La cueva de Denisova, enclavada en los fríos montes Altai de Siberia, sigue siendo uno de los mayores tesoros para la paleontropología mundial, puesto que aglutina una gran cantidad de muestras que enriquecen nuestra historia. Uno de los últimos descubrimientos apunta a cómo se organizaban y vivían las poblaciones neandertales en esta remota región asiática. Algo que han hecho a partir del genoma de un hombre neandertal de hace 110.000 años.
Cómo se hizo. El protagonista de esta nueva investigación publicada en PNAS es un fragmento óseo bautizado como D17 que se encontró en estos montes asiáticos. Pero ante los estudios previos, este equipo ha conseguido afinar mucho en la precisión de la secuenciación, logrando una asombrosa cobertura de 37 veces.
Esto en genómica significa que cada "letra" de su ADN ha sido leída 37 veces, garantizando que el genoma que estamos viendo es extraordinariamente preciso y no está plagado de los errores de degradación típicos en muestras tan antiguas.
El resultado. Al comparar el genoma de D17 con otros fósiles, los científicos se encontraron con una sorpresa, puesto que este individuo estaba directamente emparentado con otro neandertal de la misma cueva, conocido como D5, que vivió hace unos 120.000 años. A pesar de estar separados por 10.000 años de historia, ambos compartían un vínculo genético estrecho.
Esto nos dice algo fundamental sobre la cueva de Denisova, ya que no era un asentamiento fijo o una "ciudad" neandertal permanente. Más bien, actuaba como un campamento base recurrente o un refugio histórico al que grupos estrechamente emparentados volvían de generación en generación, manteniendo una inusual estabilidad genética regional.
La endogamia. Quizás lo más importante en este estudio son las pruebas acerca de cómo se estructuraba la población. Aquí el genoma de D17 muestra las cicatrices genéticas de vivir en un mundo muy vacío, ya que las poblaciones neandertales eran minúsculas e increíblemente dispersas. Y no es para menos porque hablamos de grupos de 50 individuos.
Esta falta de otros grupos cercanos con los que reproducirse obligó a los neandertales de Altai a cruzarse entre parientes cercanos durante milenios. El problema de todo esto es que, al ser poblaciones tan pequeñas, los cambios genéticos se fijaban rápidamente, separándolos evolutivamente de otras poblaciones neandertales de Europa de forma acelerada.
Un cruce de caminos. Si empezábamos este artículo mencionando a la cueva de Denisova, lógicamente hay que hablar también de los denisovanos, que es la otra especie humana extinta descubierta allí. Aquí el nuevo análisis genómico de D17 también confirma el flujo génico con esta especie misteriosa.
Tanto en el genoma de D17 como en el de D5 más antiguo, los científicos han encontrado huellas genéticas innegables de cruces con los denisovanos. Esto dibuja la cueva de Denisova no solo como un refugio recurrente para linajes neandertales aislados, sino como un verdadero crisol prehistórico, un cruce de caminos donde dos especies humanas se encontraron, interactuaron y dejaron un legado genético que hoy, a través de la tecnología más puntera, estamos logrando descifrar.
Imágenes | freepik
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La noticia
Aislados, endogámicos y en grupos de 50: el genoma de un neandertal siberiano revela cómo vivían al borde del abismo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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