“Aquello que hoy llamamos democracia, en realidad, no lo es”

El Ciudadano

Franco Sandoval ha dedicado gran parte de su trayectoria a investigar la cosmovisión maya, el Popol Vuh y las tradiciones de las comunidades indígenas de Guatemala. Paralelamente, sus estudios en filosofía y sociología política lo llevaron a desarrollar una mirada crítica sobre los sistemas democráticos contemporáneos, planteando que aquello que hoy llamamos democracia se ha reducido, en gran medida, a un mecanismo electoral. En esta entrevista aborda ambos mundos: la vigencia del pensamiento maya y los desafíos de una democracia que, a su juicio, está lejos de representar el ideal de gobierno del pueblo.

Su trayectoria intelectual ha estado marcada por una permanente búsqueda por comprender la cosmovisión maya desde la investigación rigurosa, el trabajo de campo y el estudio de sus fuentes originales. Formado inicialmente en Antropología Cultural en la Universidad del Valle de Guatemala, destaca esa etapa como el fundamento metodológico de toda su carrera. “La gran fortaleza de nuestra formación fue el método de investigación”, recuerda, convencido de que las ciencias sociales solo tienen sentido cuando se sustentan en la observación, el trabajo de campo y el rigor científico.

Con el propósito de dedicarse a la escritura, posteriormente orientó sus estudios hacia la literatura y la filosofía. Fruto de ese proceso nació su tesis sobre el Popol Vuh, trabajo que, tras diecisiete meses de investigación y el análisis comparado de diversas traducciones, obtuvo el primer lugar en un concurso del Ministerio de Cultura de Guatemala y fue publicado bajo el título La cosmovisión maya-k’iche’ en el Popol Vuh.

Su interés por las culturas originarias lo llevó a internarse durante largos períodos en San Mateo Ixtatán, una de las comunidades más aisladas del norte de Guatemala, territorio del pueblo chuj, donde recopiló relatos, mitos y tradiciones que aún sobreviven en la memoria de sus habitantes. Aquella experiencia terminó por confirmar una de las ideas que atraviesa toda su obra: la civilización maya no pertenece únicamente al pasado arqueológico, sino que continúa viva en sus lenguas, sus símbolos, sus tejidos y su manera de comprender el mundo.

A esa formación se sumarían posteriormente estudios de filosofía y un doctorado en Sociología Política en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde desarrolló una investigación crítica sobre los sistemas democráticos contemporáneos, publicada más tarde como Encanto y desencanto con la democracia.

En esta conversación, Sandoval recorre las distintas etapas de su trayectoria intelectual y reflexiona sobre la riqueza de la cultura maya, el significado del Popol Vuh, la persistencia de las tradiciones indígenas, el sincretismo religioso y los desafíos que enfrenta hoy la democracia.

Franco Sandoval con Arly Cholotío, reina nacional Rabin Ajaw

El rigor de la antropología

-Después de ese primer trabajo sobre el Popol Vuh continuó investigando directamente en comunidades mayas. ¿Dónde realizó ese trabajo de campo?

-Me dediqué al estudio de los mitos mayas en un pueblo llamado San Mateo Ixtatán, probablemente el lugar más recóndito de Guatemala. Está ubicado al norte de Huehuetenango, muy cerca de la frontera con México, rodeado de montañas y ríos, lejos de los grandes centros urbanos.Yo buscaba precisamente eso, un lugar apartado, donde todavía sobreviviera una mitología maya viva. Al final terminé diciendo que era el municipio más maya de Guatemala y, al mismo tiempo, un municipio con una organización social bastante particular.

La gente vivía fundamentalmente de la tierra. Cuando alguien necesitaba un terreno para cultivar o cazar, presentaba una solicitud escrita ante la municipalidad, pagaba apenas cincuenta centavos de quetzal y las autoridades verificaban que el terreno estuviera desocupado y perteneciera al municipio o al Estado. Si era así, se le entregaba. Estoy hablando de hace aproximadamente cuarenta años. Esa era la dinámica de la comunidad.

Además, en el propio centro del pueblo existían importantes construcciones y antiguos templos mayas. Lo triste, porque cuando uno investiga profundamente encuentra tanto luces como sombras, era comprobar el abandono en que se encontraban. Alrededor de esos templos pastaban cabras, ovejas y cerdos. Había solamente un funcionario del Ministerio de Cultura cuya labor consistía en limpiar el monte. El patrimonio arqueológico estaba prácticamente abandonado.

