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A 40 años de la carta abierta de pastores evangélicos al general Augusto Pinochet (1986-2026)

El Ciudadano

Por Benjamín Escobedo Araneda

El presente 2026, y por estos días, un segmento de las iglesias protestantes y evangélicas de nuestro país rememora un hito trascendental para la memoria política-religiosa de nuestra nación.

La denominada “Carta Abierta al Capitán General Augusto Pinochet” fue un documento histórico emitido en 1986 por la Confraternidad Cristiana de Iglesias en Chile; el motivo era interpelar la grave situación de temor, represión y violencia que afectaba a la población chilena bajo el régimen militar.

En este sentido, a 40 años del hecho suscitado resulta indispensable examinar los vínculos entre religión y política, la importancia de las iglesias protestantes y evangélicas de Chile en la historia nacional y los desafíos que albergan estas comunidades de fe sobre el espacio público en términos sociales, políticos y religiosos.

En primer lugar, en el año 1986 un grupo de obispos y presidentes de iglesias evangélicas, hicieron un urgente llamado al restablecimiento de la democracia, mediante la firma y entrega de la “Carta Abierta al Capitán General Don Augusto Pinochet Ugarte,” como culminación de la primera “Campaña de Oración por la vida, la paz y la reconciliación en Chile.”

He de señalar que, luego de un culto ecuménico celebrado en la primera Iglesia Metodista de Santiago, se inició una caminata hacia el Palacio de La Moneda, para hacer entrega de la carta abierta al entonces General Pinochet. Dicha carta, escrita por varios pastores de distintas ramas evangélicas y protestante se hizo con un enfoque político-religioso interpelante.

Denunciaba, por un lado, las violaciones a los derechos humanos y, por otro, anunciaba que era necesario comenzar e iniciar un nuevo proceso institucional donde todos y todas estuvieran representados, sin distinción alguna, donde el Estado velara por la justicia y la dignidad del ser humano. Parte del escrito (carta) enfrentaba al General Augusto Pinochet declarando lo siguiente: “De no escuchar este y muchos otros llamados, su Gobierno, y en esa medida, las instituciones armadas, se están haciendo responsables del creciente clima de guerra que tendrá imprevisibles consecuencias para el país, y acreedores del juicio de Dios por la sangre derramada” (página 6).

En segundo lugar, recordemos que durante la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile (1973-2023), se hizo un acto de reconocimiento en el Patio de Las Camelias del Palacio de La Moneda a los firmantes de la carta dirigida a Augusto Pinochet, evento encabezado por el ministro secretario general de la Presidencia, Álvaro Elizalde, acompañado de la capellana evangélica del Palacio de La Moneda, Izani Bruch, y el director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos, Omar Cortés.

Entre los signatarios de la carta encontramos los siguientes líderes evangélicos: Obispo Enrique Chávez, Obispo Sinforiano Gutiérrez, Jorge Cárdenas, Narciso Sepúlveda, Obispo José Flores, Pastora Juana Albornoz, Pastor Edgardo Toro, Obispo Isaías Gutiérrez, Pastor Juan Sepúlveda, Vicario Pedro Zavala, Pastor Oscar Avello, Pastor Leonardo Gaiardo y Pastor Dagoberto Ramírez.

Sin embargo, no debemos olvidar que durante dicho periodo hubo un importante segmento de iglesias protestantes y evangélicas que participaron del llamado Consejo de Pastores, entidad conformada por pastores provenientes de distintas iglesias que habían tenido más “afinidad” política con el régimen militar, de esta forma, los militares encontraban apoyo en otras confesiones cristianas distintas a la Iglesia católica, la que desde muy temprano había cuestionado al régimen, particularmente por la idea de los derechos humanos.

En otras palabras, las iglesias evangélicas de Chile estaban divididas en su apruebo y desapruebo ante el régimen militar, una tensión entre fe y política.

Según la revista Estandarte de la Verdad (Noviembre 1975) del Consejo de Pastores, este último estaba compuesto por pastores y representantes de 24 iglesias evangélicas. En otras palabras, las iglesias evangélicas de Chile estaban divididas en su apruebo y desapruebo ante el régimen militar, una tensión entre fe y política.

En tercer lugar, a 40 años de la “Carta Abierta de Pastores Evangélicos al General Augusto Pinochet” (1986-2026) resulta significativo reflexionar sobre estos acápites: (a) los vínculos entre religión y política, (b) la importancia de las iglesias protestantes y evangélicas de Chile en la historia nacional y (c) los desafíos que albergan estas comunidades de fe sobre el espacio público en términos sociales, políticos y religiosos.

Por consecuencia, debemos aceptar que la religión cristiana siempre ha sido un componente atractivo para el poder; la idea de religión y política puede ser causal de sutura histórica, o bien, una especie de radie ideológico que se distancia de la tensión ciudadana.

A su vez, en lo que respecta a importancia y valor de estas iglesias en Chile, podemos afirmar que efectivamente han tenido una posición política; ese viejo cuento del lobo que aquellas resultan ser “apolíticas” es una mera utopía de la realidad.

Por tanto, los desafíos que albergan estas comunidades de fe (protestantes y evangélicas) a 40 años de la “Carta Abierta de Pastores al General Augusto Pinochet”, indudablemente están sujetos al diálogo teológico, político e histórico de Chile. Desde aquí surgen las siguientes preguntas frente a la reflexión final.

¿Cuál fue la motivación de algunas iglesias protestantes y evangélicas de nuestro país para tomar distancia ante la Carta Abierta de Pastores Evangélicos al General Augusto Pinochet en 1986?

Si hubiese nuevamente un golpe de Estado en Chile, ¿que posición política tomarían las iglesias protestantes y evangélicas en esa realidad?

¿Será que la motivación del Comité de Pastores estuvo marcada por una idea de teología política a rajatabla en Chile?

¿Qué implicancias sociales y eclesiásticas conlleva tomar una posición política por parte de una iglesia ante un golpe de Estado?

¿En la actualidad las iglesias hacen proselitismo político desde el pulpito tras el golpe de Estado vivido en Chile?

Tal vez, estamos frente a una memoria histórica no resuelta, con espasmos de diálogo cívico y con una tradición cristiana (iglesias protestantes y evangélicas) que prefieren cerrar un capítulo sin suturar su división y argumentos del pasado; la iglesia está para responder necesidades sociales, valóricas y espirituales, no para hacer proselitismo político venga de donde venga (más allá de tener una posición política), de lo contrario, ahogamos la participación pública del fenómeno religioso en pro de un guiño ideológico; siempre será algo condenable.

Por Benjamín Escobedo Araneda

Secretario Ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile. Columnista – Escritor – Docente. Investigador de Monte Alto Editorial (Colombia). Investigador de Ediciones Escaparate (Chile). Estudios de Doctorado en Historia. Licenciado en Historia – Licenciado en Teología. En Instagram

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Septiembre 3, 2026 • 55 min atrás por: ElCiudadano.cl 30 visitas 2441078

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