Antes la publicidad era para monetizar. Ahora es para castigarte y YouTube lo ha llevado al extremo

Antes la publicidad era para monetizar. Ahora es para castigarte y YouTube lo ha llevado al extremo

Hace unos quince años, la publicidad online era el trato implícito: veías un banner o un pre-roll de quince segundos y accedías gratis a todo. No era ideal, pero sí lógico: alguien pagaba por el contenido que consumías para que no tuvieses que pagarlo tú. Funcionaba porque la molestia era proporcionada.

Eso cada vez existe menos.

Lo que tenemos ahora es otra cosa: las plataformas han descubierto que la publicidad sirve menos para monetizar que para empujar. Para degradar la experiencia gratuita hasta que pagar premium deje de ser un capricho y se convierta en la única forma tolerable de usar el producto. Y nadie lo hace con más descaro –o maestría– que YouTube. Así me cazó a mí.

Si lo usas sin pagar, ya sabes: anuncios cada vez más largos y frecuentes, varios antes de empezar el vídeo, el mismo spot turbio repetido tres veces en diez minutos. Anuncios que cortan frases a la mitad, destrozan el ritmo de una canción o aparecen justo cuando llegabas a la parte que te interesaba. Es así por diseño.

YouTube no necesita cascarte tantos anuncios para monetizar. Probablemente ganaría más con menos publicidad mejor segmentada. Pero no se trata de eso. Se trata de hacer la experiencia gratuita tan insufrible que acabes pagando para mantener la cordura. Yo no pago YouTube Premium por lo que me ofrece, sino por lo que me quita. Y cada vez más gente paga no porque quiera funciones extra, sino para no acabar estampando el móvil contra el suelo.

Otras plataformas hacen lo mismo pero disimulando mejor. Netflix con las cuentas compartidas, Disney+ con la calidad del vídeo en el plan barato, Spotify metiéndote anuncios y forzando el modo aleatorio. Son trucos visibles, pero al menos tienes menos y lo que tienes funciona. YouTube ha ido más lejos: no te quita funciones, te las envenena. El catálogo sigue completo, pero la experiencia es hostil. Pagas con tu paciencia y con tu atención fragmentada.

Lo curioso es que YouTube es bastante honesto. No te habla de Premium como "experiencia mejorada" ni de "contenido exclusivo". Básicamente te dice: si quieres que esto deje de ser un infierno, pasa por caja. No engañan. Te dicen cuál es el trato.

Y es el modelo de Internet en los años veinte. Las plataformas ya no construyen algo tan bueno que la gente quiera pagarlo. Hacen el plan gratuito tan malo que no queda otra. La lógica es idéntica: la fricción ya no es un efecto colateral. Es la palanca.

Esto también dice algo sobre nosotros: hace una década, los anuncios eran molestos pero asumibles. Hoy son intrusiones que no podemos tolerar. Hemos normalizado que Internet debe ser fluido, sin interrupciones ni esperas. Las plataformas lo saben. Saben que hemos perdido la capacidad de aguantar cualquier fricción. Así que la fabrican, la multiplican, y luego te cobran por quitarla.

YouTube ha perfeccionado algo que otras plataformas quizás no quieren admitir: el anuncio ya no vende productos. Vende su propia ausencia. Y esa es quizás la única publicidad que realmente funciona.

En Xataka | Llevo años pagando YouTube Premium y no me arrepiento. El problema es que volver atrás es imposible

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La noticia Antes la publicidad era para monetizar. Ahora es para castigarte y YouTube lo ha llevado al extremo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Enero 11, 2026 • 7 horas atrás por: Xataka.com 30 visitas

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