Pablo Duer
Buenos Aires, 22 mar (EFE).- El alineamiento absoluto del presidente Javier Milei con Estados Unidos e Israel en la guerra contra Irán ha generado un creciente malestar y preocupación en Argentina, que históricamente ha mantenido una posición de equidistancia frente a conflictos internacionales y donde algunos comienzan a temer posibles represalias.
Desde antes de su llegada a la Casa Rosada, en diciembre de 2023, Milei ha expresado un apoyo total a Estados Unidos e Israel, a quienes considera sus dos principales aliados en términos geopolíticos.
Ese apoyo adquirió una dimensión de afinidad personal con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y sobre todo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Y esta postura de apoyo incondicional se ha acrecentado en tiempos de conflicto, con una fuerte retórica bélica desde el comienzo de la guerra.
"Son nuestros enemigos", dijo el mandatario ultraderechista sobre Irán durante un reciente discurso en Nueva York, en referencia a los atentados de 1992 y 1994 contra objetivos israelíes y de la comunidad judía en Argentina, por los cuales la justicia ha responsabilizado a Teherán.
Esta semana, el canciller Pablo Quirno sugirió que Argentina estaría dispuesta a apoyar militarmente a Estados Unidos en caso de que se lo solicitaran, aunque aclaró que por el momento eso no ha sucedido.
Esto, sumado a un editorial amenazante publicado en un periódico oficialista en Teherán y una advertencia por parte de la directora del Departamento de América del Ministerio de Exteriores iraní, se ha traducido en una señal de alarma en Argentina, acostumbrada a observar conflictos internacionales desde la distancia.
Uno de los primeros en expresar su opinión fue el peronista Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires y referente de la oposición a Milei, quien pidió al presidente no involucrar a Argentina en una guerra que le es ajena y recordó la historia de neutralidad del país suramericano.
Además, dos proyectos fueron presentados por diputados en el Congreso junto a un pedido de frenar las "declaraciones belicistas" del Gobierno, recordando que cualquier participación en un conflicto armado debe contar con la aprobación del Parlamento.
"A nivel interno, esto genera cierto malestar, en primer lugar por la poca claridad sobre los fundamentos de este realineamiento en política exterior", dijo a EFE Kevin Ary Levin, sociólogo y experto en Oriente Medio, quien cree que uno de los motivos de este apoyo irrestricto a Estados Unidos e Israel es la búsqueda de "recompensas".
En esa misma línea, el politólogo Fabián Calle opinó que, más allá de las convicciones personales, la postura de Milei responde en parte a un cálculo político con fines económicos: "El diagnóstico sensato que hizo es que el que maneja el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, y que tiene influencia sobre Wall Street, es Washington. Creo que ahí también hubo una gran dosis de pragmatismo".
El pasado martes, Milei participó de un acto conmemorativo del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 -que causó 29 muertos- y aseguró que el mundo vive "un momento histórico, en el que Estados Unidos e Israel han decidido ponerle fin al régimen iraní", al que describió como "una tiranía".
En las inmediaciones del acto, que contó con un enorme operativo de seguridad, miembros de la comunidad judía consultados por EFE se mostraron a favor de la ofensiva contra Irán y aprobaron el apoyo de Milei, aunque expresaron sensaciones encontradas sobre el tono del mandatario, al reconocer, incluso, preocupación por posibles represalias.
Said Chaya, miembro del Comité de Oriente Medio del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, considera que pese a que el realineamiento impulsado por Milei ha obtenido legitimidad en las urnas, la población argentina es reacia a participar en el conflicto.
"Argentina tendría mucho más para aportar desde la perspectiva anterior, en este posicionamiento de equidistancia, donde justamente podríamos servir como espacio articulador de diálogo o de asistencia humanitaria", afirmó Chaya, en defensa de una postura "que rechace el conflicto en lugar de respaldar o alentar la guerra".
Ante el riesgo de represalias en Argentina, donde se ha reforzado la seguridad en pasos fronterizos y lugares vinculados a Israel y la comunidad judía desde que comenzó la ofensiva militar contra la República Islámica, los expertos consultados por EFE consideraron poco probable que el país suramericano sea blanco de un ataque iraní.
"Ahora Irán tiene una serie de aliados en Sudamérica que tomarían una postura muy crítica en caso de que se realice alguna actividad que viole la seguridad nacional de la Argentina", opinó Chaya, al hacer una diferencia entre el escenario actual y el de principios de los años noventa.
Levin, por su parte, expresó que existe un uso político de este temor por parte de la oposición al Gobierno, aunque lamentó que Argentina "pierda los beneficios" de mantenerse en la periferia de los conflictos y advirtió que Argentina no tiene "las características objetivas que uno esperaría" de un país que adopta una postura tan belicista.
"Tenemos fronteras porosas, un ejército muy debilitado, y eso implica ciertos riesgos, cuyas consecuencias todavía son difíciles de prever", advirtió. EFE
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