Cuando a una madre le dicen que su hijo o hija tiene anorexia, bulimia u otro trastorno de la conducta alimentaria (TCA), la culpa suele aparecer primero. Pero lejos de ser una causa única, estos trastornos son complejos y multifactoriales. El desafío no es quedarse ahí, sino aprender a acompañar desde otro lugar.
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