Mérida, 14 ago (EFE).- El actor Alejandro Albarracín (Jerez de la Frontera, 1982), con una amplia trayectoria en cine, televisión y teatro, ha valorado este último arte como una valiosa herramienta para hacer que "la gente piense" y se haga "preguntas" que le lleven a sacar sus propias conclusiones acerca de las historias que se tejen sobre las tablas.
El intérprete, un popular rostro televisivo del que destacan sus papeles en producciones como 'Los Hombres de Paco', 'Gavilanes' o más recientemente 'Élite' y 'Sueños de libertad', reflexiona en una entrevista con EFE sobre la capacidad del teatro para fomentar el espíritu crítico con motivo de su presencia en el Festival de Mérida.
Participa en la obra 'Fedra, en los infiernos', donde da vida a Teseo, el legendario rey de Atenas, guerrero y marido de Fedra, que encarna Lydia Bosch. Un montaje en el que -ha dicho- "el público tiene un papel muy importante porque es el que juzga".
"Verán a Fedra y dirán: oye no puede hacer esto, qué barbaridad; y otros la defenderán... pero es lo bonito que salgan y que discutan y que tengan su propia opinión, que se hagan sus propias preguntas", ha insistido.
Por ello, plantea que el público pueda "ponerse en su lugar" y cuestionarse: "¿Si a mí me dieran una segunda oportunidad igual que se la han dado a Fedra para volver a vivir y volver a hacer las cosas quizás de una manera diferente, las haría diferentes al conocer ya las consecuencias o hay cosas que no se pueden evitar?".
No es la primera vez que se sube a un escenario ('Tartufo' y 'Los desvaríos del veraneo'), tampoco al Teatro Romano, donde ya interpretó a Telémaco en 'Ítaca' y adonde regresa ahora con el mismo respeto y con el aprendizaje que dan los años.
Durante su carrera, ha aprendido a abrazar el fallo "sobre todo al ser un buen espectador", pues "el público es consciente de donde está" y si pasa cualquier cosa, "está contigo", así como a dar siempre "el cien por ciento".
"Vamos a intentar que viajen con nosotros", ha recalcado refiriéndose a los espectadores, para añadir que "hay que darle a la gente verdad, pasión, hacerles viajar y para eso no hace falta ser perfecto, hay que ser real".
Su experiencia en distintos formatos y registros le ha hecho crecer como un actor versátil que se nutre de todas las vertientes: "lo que aprendes en teatro te viene bien luego para el audiovisual y al contrario".
En esta ocasión, "la expresividad", la proyección del "cuerpo, la voz o las emociones", "no es la misma en teatro, y más en Mérida, que en algo audiovisual", donde también resalta su participación en la película 'Mi querida cofradía' o en el cortometraje 'Masculino_32'.
La democratización de la cultura
Para Albarracín, "la cultura es todo, es relacionarte con las demás personas", pues "nos rodeamos" de esta y en cierta manera nos convertimos en ella "sin quererlo", tras lo que ha sostenido que "sin cultura no habría vida, seríamos insectos".
Ha insistido en la importancia de que las nuevas generaciones consuman cultura, lean, acudan al cine o al teatro, pues cree que en parte se está perdiendo aunque mantiene la esperanza de que "con el tiempo se irán dando cuenta de que eso te nutre como persona" y como sociedad.
Del mismo modo que ha abogado por que llegue a todos los rincones, pueblos y ciudades que "no son tan grandes", pues "todo el mundo tiene derecho a acceder a ella", y porque de ahí "también nacen muchas personas que luego van a ser los que nos nutran con su obra". EFE
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