Miguel Martín Alonso
Almería, 17 jul (EFE).- Salvamento Marítimo, en un simulacro en el mar de Alborán, ha puesto a prueba la capacidad de rescate coordinado entre la nueva embarcación Salvamar Carina y el helicóptero Helimer 221, un ejercicio que se ha saldado con tres asistencias en pocos minutos y que coincide con las advertencias sobre el exceso de confianza en el mar y el incremento de las imprudencias relacionadas con motos de agua.
El operativo, frente a la costa de Almería y al que ha asistido EFE, comenzó a primera hora de la mañana con la salida de la embarcación desde el puerto almeriense. Apenas una hora después de zarpar, la tripulación avistó su primer objetivo en mar abierto: una moto de agua a la deriva ocupada por dos voluntarios de Cruz Roja.
La respuesta fue fulminante. En menos de dos minutos, los efectivos lanzaron un cabo, aproximaron la embarcación y alzaron a los tripulantes a la cubierta, dejando la moto náutica asegurada para su remolque.
La tensión de la maniobra escaló de inmediato con un segundo supuesto táctico: uno de los rescatados requería evacuación médica urgente. Sobre la vertical de la Salvamar Carina irrumpió entonces el helicóptero Helimer 221.
Soportando la intensa fuerza del viento generada por el rotor, la aeronave descolgó a uno de sus rescatadores junto a una cesta en la que se aseguró a un maniquí que simulaba ser el paciente crítico. Tras izarlo con precisión, el helicóptero puso rumbo al aeropuerto de Almería, completando una de las maniobras de mayor exigencia técnica en alta mar.
Durante el trayecto de regreso, la alerta saltó de nuevo con el avistamiento de unos bañistas supuestamente atrapados en una tabla de 'paddle surf', incapaces de volver a la orilla por sus propios medios.
El Helimer 221 reapareció para marcar la posición exacta lanzando un bote de humo sobre el agua. Guiada por esa señal visual, la Carina culminó la extracción y regresó a su base atracando con tres rescatados a bordo.
Detrás de la agilidad de estos rescates hay una fuerte inversión tecnológica. La Salvamar Carina, que ha tomado el relevo de la histórica Spica es una embarcación de aluminio de 21,50 metros de eslora que ha costado 2,5 millones de euros.
Propulsada por dos motores de 1.400 caballos, cuenta con un sistema de posicionamiento dinámico, sonda de barrido lateral en 3D, cámaras térmicas para rastreos nocturnos y conexión satelital Starlink, y tiene una autonomía operativa de 400 millas náuticas.
Sin embargo, la tecnología es solo la punta de lanza de una maquinaria invisible. En el Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) de Almería, el equipo liderado por Manuel Barroso vigila un área de unos 26.000 kilómetros cuadrados que abarca desde la costa granadina de Almuñécar hasta Villaricos, incluyendo la zona de Melilla.
Desde allí, apoyados en el sistema de identificación automática de buques (AIS) y en coordinación con países vecinos como Marruecos o Argelia, se trazan los complejos patrones de búsqueda calculando la deriva ocasionada por el viento y las corrientes.
Es precisamente en esa sala de control y en el puente de mando de las embarcaciones donde chocan a diario la profesionalidad del operativo y la temeridad de los usuarios.
Máximo Suárez, patrón de la Salvamar Carina, es rotundo al desmontar uno de los grandes mitos de la navegación de recreo: la falsa seguridad del teléfono móvil.
"A partir de cuatro o cinco millas se pierde la cobertura", advirerte Suárez durante la navegación. Además, la humedad del rocío marino a menudo bloquea las pantallas táctiles, inutilizando el dispositivo antes incluso de poder enviar un mensaje con la posición.
Esta imprudencia generalizada es el principal caballo de batalla del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible en su campaña de seguridad náutica de este verano.
Bajo el lema 'En la moto náutica, sensatez', la Dirección General de la Marina Mercante intenta combatir unas cifras preocupantes: solo en 2025, el número de emergencias vinculadas a estas embarcaciones creció más de un 11 % y sus usuarios concentraron el 20 % de las sanciones graves tramitadas en el mar.
Salvamento Marítimo lidia cada temporada con el exceso de confianza de navegantes experimentados y con el pánico de bañistas desorientados, además de enfrentarse a multitud de falsas alertas originadas por ilusiones ópticas como boyas o luces mercantes.
El simulacro ha demostrado que el dispositivo está perfectamente engrasado para actuar en cuestión de minutos, pero el mensaje de los profesionales sigue siendo unánime: la principal herramienta de supervivencia no tiene motor ni tecnología, reside únicamente en la sensatez. EFE
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