la ecuación energética, cuestión que es esencial para el gigante asiático, teniendo en consideración que es un consumidor neto de petróleo tan necesario para su consolidación económica.

Hasta ahora también hemos visto una nueva modalidad del control que Estados Unidos quiere ejercer sobre sus objetivos, y han sido los casos de Venezuela e Irán, y posiblemente Cuba. Quiere tener un control de su elite sin quebrar la estatalidad, y para lo cual elimina al centro de gravedad del poder existente (que puede ser su presidente, su líder espiritual, su elite militar), mantiene una parte de la elite antigua y produce una renovación de ella, lo que le facilita las negociaciones para cumplir sus objetivos centrales, que serían la administración de sus recursos y la victoria geopolítica. No rompe con la estatalidad, o el carácter general del régimen, por lo tanto, no hay caos ni revueltas que compliquen los negocios. Estamos apreciando un nuevo método de dominación.

(Sobre la guerra contra Irán, escribiré en una próxima carta, teniendo en cuenta lo reciente de los hechos y esperar más días para poder apreciar mejor la evolución de los acontecimientos en su nivel estratégico).

Crimen organizado

También en el comienzo de este año se expresó en toda su crudeza el enorme potencial que ha adquirido el crimen organizado, con la demostración de fuerza material y militar con capacidad de enfrentarse a un Estado. Los hechos acaecidos en México tras la eliminación del jefe de uno de los carteles más poderosos, el Comando Jalisco Nueva Generación, tiene varias aristas e impactos. El principal de ellos es la capacidad económica, territorial y militar que han alcanzado, la condición trasnacional de su organización, la red de vinculación con agentes de estructuras del Estado, como el poder ejecutivo, judicial, legislativo, partidos políticos y fuerzas policiales y militares. Los carteles se han convertido en organismos de alta complejidad, aparentemente imposibles de eliminar completamente.

Hoy día, con la urgencia de Estados Unidos por obtener resultados de corto plazo, obliga a concentrarse en una guerra frontal directa y presiona a países para seguir el mismo derrotero, como los casos de México, Ecuador y Colombia, sin que se aprecie la aplicación de una política integral, cooperación verdadera y una evaluación certera de las políticas ya aplicadas. Es bien sabido que el principal mercado de consumo es Estados Unidos y Europa, que las capacidades armamentísticas son adquiridas a través de la frontera y de empresas estadounidenses en un tráfico ilegal descontrolado, así también que las fuerzas combativas de los carteles provienen principalmente de mercenarios y de ex miembros de las policías y las fuerzas armadas. Por lo tanto, hay muchos recovecos que alimentan a estos organismos criminales que no son abordados con la misma fuerza y complejidad.

El crimen organizado será una realidad que tenderá a desarrollarse con más fuerza y alcance mundial. Europa lo está viviendo también aceleradamente, y la crisis en Ucrania será una fuente que alimente a estas organizaciones, tanto con el tráfico de armamento, la retirada de grupos mercenarios que ya ofrecen sus servicios expertos, así como los futuros militares desmovilizados. Allí hay una bomba de tiempo social-militar que alimentará grupos terroristas y criminales a lo ancho del mundo.

Aceleración 2026

En la aceleración 2026 podríamos apreciar mayores dinámicas en los siguientes escenarios:

1.- La guerra en Ucrania: hay una alta probabilidad de que la guerra entre en su fase final, con el triunfo de Rusia y el cumplimiento de sus objetivos originales. Esto generaría impactos profundos ante una compleja realidad ucraniana, así como en la OTAN europea, que solo podrá presentar como victoria la narrativa de un objetivo auto declarado que sería la supervivencia del estado ucraniano. Todo el resto será pérdida, económica, militar, social, política y estratégica. Esto producirá una eclosión interna, que empezará a desatar las diferencias y críticas por las políticas de los últimos años.

Frente a la crisis ucraniana se acentuarán las divisiones producto de las diferentes percepciones e intereses, entre los países bálticos más Polonia, que quieren insistir en una derrota estratégica de Rusia, en relación a los países centro europeos, que tendrán que resignarse para volver a pensar en las condiciones para retomar relaciones con Rusia (ya han esbozado algo Francia y Bélgica, y también el delirante Merz de Alemania).

