Begoña Fernández
Madrid, 17 jun (EFE).- '7291' es un cómic de memoria y de denuncia. Sus autores, el guionista Raúl Cordero y el ilustrador Boris Ramírez, sostienen que tras las cifra de 7.291 fallecidos en residencias de mayores de la Comunidad de Madrid durante la covid, nada ha cambiado: "no hemos aprendido, esto volvería a repetirse".
"No es un cómic político, es un cómic que denuncia la situación de precariedad de las residencias de mayores, que saltó durante la pandemia, y que quiere poner en valor el trabajo de las cuidadoras", afirma en una entrevista con EFE el guionista Raúl Cordero, quien advierte que, tras esta situación extrema, "seguimos igual, desgraciadamente no se han mejorado ni los recursos ni el personal".
'7291', publicado por Maldragón Editorial, recoge los testimonios de Rosa, Esther y Marta (los nombres reales de las cuidadoras de tres residencias de mayores de la Comunidad de Madrid) pero que el guionista se toma la licencia de reconvertir en trabajadoras de un único centro "para no marear al lector".
Todas las situaciones que se denuncian en el cómic y que viven los residentes son reales, también la decisión del director del centro de prohibir a los trabajadores que llevasen mascarilla por considerarlo innecesario.
Para recoger los testimonios, Cordero y Ramírez entraron en contacto con la asociación '7291: Verdad y Justicia para las Víctimas de las Residencias' que, en el prólogo del libro, denuncia "la falta de reparación de la Comunidad de Madrid".
Cordero, con una dilatada experiencia en el cómic de ficción y fantasía, se estrena con este guión en el realismo y lo hace, admite, tras escuchar a su padre, fallecido en 2024, que se obsesionó con la situación de las residencias en la época de la covid y le pidió a su hijo que, por una vez, dejara "los monstruos y los dragones para hacer unas viñetas de verdad y denuncia".
El guionista insiste en que si se continúa sin apoyar a los servicios públicos, "lo único que puedes pensar es que todo va a ir a peor".
Cordero revela que en su investigación se percató de que "empapadores y material sanitario entran los justitos". Además, hay una tendencia a contratar trabajadores no cualificados, lo que influye en la calidad del servicio, mientras que horarios y ratios aumentan.
"Creo que es un cómic necesario y justo porque se habla mucho de los políticos, pero poco de las cuidadoras, que fueron clave".
Y sostiene que, al final, '7291' se convierte en una novedosa herramienta de denuncia a través de un cómic, un medio relativamente 'barato' y con gran impacto visual.
El ilustrador Boris Ramírez explica a EFE que los personajes de las trabajadoras se inspiran en ellas, pero "sin crear retratos exactos".
"Las cuidadoras se parecen en rasgos básicos, pero no así los residentes porque sus historias son universales. No les pasa solo a ellos, sino a todos los que vivieron en esos centros y en esa época", dice.
Ramírez reconoce que, a la hora de documentarse, se percató que "la desgracia de los 7.291 fallecidos no tenía imagen, estaba todo muy deshumanizado y camuflado con bulos"
Por ello, el ilustrador buscó un estilo muy característico con una paleta de colores muy apropiada: "para el interior uso azules claustrofóbicos y agobiantes, mientras que en el exterior domina los tonos amarillentos y cálidos".
El ilustrador insiste, al igual que su colega de guión, en que lo ocurrido "no fue el final de nada, sino el síntoma de unas prácticas que se están generalizando y que son deshumanizadoras".
"Si se privatiza la salud, se juega con la sanidad pública, como pasa con la vivienda y un millón de cosas más, y si no se cambia nada, iremos a peor".
Ramírez advierte de que continuamente se ven situaciones similares, donde los responsables quedan impunes: "el patrón se repite una y otra vez".EFE
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