El Ciudadano
En los últimos seis meses, los nocivos impactos del modelo de ajuste implementado por el gobierno de Javier Milei en Argentina se ha visto reflejado en la cotidianidad de los hogares argentinos donde más de la mitad se han visto forzados a recurrir al crédito para poder afrontar gastos básicos como comida, servicios, alquileres y el pago de tarjetas a las instituciones bancarias.
Según datos relevados por distintas consultoras y organismos de medición, el 56,4% de las familias de la nación austral pagó estos gastos esenciales con dinero prestado en los últimos seis meses.
El cuadro de esta situación queda en evidencia tras conocerse que en enero de este año, 2.663.953 personas entraron en mora, con un atraso de tres meses o más en el sistema financiero. Esta cifra, que marcó un pico en el primer mes de 2026, muestra una tendencia ascendente en la que la capacidad de pago de los deudores se erosiona al mismo ritmo que los ingresos pierden valor.
El alarmante diagnóstico sobre la situación de los hogares fue desglosado en un informe de la consultora Zentrix, el cual revela que la mayoría no logra que sus ingresos alcancen para cubrir las necesidades mensuales básicas.
En términos concretos, casi seis de cada diez familias tomaron deuda para gastos cotidianos, y dentro de ese universo, casi nueve de cada diez ya presentan dificultades para pagarla.
El estudio titulado «Monitor de Opinión Pública (MOP)» profundizó en esta caracterización al señalar que el crédito, lejos de estar asociado a decisiones de inversión o expansión del consumo, se orientó mayoritariamente a cubrir gastos básicos.
El informe consignado por Página/12 contextualiza este comportamiento dejando en claro que “lejos de estar asociado a decisiones de inversión, el crédito se orientó mayormente a cubrir gastos básicos, en un contexto donde el 83,9 por ciento afirmó que su salario no le gana a la inflación y más de la mitad de la población no logra llegar al día 20 de cada mes”.
Los principales usos de estos préstamos, tanto formales como informales, están concentrados en gastos cotidianos, pago de tarjetas de crédito y cancelación de otras deudas preexistentes. Este último punto dibuja un circuito vicioso: se toma deuda nueva para pagar la vieja, mientras el capital disponible para alimentos y servicios se reduce. En este sentido, la consultora Zentrix advirtió sobre un cambio de paradigma en la función de la deuda dentro de la economía doméstica.
“El fenómeno describe un cambio en la función de la deuda: deja de ser una herramienta financiera y pasa a convertirse en un mecanismo de subsistencia”, advirtió la consultora en su informe.
El mecanismo de ajuste a nivel de los hogares se articula, según el análisis de Zentrix, en cuatro etapas consecutivas que explican la progresión de la crisis.
La primera se refiere a la caída del poder adquisitivo, producto de una inflación que no es compensada por los aumentos salariales. La segunda se basa en la dificultad creciente para sostener el consumo mensual básico. La tercera etapa es el recurso al endeudamiento para cubrir esa brecha entre ingresos y gastos. Finalmente, la cuarta está vinculada con la creciente incapacidad para cumplir con esas obligaciones financieras, que deriva en la mora y el deterioro del historial crediticio de las familias.
En paralelo al deterioro de los ingresos y al crecimiento del endeudamiento forzoso, el estudio de opinión registró un fenómeno que agrega una capa de complejidad a la relación entre la sociedad y la gestión económica de la administración de Milei: la desconfianza en las estadísticas oficiales.
Según los datos recabados, el 65,8 por ciento de la población considera que los datos de inflación publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC— organismo público que opera dentro de la órbita del Ministerio de Economía—no reflejan la realidad de sus gastos diarios.
Esta percepción no se limita a una discusión técnica sobre metodologías de medición, sino que toca un nervio sensible en la credibilidad del gobierno del denominado «libertario». La brecha entre el número oficial y la experiencia cotidiana de los hogares se ha ensanchado en un contexto donde los precios de los alimentos y los servicios públicos han mostrado una dinámica propia, muchas veces superior a los promedios informados por el organismo estadístico.
“No se trata solo de una discusión técnica sobre índices, sino de una brecha cada vez más visible entre el número oficial y la economía vivida en los hogares”, precisó el Monitor de Opinión Pública, haciendo referencia directa a la desconfianza que genera el efecto de la inflación en los ingresos.
