De un tiempo a esta parte, parecía que estábamos perdiendo del todo al Almodóvar de 'Volver', 'Julieta' o 'Los abrazos rotos'. Al fin y al cabo, ni 'Madres paralelas' ni 'La habitación de al lado', pese a sus innegables hallazgos, conseguían dar en el clavo de lo sentimental, y mostrando unas reivindicaciones políticas dignas de una columna de opinión de El País que, tristemente, no aportaban mucho a la trama y que nos hicieron temer lo peor: el ocaso creativo. Sin embargo, en 'Amarga Navidad', el manchego vuelve a hacer lo que mejor se le da: una autoficción tan precisa como juguetona que acaba resultando algo deslavazada de más.
Debo decir, antes de continuar, que mi película favorita de Pedro Almodóvar es 'Dolor y Gloria', la autobiografía fílmica de un director en ruinas en la que desnudó su madurez de manera sensible, preciosa y espectacular. 'Amarga Navidad' pretende continuar aquella senda, pero añadiendo un poco de socarronería solo para sus fans: cada guiño sobre los tópicos de su cine es una delicia, y la prueba de que, cuando sus detractores van, él ya está de vuelta. Al final, la película es una clase de guion tan brillante como frustrante que señala la realidad como único motor de la revolución creativa, dañe a quien dañe por el camino.
Aunque mantiene el interés lo suficiente como para que no sea un simple repunte, lo mejor de 'Amarga Navidad', aquello que será tan recordado por unos como vilipendiado por otros, llega en sus últimos minutos, en esa conversación en El Retiro entre dos almas que han convivido durante décadas pero solo ahora empiezan a conocerse, cuando la ficción se ha entremezclado con su dolorosa verdad. Hasta llegar a ese momento, Almodóvar se deja mecer por el juego de un guion necesariamente imperfecto, como si fuera la algo aburrida premisa de un chiste que sabe que va a funcionar a las mil maravillas. Realmente, lo más interesante de la historia que cuenta Raúl es su propia insatisfacción: si no rueda, su vida no tiene sentido. Y si para ello tiene que saltarse todas las normas de conducta posibles, que así sea.
Almodóvar ha hecho esta película claramente enamorado de tres de sus escenas, que funcionan a la perfección, incluso fuera de su contexto (incluso puede que mejor si se despojan del mismo). Dos de ellas tienen una canción como protagonista, de Chavela Vargas y Amaia respectivamente, y una es la ya citada conversación en el Retiro. Aquí es donde se puede ver a un director realmente apasionado por lo que hace, aún capaz de crear momentos para el recuerdo, planos dignos de formar parte de una de las mejores filmografías de la historia del cine contemporáneo. Ojalá se pudiera decir lo mismo de un metraje tan irregular que no parece tener clara del todo su propia estructura.
'Amarga Navidad' es café para los más cafeteros, pero en sus propios guiños cómplices se nota un poco de molesta autocomplacencia. El puzzle de Almodóvar no es todo lo intrincado y repleto de recovecos que uno esperaría, y el resultado final, si bien está lleno de malicia, no está bien unido: reconocer los errores de tu propio guion y mostrarlos a la luz del día sirve al mismo tiempo como parodia, clase de cine y autoreconocimiento, sí, pero en última instancia también da muestras de una (algo buscada) pereza. El director se la juega con unas tramas de usar y tirar que llenan los dos primeros actos para que la evolución del personaje que le interesa, un sosias de él mismo, funcione.
De esta manera, se asegura que la película acabe en alto. Y vaya que si lo hace: es uno de los mejores finales de toda su filmografía, una reflexión sobre el dolor del arte, la obsesión por crear y la bomba atómica que la ficción puede detonar en la vida real. Además, no esconde cierta coña marinera alejada de la transgresión de sus inicios pero que es imposible que no lleve una sonrisa a la boca del espectador más cultureta. Almodóvar se dirige conscientemente a un público educado, y, aunque le puede pasar factura en tiempos de 'Torrente presidente', es una decisión tan arriesgada como acertada: el cine adulto y sofisticado, incluso aunque sea un poco fallido, nunca sobra.
Como es habitual, todo el elenco de actores (con la excepción de un desnortado Quim Gutiérrez, aunque la culpa es más de su personaje que suya) se muestra en estado de gracia, con una sensibilidad fuera de serie, destacando unas más que premiables Aitana Sánchez-Gijón y Bárbara Lennie que parecen mimetizarse con sus personajes. Es la magia de Almodóvar, que siempre es capaz de sacar el jugo de un reparto que desea, como sea, trabajar con él. Aunque la película, como en este caso, acabe siendo una simple mezcla de buenas ideas a la que le falta el toque maestro para pasar a la historia.
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La noticia
'Amarga Navidad' es la mejor película de Pedro Almodóvar desde 'Dolor y Gloria'. Un juego de metaficción conscientemente imperfecto para un público sofisticado
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Espinof
por
Randy Meeks
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