En la medida que se despeje la frágil unidad en torno a Ucrania, aparecerán otros temores ancestrales, como el empoderamiento militar de algunos países, especialmente el de Alemania, que su canciller ha declarado a viva voz en forma permanente. No queda para nada claro lo que pensarán de eso los franceses, los ingleses y los propios polacos, todos ellos con tristes recuerdos de una Alemania militarizada. La Federación Rusa aparecerá con una desarrollada maquinaria militar, tanto en sistemas de armas, experiencia combativa y en una renovada doctrina.

2.- Esta situación irá acompañada de una mayor visibilización de la crisis europea, no solo con los países que han asumido posiciones discrepantes como Hungría, Eslovaquia y ahora Chequia, sino además con los agrupamientos en su propio interior. Se harán más notorios los partidos y movimientos, de derechas e izquierdas, críticos con los actuales liderazgos y con las formas que adquirió la globalización neoliberal, que hasta ahora han levantado paulatinamente sus voces y que esperan los nuevos hitos eleccionarios para pasar a la ofensiva.

Cada vez más se notan las diferencias internas en los ámbitos de políticas públicas, como el acuerdo arancelario con Mercosur, que seguramente será un punto muy álgido en la relación con sectores económicos claves; las políticas migratorias, con evidentes diferencias entre la Europa oriental y la central; el enorme saco de la deuda pública que se acrecienta rápidamente en los países más desarrollados y las deudas que el conjunto de la Unión Europea ha asumido con Ucrania, que recaerá sobre el conjunto de naciones; los altos precios de servicios básicos, y los problemas más estructurales de su desindustrialización, pérdida de competitividad, crisis demográfica. Lo más probable, en la medida que se va apagando el conflicto en Ucrania, asomen todas las contradicciones que se han ido acumulando y que tienden más bien a ser disgregadoras que unificadoras del proyecto unionista.

3.- La confrontación con China entra también en fases más decisivas y que paulatinamente son más visibles, y seguramente menos tolerables. Estados Unidos también está acelerando esta presión a través de terceros, particularmente en nuestra región. Aquí tenemos el ejemplo de la disputa por la fibra óptica oceánica entre Chile y China, que ya ha pausado el proyecto; el conflicto que generó el gobierno peruano con el megapuerto de Chancay, que actualmente es la principal estructura portuaria del Pacífico y que está dejando enormes réditos al estado peruano; el nuevo gobierno boliviano ya planteó que revisará los contratos por la explotación del litio, que habían sido adjudicados a empresas chinas; Panamá dio un duro golpe a las empresas chinas que administraban dos puertos en el Canal tras la anulación de los contratos por parte del poder judicial del país; Paraguay ha insistido en su reconocimiento a Taiwán.

A esto debe sumarse el fuerte daño producido por el control de la industria petrolera que asumió el gobierno de Donald Trump en Venezuela después del secuestro del presidente Maduro, echando por tierra las enormes inversiones que había realizado el gobierno chino. Algo similar puede pasar en Irán, dependiendo de la evolución de los acontecimientos en Medio Oriente.

Después de estos acontecimientos, la próxima visita de Trump a China para el mes de abril, de realizarse, se ve bastante compleja en su posibilidad de éxito.

4.- La volatilidad política de América Latina, hoy día con una mayoría de gobiernos de derecha, se hace más notoria. Han llegado al poder con enormes compromisos difíciles de cumplir, en una coyuntura que será más compleja en lo político y económico, viviendo en la contradicción que los pondrá su propio padrino hegemón en las relaciones con China, el principal socio de todos nuestros países.

Trump ha conseguido cambiar la correlación de fuerzas en la región, apoyando a las candidaturas de derecha que han llegado al gobierno. En este año le quedan dos elecciones muy importantes: Colombia y Brasil. Seguramente veremos desplegar todo el arsenal derechista, local e internacional, para obtener la victoria, y de esa manera contar con una región casi absolutamente en disposición de vasallaje al Imperio.

De igual forma, la acumulación de malestares sociales que no han sido resueltas, y en otros casos aumentadas, como el caso argentino, también auguran escenarios de tensión social.

5.- La reconfiguración de Medio Oriente con la figura central de Israel como la potencia hegemónica regional, se está jugando en la guerra de Israel-Estados Unidos contra Irán.