Vi muchas situaciones que sería largo relatar, pero lo más valioso fue la enorme cantidad de mitos mayas que logré recopilar.

-Cuénteme sobre esos mitos

-Algunos me parecieron extraordinarios. Por ejemplo, existe una explicación mítica sobre el origen del ser humano completamente distinta a la que plantea la ciencia. Para los mayas, los seres humanos que se portan mal terminan convirtiéndose en monos. Es decir, no es que el ser humano provenga del primate, sino que una rama de la humanidad degenera y se transforma en mono como consecuencia de su mal comportamiento. Es un castigo dirigido especialmente a los jóvenes rebeldes.

Toda esa transformación se explica mediante una compleja serie de relatos en torno a un árbol gigantesco que va creciendo. Como ese existen muchos otros mitos de enorme riqueza cultural que muestran una manera completamente distinta de comprender el mundo y el lugar que ocupa el ser humano dentro de él.

-San Mateo Ixtatán se encuentra muy lejos de los grandes centros urbanos. ¿Sintió que ese aislamiento contribuye conservar la cultura maya ancestral?

-Sí, muchísimo más de lo habitual. Hay muchas evidencias de ello. Incluso durante la época colonial quedaron situados entre dos frentes. Por un lado los españoles y por otro los lacandones, que eran un grupo distinto. Frente a esa situación decidieron desarrollar su propia forma de vida.

Además, se refugiaron detrás de la gran sierra de Los Cuchumatanes. Ese aislamiento geográfico fue determinante para conservar buena parte de su cultura. Un ejemplo muy claro es su vestimenta tradicional. Este es un huipil característico de la comunidad. El huipil es una prenda propia de las mujeres indígenas, aunque los hombres también tenían una indumentaria muy particular que prácticamente solo existe allí.

Fue entonces cuando empecé a comprender que una de las características visuales de las culturas indígenas es lo que yo llamo “la fiesta del color”. No se trata únicamente de prendas coloridas. Cuando uno observa con atención descubre que están llenas de símbolos.

En este caso aparecen representaciones del sol rodeando a la persona, como si la envolvieran de calor espiritual a través de la vestimenta.

Todo esto demuestra la enorme riqueza simbólica y cultural que posee la civilización maya, una tradición que lleva más de dos mil años de vigencia y que continúa expresándose en manifestaciones artísticas como el tejido.

-Ese patrimonio cultural no solo se expresa en los textiles, sino también en la lengua y en muchas otras manifestaciones.

Exactamente. También se manifiesta en la piedra y, por supuesto, en la lengua. Una de las características de las grandes civilizaciones es precisamente poseer una lengua propia. En este caso hablamos del pueblo chuj, que también da nombre a su idioma. En Guatemala solamente existen dos municipios donde vive este pueblo, San Mateo Ixtatán y San Sebastián Coatán. San Mateo también fue históricamente un lugar muy importante porque es uno de los únicos sitios donde todavía se obtiene sal a partir de agua de pozo.

Yo pasé muchas horas observando ese proceso. El agua se hierve hasta obtener una sal de color oscuro, conocida como sal negra.

Existe incluso una melodía tradicional muy hermosa llamada precisamente Sal Negra. En algún momento una reconocida marimba quiso atribuirse su autoría, pero yo intervine para recordar que se trata de una composición tradicional, sin autor individual, porque pertenece a toda una comunidad.

-También existe una relación muy interesante entre la lengua y algunas prácticas tradicionales de este pueblo.

-Sí. Es curioso porque la palabra chujtiene varios significados. Es el nombre del pueblo, es el nombre de la lengua y también es el nombre del baño de vapor tradicional, equivalente al temazcal. Cuando alguien decía “voy al chuj”, se refería a ese baño. Más que un lugar para asearse, cumple una función terapéutica y espiritual.

Por ejemplo, una mujer que ha dado a luz debe acudir al chuj pocos días después del parto como parte de su proceso de recuperación.

Es una práctica que viene desde tiempos muy antiguos dentro de la civilización maya, aunque naturalmente presenta variantes según cada región.

Incluso en la antigua ciudad maya de Piedras Negras existían temazcales muy desarrollados, con agua corriente y construcciones especialmente diseñadas para ese uso. Eso demuestra que se trataba de una tradición profundamente arraigada desde hace siglos.

