Isabel Laguna
Tarifa (Cádiz), 23 jul (EFE).- A sus 94 y 73 años, Curra y Benito han pasado de ser hermanos a ser oficialmente madre e hijo, un estado que ha reconocido ahora un juzgado y que pone fin a una historia de silencio y sufrimiento que demuestra que cualquier tiempo pasado no fue siempre, ni mucho menos, mejor.
"Estamos muy contentos. Ella quería tener los papeles de que yo era su niño pequeño. Va a ser beneficioso para los dos", cuenta, en una entrevista telefónica con EFE, Benito desde Tarifa (Cádiz), donde ambos residen.
La historia de silencio que ha marcado sus vidas comenzó el 3 de abril de 1953. Ese fue el día que Benito nació y fue inscrito en el Registro Civil de Tarifa como hijo de quienes, en realidad, eran sus abuelos maternos.
Su madre era entonces "una mujer joven, soltera y sin recursos propios" que se había quedado embarazada tras tener una relación sentimental esporádica con un hombre del que nunca más volvió a tener noticias, según relata la demanda que interpuso en su nombre en la Sección Civil de los tribunales de instancia de Algeciras (Cádiz) el despacho de abogados de Jesús Odériz.
"Ante el temor del que dirán, las estrictas costumbres sociales de la época y la posible marginación social por haber quedado embarazada fuera del matrimonio, sus padres decidieron ocultar el embarazo de su hija, manteniéndola recluida en su domicilio durante toda la gestación y evitando cualquier contacto con el exterior", explica la demanda.
Tras el parto y su inscripción en el registro, Benito pasó a ser oficialmente hijo de sus abuelos y hermano de su verdadera madre, "perpetuándose desde ese momento una ficción jurídica y familiar".
Curra "aceptó el silencio impuesto, asumiendo con dolor que no podría reconocer públicamente a su hijo", y se limitó durante años a estar presente en la vida de Benito "en el rol que le fue asignado".
"En aquella época las cosas eran así. Siempre sospeché que era mi madre porque eso tira, tenía una forma de comportarse conmigo, siempre trataba de verme, me hacía regalos cuando podía, era mi hermana especial", recuerda ahora Benito, que explica que en aquella época "los niños no podíamos decir lo que sentíamos".
Aunque nunca se le informó de forma expresa, cuando tenía unos 14 años comenzó a intuir con más fuerza que Curra era algo más que su hermana.
Durante un tiempo no dijo nada: "Era como un tabú, había algo que me lo impedía, por si le molestaba".
Cuando Curra se fue a vivir a Ceuta, se casó y tuvo más hijos, se llevó allí a Benito, que vivía entre las casas de sus supuestos padres en Tarifa y la de su supuesta hermana.
"Ella poco a poco me dijo", cuenta Benito.
Con el tiempo, la situación se ha ido aclarando en su entorno, pero oficialmente seguían siendo hermanos.
"Mi madre estaba sufriendo con eso", dice. El verano pasado lo comentó y decidieron pedir el reconocimiento para que la mujer no muriera con esa "pena".
Recurrieron a un abogado, se hicieron una prueba de ADN que confirmó la relación y han logrado que un juzgado reconozca a Benito como hijo biológico de Curra e inste a hacer la rectificación en el Registro Civil.
La verificación "ha supuesto una profunda reparación emocional para ambos" y "el cierre de una herida" provocada por "las convenciones sociales de la época y el miedo a la deshonra familiar", afirma la demanda.
A Benito le daba reparo que el juez pensara que hacía esta reclamación por el interés de alguna herencia: "Mi madre es una mujer muy humilde, sus hijos la ayudamos", explica, ya con la tranquilidad de que el juez ha respaldado su petición y contento de que, por ejemplo, para sus dos hijos Curra ya no sea una tía, si no su abuela.
"No nos damos cuenta de lo que la sociedad ha cambiado. Yo ahora conozco a chavalas que tienen un hijo en la situación de mi madre y lo llevan a gala, no tienen que esconderse. Antes no era así, la mujer no tenía ningún derecho". EFE
completa toda los campos para contáctarnos