Pero también, más silenciosamente, en la ampliación de la influencia y redes del estado israelí hacia otros estados (Marruecos, Somalilandia), así como la subyugación definitiva de los países árabes de la región que se han sumado al relato y poderío israelí (el mejor ejemplo lo hemos visto en el comportamiento que han tenido ante la agresión israelí-estadounidense y el asesinato de su líder religioso). Ya ha aplastado a las resistencias de Hamás y Hezbollá, controla indirectamente al Líbano y Siria, y camina aceleradamente en la reconstrucción de la Franja de Gaza a su imagen, además del soporte político internacional que le otorga el engendro estadounidense del Consejo de la Paz.

Veremos uno de los cambios más notables de la geopolítica contemporánea en la región del Medio Oriente.

6.- La evolución de la deuda pública de los principales actores occidentales reunidos en el G7, especialmente Estados Unidos, que se transforman en una bomba de tiempo para sus finanzas. Francia, Reino Unido, Canadá están con deudas sobre el 115 % de su PIB; Alemania ronda en el 60 %; Japón en el 260 % y Estados Unidos en alrededor del 120 %, con más de 38 billones de deuda. Esta es una realidad que será angustiante; la Casa Blanca debe renegociar su deuda entre este año y el próximo, mientras su principal acreedor, que es China, se está desprendiendo de los bonos del Tesoro en forma acelerada (¿querrá China volver a comprar deuda soberana de Estados Unidos?).

En Europa se siguen endeudando para cumplir sus objetivos de aumento de un 5 % del gasto militar, para seguir financiando a Ucrania, y no queda claro en el horizonte cómo, cuándo y quién devolverá esos pagos. Mientras que los países del BRICS acumulan rápidamente oro, minerales críticos y otros bienes de valor, para sustentar sus monedas, así como avanzar paulatinamente en la desdolarización de sus transacciones comerciales.

6.- La política interna de Estados Unidos se polariza producto del formato de administración que ha ejercido Trump, que violenta instituciones -con sus radicales decisiones- y que lo han llevado a confrontarse con el poder judicial y el Congreso. Otros organismos dependientes del ejecutivo son usados a discreción por el gobernante, como han sido la CIA, el FBI y recientemente el ICE.

Las disputas entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano se han agudizado y hecho más frecuentes, incluso con el desapego de algunos representantes del propio Partido Republicano. Este año será clave en este conflicto, tanto por la propia aceleración de medidas internas e internacionales que está tomando el presidente Trump, como por los efectos negativos que están dejando.

Si bien en el plano internacional sus acciones le han dado los resultados esperados hasta ahora, todavía es prematuro apostar a que estos sean de largo plazo, y en vez que sean nuevas trampas geopolíticas que están siendo sembradas. El factor tiempo dirá la última palabra.

En el plano nacional, aparentemente aumenta el descontento y la frustración ante las promesas incumplidas en la población que votó a Trump, así como la tensión con sectores sociales que están siendo perseguidos y discriminados y que han demostrado cierta capacidad de movilización.

Según la encuesta de opinión pública de Pew Research Center que apareció el día antes del discurso de presidente Trump sobre el estado de la Unión ante el Congreso nos dice que: el 72 % de la población tiene una visión negativa de la economía; el 62 % desaprueba los aumentos de los aranceles; la principal preocupación de la ciudadanía es la atención médica y el 66 % afirma que el gobierno federal tiene la responsabilidad de garantizar que todos/as tengan cobertura; el 72 % afirma que es inaceptable que los agentes federales de inmigración utilicen la apariencia o el idioma de una persona para verificar su estatus migratorio y el 61 % que es inaceptable que los agentes usen mascarillas para ocultar su identidad; el 62 % está a favor de una fuerte presencia militar en la frontera de Estados Unidos y México; el 77 % está de acuerdo en expandir la energía solar y el 68 % la energía eólica; el 45 % opina que Estados Unidos no debería involucrarse en el gobierno de Venezuela.

La gran oportunidad para dar una señal al gobierno de Trump y detener su voracidad política disruptiva será la elección de medio término en el mes de noviembre (en esta mega elección se eligen 435 miembros de la Cámara de Representantes, 35 senadores y 36 gobernadores, además de otros funcionarios locales). De aquí a esa fecha seguramente veremos muchas acciones para acelerar la imagen de triunfo de la consigna de hacer grande a América otra vez, y que tendrá en ascuas al mundo, porque sus objetivos siguen siendo a escala mundial, empujado por la fuerza y el atolondramiento. Esta puede ser una trampa estratégica para los objetivos de Trump.

Creo que en este año se jugarán muchas cartas sobre el mundo que vendrá.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 82 – 3/3/2026


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Marzo 4, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 28 visitas 1848354

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