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A un año del término del gobierno de Boric: sus grandes tareas pendientes

A un año del término del gobierno de Boric: sus grandes tareas pendientes

El Gobierno del presidente Gabriel Boric comenzó una cuenta regresiva el pasado 11 de marzo, cuando cumplió tres años, y ya queda uno de gestión por delante antes del próximo cambio de mando.

Aún cuando el futuro Presidente o Presidenta sigue siendo una incógnita, con unas primarias que todavía no están definidas del todo, el Ejecutivo debe seguir adelante con su programa, el cual se ha visto afectado desde su llegada a la Moneda en 2022.

Frente a un análisis de lo logrado hasta la fecha, podemos considerar como punto de partida la investigación de “Del dicho al hecho”, un estudio elaborado por la Fundación Ciudadanía Inteligente, que analizó el porcentaje cumplido del programa presidencial.

A dos años de la Ley de las 40 horas, la normativa se ha convertido en uno de los hitos principales de la administración del Presidente Boric.

Las cifras arrojan que se ha logrado cumplir un 38% de los compromisos, y de 216 promesas legislativas, solo 45 tienen un 100% de cumplimiento. Dentro de los logros más destacados estan hitos como el royalty a la gran minería del cobre, el pago de pensiones alimenticias adeudadas, la Ley Integral de Violencia de Género o el Impulsar la jornada laboral de 40 horas.

Las deudas pendientes

Hay tres áreas en las que este gobierno, según el informe “Del dicho al hecho”, no ha podido avanzar: Pueblos Indígenas (4 promesas), Democracia (5), Defensa (7) y Cultura (3).

Roberto Munita, director de la carrera de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello, es riguroso al mirar el programa con el que el Presidente Boric arribó al poder.

“Su gestión ha ido muy distanciada de lo que eran las promesas”, señala, al explicar que un número importante de las propuestas precisaban de “la aprobación de una nueva constitución”, en referencia al primer plebiscito de octubre de 2022.

Lo cierto es que Boric ha enfrentado su mandato con minoría parlamentaria en ambas cámaras del Congreso, lo que ha obligado al Ejecutivo a negociar constantemente con la oposición, que está compuesta principalmente por Chile Vamos (UDI, RN y Evópoli) y el Partido Republicano, dificultando la aprobación de reformas clave del gobierno.

El trabajo con los pueblos indígenas es una de las tareas pendientes de esta gestión.

Por ello, el Mandatario ha sabido adaptarse y dialogar con quienes piensan distinto, como lo ha hecho en otras ocasiones durante su carrera política.

“Como reconoció el propio Presidente, “otra cosa es con guitarra’”. Para Munita, esto refleja que el oficialismo ha aprendido lo que significa gobernar sin mayoría en el Congreso. “Es distinto el querer ser del deber ser”, añade.

En este contexto, Munita destaca que “una de las mayores deudas pendientes es la modernización del Estado”. A pesar de la existencia de proyectos transversales, como la Ley de Transparencia 2.0, la reforma del financiamiento municipal, la gestión de dotación municipal o el proyecto de Cargos de planta por concurso, que no han avanzado con la velocidad esperada.

En el ámbito cultural y de relación con los pueblos indígenas, Boric también ha mostrado una distancia con lo que prometió en campaña. Su discurso inicial, que incluía saludos en idiomas originarios la noche de su triunfo, contrasta con las dificultades para avanzar en diálogo y políticas efectivas para estos sectores, mientras la Comisión de Paz y Entendimiento está pronta a terminar sus labores.

El factor seguridad

El profesor universitario toma en cuenta una reciente entrevista que dio Lucía Dammert, exjefa de asesores del Segundo Piso, en El Mercurio, donde expresó que “en temas de seguridad e inmigración se ha hecho una agenda bastante más centrista, derechista, si se quiere”.

Declaraciones que marcan otro punto del trabajo, al ser la seguridad “algo que no está planificado y que no se esperaba de un gobierno de izquierda”, señala el académico. Munita lo define como un cambio en 180 grados, sobre todo porque desde el inicio de su mandato, ha tenido que enfrentar esta contradicción de abordar esta área como uno de sus ejes principales.

A pesar de que en campaña su discurso estaba más orientado a los derechos sociales, podemos ver los cambios en el Estado de excepción en la Macrozona Sur, renovado constantemente desde mayo de 2022, el aumento del presupuesto para Carabineros y la PDI, o su agenda legislativa, con leyes polémicas como la “Ley Nain-Retamal”, que refuerza la protección a las fuerzas de orden. Roberto Munita plantea que este viraje ha sido impulsado “por la necesidad más que por una transformación ideológica profunda”.

