Durante años, los servicios digitales de empresas estadounidenses han disfrutado de una posición claramente dominante en Europa. Una mezcla de confianza consolidada y falta de alternativas regionales competitivas en muchos frentes ha ido ampliando de forma constante su base de usuarios, tanto particulares como empresas, al tiempo que alimentaba una lluvia de contratos millonarios procedentes también de gobiernos y administraciones públicas.
La huella de las grandes tecnológicas norteamericanas en el Viejo Continente es imposible de ignorar. Gmail, Instagram, Spotify o YouTube forman parte del día a día de millones de europeos. Del mismo modo, resulta habitual encontrar ordenadores de organismos públicos funcionando con Windows, Office o Microsoft 365, una escena tan normalizada que rara vez se cuestiona.
A esta capa visible se añade otra mucho menos evidente, pero quizá aún más estratégica: la computación en la nube. Proveedores como Azure, de Microsoft, AWS, de Amazon, o Google Cloud alojan desde servicios cotidianos hasta infraestructuras críticas. En paralelo, en el terreno de la ciberseguridad, plataformas como CrowdStrike Falcon se integran en el núcleo de sistemas sensibles utilizados por aeropuertos, aerolíneas o entidades financieras.
Sin embargo, este equilibrio empieza a mostrar grietas. La pregunta ya no es solo quién presta el servicio, sino qué ocurriría si ese socio considerado fiable dejara de serlo de forma repentina. ¿Cómo respondería Europa ante un escenario así? ¿Y, sobre todo, se está preparando para afrontarlo? Para algunos se trata de una hipótesis extrema; para otros, de un riesgo que ya no puede descartarse. Lo cierto es que el debate ha dejado de ser marginal y ha llegado a los despachos de Bruselas y de varias capitales europeas.
Tal y como recoge The Wall Street Journal, desde la reelección de Donald Trump responsables de sectores estratégicos en Europa están presionando a los grandes proveedores estadounidenses de servicios en la nube para que faciliten mecanismos de salida rápida. El objetivo es claro: poder trasladar sistemas y datos a centros locales o a proveedores europeos en caso de necesidad.
¿Y qué se considera una situación de emergencia? La posibilidad, remota pero no imposible, de que Estados Unidos limite o incluso suspenda el acceso a servicios y centros de datos operados por sus propias compañías. Sería un movimiento sin precedentes, con consecuencias profundas para la economía y los servicios públicos europeos. Encontrar un argumento para justificarlo resulta tan difícil como sencillo: todo puede acabar girando en torno a un concepto cada vez más presente en estos tiempos: la “seguridad nacional”.
Pese a las tensiones existentes entre Europa y Washington, todo apunta a que un escenario así sigue siendo poco probable a corto plazo. Aun así, hay un dato incontestable: la preocupación es real. En Bruselas y en varias capitales europeas ya se están dando pasos, discretos pero constantes, para reducir dependencias y ganar margen de maniobra.
Visio, la alternativa a Zoom y Teams que impulsa Francia
Francia se ha convertido en uno de los casos más ilustrativos. El Gobierno está promoviendo la retirada progresiva de soluciones de videoconferencia extraeuropeas en el sector público para sustituirlas por Visio, una alternativa “soberana” y de código abierto. El propio portal de la estrategia digital del Estado admite que, hasta ahora, los distintos departamentos han operado con un mosaico de herramientas y menciona expresamente a Microsoft Teams, Zoom y Webex.
Según la declaración oficial, esta fragmentación “debilita la seguridad de los datos, crea dependencias estratégicas de infraestructuras externas, genera costes financieros adicionales y dificulta la cooperación entre ministerios”. La respuesta pasa por una solución unificada, desarrollada por la Dirección Interministerial de lo Digital, bajo control gubernamental y basada en tecnología francesa.
Visio cuenta ya con unos 40.000 usuarios habituales y su despliegue está previsto para alcanzar a 200.000 empleados públicos. Entre los primeros organismos en adoptarla de forma generalizada durante el primer trimestre de 2026 figuran el CNRS, la Caja Nacional del Seguro de Enfermedad, la Dirección General de Finanzas Públicas y el Ministerio de las Fuerzas Armadas.
Zoom, la plataforma de videoconferencias que se popularizó durante la pandemia
El alcance del movimiento se entiende mejor con un dato concreto: el CNRS sustituirá sus licencias de Zoom por Visio a finales de marzo para sus 34.000 empleados y los 120.000 investigadores asociados a sus unidades de investigación. Las soluciones estadounidenses empiezan así a perder terreno en Francia, como ya ocurrió en otros países. Dinamarca avanza hacia LibreOffice y Múnich apostó durante años por Linux, aunque en este último caso el camino no fue lineal y acabó con un regreso parcial a Microsoft por problemas de compatibilidad.
Este tipo de estrategias, extrapolables a otros intentos de impulsar alternativas soberanas, tampoco está exento de obstáculos. Conviene recordar que el código abierto no garantiza automáticamente calidad ni ritmo de evolución. Cuando el mantenimiento, la auditoría y el desarrollo recaen en un número limitado de actores, el avance del producto puede ralentizarse. Señalar estas tensiones no invalida el enfoque, pero sí ayuda a entender su complejidad real.
Además, el debate no se limita a los servicios públicos. En un hipotético desacople de las plataformas estadounidenses, los usuarios de a pie también podrían verse afectados. Algunas personas, como nuestro compañero Jose García, han optado por iniciar un proceso de emancipación tecnológica respecto a Estados Unidos, un camino que no está exento de fricciones. Después de años moviéndonos en un ecosistema dominado por las Big Tech norteamericanas, salir de él exige tiempo, sacrificios y asumir nuevas limitaciones.
Imágenes | Gobierno de Francia | Mika Baumeister | Iyus sugiharto
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La noticia
Algo se ha roto entre Europa y EEUU: Francia dejando atrás Zoom y Teams en su administración y apunta a algo mayor
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Marquez
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