Durante gran parte de la Guerra Fría, Europa asumió que su papel industrial en defensa era secundario frente al músculo estadounidense, y que la producción masiva de munición quedaba al otro lado del Atlántico. Ocho décadas después, esa lógica empieza a invertirse: no porque el continente esté plenamente rearmado, sino porque una sola empresa europea ya es capaz de fabricar más balas en un año que toda la industria militar de Estados Unidos.
El detonante geopolítico. El giro de la política estadounidense bajo el mando de Trump, con insinuaciones tan extremas como la posible anexión de Groenlandia y una presión creciente para que Europa asuma su propia defensa, ha reabierto una pregunta que durante décadas parecía innecesaria: si el continente sería capaz de armarse y defenderse sin Estados Unidos.
La respuesta de analistas y responsables políticos es afirmativa, pero con matices importantes, porque sustituir el paraguas militar estadounidense (desde personal hasta equipos y capacidades críticas) tendría un coste estimado de alrededor de un billón de dólares y exigiría años de transformación industrial y estratégica.
El despertar. Recordaba un dato el Wall Street Journal que contamos hace poco: tras décadas de infrafinanciación y fragmentación, la industria europea de defensa vive su mayor aceleración desde la Guerra Fría, impulsada por la guerra en Ucrania y por un aumento masivo del gasto militar.
La producción de drones, munición, blindados y sistemas terrestres se ha disparado, con nuevas empresas surgiendo en tiempo récord y con grandes grupos ampliando fábricas y plantillas, apoyados por un entorno político y financiero que hace apenas cinco años habría sido impensable. Este rearme ha convertido a Europa en un actor industrial mucho más dinámico, aunque aún desigual según sectores.
El dinero cambia el equilibrio. Otro dato: Europa gastó en torno a 560.000 millones de dólares en defensa el último año, el doble que hace una década, y se encamina a que su inversión en equipamiento alcance en 2035 cerca del 80% de la del Pentágono, cuando en 2019 no llegaba al 30%.
Este cambio no solo acerca la autonomía operativa, sino que amenaza con reducir el peso de los fabricantes estadounidenses en un mercado que hoy aporta hasta un 10% de sus ingresos, alimentando un lento pero perceptible desplazamiento hacia armamento producido en el propio continente.
Rheinmetall Panther KF51
Ventajas y éxitos. En algunos ámbitos, Europa ya no solo se defiende sola, sino que supera a Estados Unidos. Empresas como Rheinmetall podrán producir pronto más munición de artillería de 155 mm que toda la industria estadounidense junta, mientras que el continente domina la fabricación de carros de combate, buques y submarinos que se exportan con éxito a todo el mundo.
Ahí aparecen nombres como el del tanque Leopard, los astilleros europeos y el auge de fabricantes de drones en países pequeños como Estonia, activos que ilustran una base industrial sólida y cada vez más competitiva.
Las grandes lagunas. Pese al progreso, persisten déficits críticos que limitan la independencia real: Europa carece, por ejemplo, de cazas furtivos propios, y depende de Estados Unidos para eso que se denomina inteligencia satelital, defensa antimisiles, computación en la nube militar y misiles de muy largo alcance.
No solo eso. Como contamos, sigue atada al mantenimiento y actualización de sistemas estadounidenses como el F-35 o los Patriot. Estos vacíos explican por qué muchos países continúan comprando armamento fuera del continente, incluso mientras declaran su intención de reforzar la autonomía estratégica.
Fragmentación, el gran freno. Más que la falta de tecnología, uno de los principales obstáculos es la dispersión política e industrial: cada país quiere su propio avión, tanque y barco, diluyendo inversiones, retrasando programas y encareciendo la producción.
Esta fragmentación ralentiza el rearme, obliga a recurrir a proveedores externos (como Corea del Sur en el caso de Polonia) y dificulta que Europa actúe como un bloque coherente capaz de responder con rapidez a una crisis mayor.
Autonomía sí, pero gradual. En resumen, los expertos coinciden en que Europa puede armarse y defenderse por sí misma, pero no de forma inmediata, sino de forma progresiva. Proyectos para misiles de largo alcance, constelaciones de satélites y una mayor integración industrial ya están en marcha, y países como Francia o el Reino Unido tratan de reducir dependencias clave.
Con todo, durante años seguirá siendo inevitable un grado significativo de apoyo estadounidense, lo que convierte esta carrera de un billón de dólares en un híbrido algo diferente a una ruptura súbita con Washington, algo más parecido a una lenta y compleja transición hacia una defensa europea más autosuficiente.
Imagen | 7th Army Training Command
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fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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