El Ciudadano
Tras ganar las elecciones, el propio Presidente Kast lanzó el “Desafío 90”, un plan de trabajo para sus primeros tres meses de gobierno, y encargó su conducción a Bernardo Fontaine. Pero la promesa se hizo humo: la iniciativa rápidamente cayó en el olvido y dejó al descubierto la falta de una hoja de ruta real para el “Gobierno de Emergencia”.
Chile no tenía emergencias, pero Kast las creó. La situación económica se ha deteriorado rápidamente: la inflación acumula en solo dos meses 2,3%; el desempleo sigue aumentando; los capitales están saliendo del país y las inversiones aún no llegan. Las últimas cifras económicas registradas en el gobierno Boric las atribuían al triunfo electoral de Kast, sin embargo, ahora responsabilizan a Boric de las cifras que registran ellos. Un sinsentido.
Lo único claro en este gobierno es la agenda económica: reducir impuestos a las grandes empresas y a las grandes fortunas mientras reducen el presupuesto para políticas sociales. Las reducciones en hospitales y servicios públicos ya comienzan a afectar el trabajo cotidiano. Mientras que la promesa de reducción de impuestos a través de la Ley de Superricos ya se encuentra ad portas de ser aprobada en el Senado, donde enfrenta su segundo trámite constitucional. Entre estas medidas tributarias aparecen la reducción del impuesto corporativo; rebajas al impuesto a las donaciones para permitir que grandes fortunas planifiquen su “herencia”; incentivos para la repatriación de capitales; rebajas tributarias a empresas que paguen salarios bajos bajo el mal llamado “subsidio al empleo”; invariabilidad tributaria por 25 años; y eliminación de contribuciones para los adultos mayores de 65 años más ricos del país. Suma y sigue.
La única política por fuera de la caja neoliberal ha sido la solicitud de endeudamiento por hasta 6.200 millones de dólares. A pesar de querer reducir el déficit fiscal, se endeudarán por una cifra que servirá para comenzar la disminución de recaudación que tendrá el país en caso de que se apruebe la reducción del impuesto corporativo y el “subsidio al empleo”.
Los proyectos extractivistas siguen avanzando como si nada. Se han destrabado grandes inversiones pese a informes ambientales desfavorables y al rechazo de las comunidades. El caso de Minera Aclara es emblemático: el primer proyecto de tierras raras del país logró luz verde después de un incendio que arrasó con flora y bosque nativo en la zona. Primero vino el fuego, después la aprobación. Sospechoso el asunto, diría el Bombo Fica.
En seguridad, el Gobierno de Kast no tenía plan: tenía eslóganes. En menos de 90 días cambió a la ministra del ramo, al subsecretario de Seguridad y a la subsecretaria de Prevención del Delito, en uno de los ajustes de gabinete más rápidos del ciclo posdictatorial. La improvisación quedó al desnudo cuando el nuevo ministro reconoció que su política se apoyaría en la Estrategia Nacional de Seguridad aprobada bajo el gobierno de Boric, el mismo al que la derecha culpaba de todo. Las zanjas del norte siguen tapándose con el polvo del Altiplano y el Registro Nacional de Vándalos, anunciado con bombos y platillos, terminó convertido en otro voladero de luces.
La improvisación también llegó a las seremías. Más de 20 autoridades regionales han renunciado en pocos meses, algunas por no contar con la experiencia o los títulos exigidos para el cargo, y otras en medio de cuestionamientos públicos por eventuales usos indebidos de sus funciones. Lo que debía ser un despliegue ordenado del “Gobierno de Emergencia” terminó convertido en una cadena de nombramientos fallidos y salidas forzadas.
La política exterior de Kast también entró en modo emergencia. Su Gobierno ha subordinado buena parte de su agenda a Washington, al punto de firmar un acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras que amenaza con convertirse en una camisa de fuerza para el desarrollo de una industria minera propia. En paralelo, la política de embajadores parece una bolsa de premios de consuelo para políticos derrotados en las urnas. El caso más impresentable es Israel: allí fue nombrado un embajador investigado en la trama de corrupción que involucra al Poder Judicial y a Luis Hermosilla. Flor de embajador: sionista y bajo la sombra del caso Hermosilla.
La mano dura tan anunciada en contra de los delincuentes no ha llegado. Pero sí lo ha hecho para miles de estudiantes endeudados con el Crédito de Aval del Estado (CAE), a quienes se han embargado sus cuentas e incluso se han producido retiros por la Tesorería General de la República de todos sus fondos. “¿Hasta cuándo nos va a robar, señor ministro?” fue la frase de una ciudadana que interpeló al ministro Quiroz, quien ha demostrado una falta de empatía y de sadismo hacia los sectores más pobres, generando molestia incluso en la propia derecha.
Chile no estaba en emergencia. Chile arrastra problemas estructurales graves, expresión de un neoliberalismo agotado, pero las cifras macroeconómicas que tanto celebran los neoliberales se mantenían estables. En apenas 90 días, Kast no ordenó el país: multiplicó los frentes de crisis. Recortes sociales, improvisación en seguridad, nombramientos fallidos, subordinación a Washington y negocios extractivistas configuran una sola conclusión: la emergencia no la heredó, la fabricó. No hubo “Desafío 90”: hubo 90 días de kastigo.
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