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Ante la falta de natalidad, el envejecimiento y una economía que se frena, China ha encontrado una vía: la remigración

Ante la falta de natalidad, el envejecimiento y una economía que se frena, China ha encontrado una vía: la remigración

De los 8.300 millones de habitantes de la Tierra, 1.400 millones están en China. Ojo, viven en China, porque chinos en la diáspora hay otros tantos: 60 millones más, según la agencia de noticias oficial del Estado chino. Pues bien, el presidente del gigante asiático ha pedido precisamente a esas comunidades chinas repartidas por el mundo que pongan su granito de arena para convertir a China en una nación fuerte. ¿Cómo? Volviendo a casa.

Make China great again (literal). El mensaje de Xi Jinping, transmitido durante la Conferencia Nacional sobre el Trabajo Relacionado con los Ciudadanos Chinos en Ultramar de finales de julio, iba dirigido tanto a la ciudadanía china que vive fuera como a los que ya han vuelto, para que aporten su "fuerza única" para construir una nación poderosa e impulsar la revitalización nacional.

El mensaje lo leyó Wang Huning, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista de China y presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, quien animó a los ciudadanos chinos residentes en el extranjero, a los retornados y a sus familias a poner sus capacidades, conocimientos y redes internacionales al servicio del desarrollo nacional.

La petición no es nueva. Desde los años 90, China lleva tres décadas tratando de convertir esa masiva fuga de cerebros en una "ganancia de cerebros", con una política que pretende mejorar su capacidad intelectual, no favoreciendo la llegada de extranjeros, sino el retorno de sus propios estudiantes y profesionales residentes en el exterior, un camino que anteriormente recorrieron otros países vecinos como Corea del Sur o Taiwán. Para tal fin, el gobierno chino ha creado parques científicos y tecnológicos en distintas ciudades y zonas económicas especiales que resulten atractivos para quienes retornan.

Esta política se apoya en una red institucional específica: la Oficina de Asuntos de los Chinos de Ultramar del Consejo de Estado, que coordina el apoyo legal, cultural y económico a quienes están fuera y fomenta su participación en proyectos de inversión y desarrollo. Y algo está funcionando: si en 1979, en pleno pico de la fuga de cerebros, apenas retornaba un 8% de los estudiantes que habían salido al extranjero, para 2017 ya lo hacía el 80% (los estudios son distintos, pero la tendencia es clara).

Una China cada vez más vieja. A la ralentización económica se suma un tercer factor de fondo: China es ya la mayor economía del mundo en entrar en un declive demográfico continuado en tiempos de paz. Cerró 2025 en mínimos históricos: apenas 7,92 millones de nacimientos, y su población de 60 años o más ya suma 323 millones de personas, un 23% del total. 

Además, la fuerza laboral china se ha contraído por primera vez en la era moderna. Con menos jóvenes naciendo, traer de vuelta a quienes ya se formaron fuera es una vía más rápida de obtener mano de obra frente a esperar a que cambie la pirámide de la población.

Dos tipos de remigración muy distintas. La instrucción de Xi Jinping toca al mismo tiempo dos palos. Por un lado, el retorno de la diáspora histórica y los profesionales cualificados que han emigrado en las últimas décadas. La referencia de su retorno no puede ser mejor: 40 millones de chinos retornados y sus familias, a quienes el gobierno atribuye contribuciones al desarrollo económico del país, a la difusión de la cultura china y a la profundización de los intercambios internacionales.

Por otro lado está la remigración interna dentro de China, de la ciudad al campo, una tendencia que Pekín lleva años impulsando en medio del desempleo juvenil y la crisis inmobiliaria: miles de chinos están volviendo al medio rural porque consideran que allí pueden alcanzar mayor prosperidad que en las ciudades.

Por qué es importante. Que el gobierno de Xi Jinping vuelva a tocar esa tecla ahora no es casualidad: hay señales de que la economía china se está ralentizando por cuestiones como los precios del petróleo más altos, incertidumbre prolongada y los obstáculos estructurales. En ese escenario, atraer capital, talento y consumo (tanto desde fuera como desde dentro) puede funcionar como una palanca económica real para intentar agilizarla. Ese llamamiento a "hacer una nación fuerte" cumple, además, una función muy concreta: inversión y transferencia tecnológica

No es la primera vez que funciona: las primeras grandes oleadas de inversión extranjera durante la apertura económica china de los años 80 estuvieron protagonizadas mayoritariamente por empresas controladas por representantes de la propia diáspora china, sobre todo de Hong Kong, Macao, Taiwán y el Sudeste Asiático, con un efecto multiplicador que después atrajo también inversión no vinculada a la diáspora. Es decir: Pekín ya sabe por experiencia que activar a sus comunidades en el exterior funciona como catalizador de capital y conocimiento, y ahora busca repetir la fórmula.


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Portada | zibik y Ling Tang 


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La noticia Ante la falta de natalidad, el envejecimiento y una economía que se frena, China ha encontrado una vía: la remigración fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .

Agosto 15, 2026 • 1 hora atrás por: Xataka.com 36 visitas 2382567

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