El informe también profundiza en las consecuencias de esta desconexión entre la estadística y la percepción ciudadana, argumentando que cuando el salario pierde capacidad de compra y más de la mitad de la población no llega al día 20 del mes, la credibilidad del dato se erosiona no solo por lo que mide, sino por lo que deja de corregir en la práctica cotidiana. A esto se suman las sospechas de injerencia política sobre las estadísticas públicas y la percepción de que las canastas o ponderaciones utilizadas para el cálculo no representan con precisión el consumo real de los hogares.
“Si el salario pierde capacidad de compra y más de la mitad de la población no llega al día 20 del mes, la credibilidad del dato se erosiona, no sólo por lo que mide, sino por lo que deja de corregir en la práctica cotidiana”, señaló la consultora en su análisis.
Un estudio del Instituto Argentina Grande (IAG) aportó datos precisos sobre la composición de la mora y reveló una característica central: las deudas que están en situación de irregularidad son, abrumadoramente, deudas pequeñas.
según el informe, el 50 por ciento de las personas que se encuentran en situación de irregularidad de pagos —es decir, que llevan más de tres meses de atraso en el cumplimiento de sus obligaciones— adeudan 484.295 pesos (argentinos) o menos. Este dato desmiente la idea de que la mora está concentrada en grandes deudores o en operaciones de alto riesgo; por el contrario, muestra que son los hogares con menores ingresos los que caen en la mora por montos relativamente bajos, pero imposibles de afrontar en el contexto de ingresos estancados.
“Las deudas que están en irregularidad de pagos son, sobre todo, deudas pequeñas. De todas formas, cabe señalar que el monto viene subiendo en los últimos meses, lo que implica que estas deudas no pagas pesan, cada vez más, sobre los salarios de los trabajadores que, a diferencia de las deudas y las tasas de interés, no vienen creciendo por encima de la inflación”, detalló el estudio del Instituto Argentina Grande.
La cantidad de deudores en situación de irregularidad alcanzó un pico en enero de 2026, con una cifra que representa un aumento del 79 por ciento interanual. Esto se traduce en 1.181.718 personas más que en enero de 2025 que pasaron a engrosar las filas de la mora. Pero el fenómeno no se explica únicamente por un aumento en la cantidad total de deudores. Lo que preocupa a los analistas es la aceleración en la proporción de morosos dentro del universo total de deudores.
“La cantidad de deudores totales no viene creciendo al mismo ritmo que la cantidad de deudores en una situación de pagos irregular, por eso las personas morosas representan cada vez una porción más grande del total de deudores: en enero de 2026 eran el 17 por ciento del total de deudores, en enero de 2025 eran el 10 por ciento del total”, destacaron desde la entidad. Este dato confirma que no solo crece la mora, sino que se profundiza la incapacidad estructural de los hogares para sostener cualquier tipo de compromiso financiero.
En este contexto de deterioro del poder adquisitivo, crecimiento del endeudamiento forzoso y desconfianza en las estadísticas oficiales, el mal desempeño del manejo económico comenzó a pasar factura a la imagen del gobierno de Javier Milei.
Los números de popularidad del ultraderechista se han hundido tal y como reveló el más reciente reporte de Zentrix, el cual planteó que en marzo la desaprobación de la gestión del ultraderechista alcanzó el 53,3 por ciento, lo que representa un salto de 8,3 puntos porcentuales respecto de la medición anterior.
En paralelo, la aprobación del «libertario» cayó al 38,5 por ciento, consolidando un escenario de valoraciones críticas predominante. Esta merma continuada no es casual, sino que responde a un proceso de erosión de la tolerancia social frente al ajuste neoliberal aplicado por Milei y sus ministros.
El reporte de la consultora expuso que esa “tolerancia social” se está reduciendo a medida que el ajuste deja de ser una proyección macroeconómica —un concepto abstracto vinculado al déficit fiscal o a las reservas del Banco Central— y pasa a sentirse directamente en el bolsillo de los hogares, reportó Página/12.
La convergencia entre la mala situación personal y la evaluación negativa del rumbo del país ha consolidado un escenario crítico para la gestión presidencial.
El informe de Zentrix concluye que la percepción ciudadana ya no distingue entre los objetivos macro del gobierno y las consecuencias microeconómicas en la vida cotidiana. Para una mayoría de los argentinos, el ajuste ya no es una promesa de estabilidad futura, sino una realidad presente que se expresa en la dificultad para llenar el carrito del supermercado, pagar las tarjetas a fin de mes y evitar caer en una mora que crece sin techo.
La entrada Ajuste de Milei pasa la cuenta: mayoría de hogares se endeuda para comer y pagar cuentas se publicó primero en El Ciudadano.
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