Leyes como la Nain Retamal, que busca proteger a la fuerzas de orden,  se han mpulsado “por la necesidad más que por una transformación ideológica profunda”, apunta Roberto Munita.

“Todos los últimos gobiernos han realizado acciones en la materia con distintos énfasis”, analiza. Más allá de cifras discutibles, lo que sí queda claro es que este giro no ha sido del todo capitalizado en las encuestas, donde el Mandatario mantiene un 30% de aprobación.

El problema, según Munita, es la percepción de los electores: “el 70% que no lo aprueba teme que, una vez que Boric deje La Moneda, vuelva a adoptar posturas más críticas hacia la seguridad”, relata ante sospechas que impiden que sectores de la oposición y la ciudadanía le reconozcan completamente los avances en esta materia.

Cómo navegar el último año

Volviendo a las cifras otorgadas por “Del dicho al hecho”, el cumplimiento de promesas de los últimos gobiernos en Chile al tercer año tienen cifras similares. Bachelet II es la que cuenta con mayor porcentaje, con un 47% de avance general en sus propuestas, mientras que Piñera I y Piñera II tuvieron 37%, muy similar al del actual mandatario.

Ante cómo navegar el último año de trabajo, Roberto Munita considera que los últimos años de gobierno siempre son difíciles por varias razones.

Aquí menciona el famoso síndrome del pato cojo, en metáfora de que un gobierno en su período final tiene trabas para avanzar como antes, dado que “los ojos están puestos en la continuación o en el reemplazo”.

El mismo hecho de haber elecciones tanto en el Congreso como en el Gobierno hace que, a ojos de Munita, sea mucho más difícil pasar grandes propuestas por el congreso.

“En general, los años de elecciones son para pequeñas reformas”, comparte, indicando que el consenso entre gobierno y oposición será vital para que no terminen en “letra muerta”. Así, reformas pendientes como la tributaria o al sistema político, las ve lejanas, sobre todo cuando considera que son proyectos que debieran haber sido aprobados durante los primeros años de gobierno.

En materia económica, Boric ha enfrentado un desafío complejo: reactivar el crecimiento en un contexto de crisis internacional. La actividad económica mostró un leve aumento del 2%, pero las percepciones de la población siguen siendo críticas.

Munita sostiene que “Boric tiene un liderazgo internacional que podría potenciar más en su último año de gobierno”, pensando en viajes como la visita oficial que actualmente realiza por India, o acuerdos recientes con Arabia Saudita y China, muestran una estrategia diplomática enfocada en atraer inversión extranjera. Sin embargo, Munita advierte que “el gobierno ha sido reticente en apoyar acuerdos como el TPP-11, lo que ha generado incoherencias en su política económica”.

Legado presidencial

Históricamente, los Presidentes chilenos experimentan un alza en su popularidad durante el último año de gobierno. “Los últimos años tienden a ser momentos de legado, donde la oposición deja de hacer una crítica frontal y la opinión pública responde positivamente a ello”, explica Munita, tomando en cuenta que al concluir sus primeros mandatos, tanto Sebastián Piñera como Michelle Bachelet registraron altos niveles de aprobación, con una aprobación del 50% para el fallecido Mandatario, según Adimark, mientras Bachelet cerró su primer mandato (2006-2010) con un 84% de aprobación, de acuerdo con una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).

Números que contrastan con los segundos periodos, donde Piñera concluyó su gobierno en marzo de 2022 con un 24% de aprobación y un 71% de desaprobación. Por su parte, Bachelet terminó su segundo mandato en marzo de 2018 con un 23% de aprobación, de acuerdo con la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).

Sebastián Piñera terminó su primer período con un 50% de aprobación, mientras que su segundo gobierno concluyó con un 24% de aprobación y un 71% de desaprobación.

En este sentido, el gran cierre de Boric podría haber sido la reforma previsional, aprobada a comienzos de 2025 tras meses de negociación. No obstante, Munita descarta que en los meses restantes se concrete una reforma de gran envergadura: “No hay margen para grandes acuerdos a tan pocos meses de la elección”.

El desafío del gobierno ahora es consolidar su legado y definir cómo capitalizar los últimos avances. Sin una reforma emblemática en el horizonte, la estrategia de Boric parece orientarse a cerrar su mandato con estabilidad y una narrativa de responsabilidad política frente a los desafíos del país.

Fuente

LaTercera.com

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