Una crítica a la democracia contemporánea

-Después de sus investigaciones antropológicas continuó profundizando en el ámbito académico. ¿Cómo llegó a la filosofía y posteriormente a la sociología?

-Después seguí estudios de filosofía en dos universidades. Inicialmente cursé el doctorado en la Universidad Rafael Landívar, una universidad jesuita de Guatemala. Sin embargo, cuando estaba preparado para presentar mi tesis, el programa fue cerrado. Entonces continué mis estudios en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en El Salvador, que también pertenece a la Compañía de Jesús. Al final terminé realizando muchos más cursos de los necesarios. Posteriormente cursé el doctorado en Sociología Política en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Mi tesis volvió a convertirse en un libro y tuve la satisfacción de graduarme summa cum laude. El libro se titula Encanto y desencanto con la democracia. Para desarrollar ese trabajo revisé autores como Platón y Aristóteles y otros más modernos como Sartori, Schumpeter, Linz, Dahla y Touraine, pasando por Rousseau. Allí planteo que lo único medio real y vigente es la «democracia electoral».

Me resulta interesante observar que hoy, en España y en muchos otros países, el concepto de “desencanto con la democracia” se ha vuelto muy frecuente. Yo planteé esa discusión en el año 2000, cuando desarrollé esa investigación.

¿Cuál era la tesis central de ese trabajo?

Mi planteamiento es muy parecido a lo que hoy reflejan diversas mediciones internacionales, como las del Latinobarómetro. Actualmente esas encuestas preguntan a las personas qué tan satisfechas están con el sistema democrático, cuánto lo prefieren frente a otras formas de gobierno y una serie de cuestiones similares.

Los resultados muestran claramente que muchas personas responden: “Me da lo mismo que haya elecciones o no”. Mi tesis sostiene que aquello que hoy llamamos democracia, en realidad, no lo es. Lo que existe son elecciones periódicas, pero unas elecciones que muchas veces no son completamente libres, que no necesariamente permiten elegir a los mejores representantes y que terminan convirtiéndose en una especie de carnaval político.

Eso no representa la democracia en su sentido profundo.

Entonces, según su planteamiento, el sistema electoral actual no corresponde al verdadero significado del concepto de democracia.

Exactamente. Para explicar esa idea siempre recurro a Abraham Lincoln, un personaje al que también he estudiado profundamente. En el discurso de Gettysburg definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ese es el concepto que debemos tomar como referencia. Mi formación inicial en antropología me enseñó que los conceptos deben poder medirse. No basta con utilizarlos como consignas o repetirlos sin examinarlos.

Si aplicamos esa definición de Lincoln a nuestros sistemas políticos, veremos que muchos de ellos, y estoy hablando de Guatemala, aunque podría decir exactamente lo mismo de España, Singapur o Indonesia, no cumplen realmente con esa idea de democracia. Lo que existe es un mecanismo que crea la ilusión de participación mediante elecciones periódicas.

Y quiero ser muy claro con esto ,no estoy proponiendo volver a las monarquías ni establecer dictaduras. No se trata de eso. Simplemente sostengo que el sistema actual no corresponde al ideal democrático que afirma representar.

-¿Qué conclusiones obtuvo de esa investigación?

Realicé un capítulo completo revisando a los principales teóricos de la democracia. Estudié con bastante profundidad a más de veinte autores. Entre ellos estaban Schumpeter, Adorno y muchos otros. Lo que encontré fue que buena parte de esos autores terminan haciendo una defensa del sistema democrático existente más que una teoría crítica sobre él. En muchos casos sus trabajos son auténticos panegíricos de la democracia.

Por eso fui tomando distancia de esa literatura, especialmente de ciertos enfoques provenientes de la sociología y de la ciencia política. Me pareció que existía una visión excesivamente ideologizada, simplificada y poco dispuesta a cuestionar las limitaciones reales del sistema. Ese fue, en buena medida, el núcleo de mi tesis doctoral.

Desde esa perspectiva, ¿cómo podría construirse una democracia más cercana a ese ideal que usted plantea?

Es una pregunta difícil. Incluso dentro de instituciones que se consideran democráticas encontramos estructuras profundamente elitistas y verticales. Sucede en los sindicatos, en las organizaciones empresariales, en muchas iglesias y en numerosas instituciones sociales.

Por eso mi propuesta no pretende ser una fórmula definitiva. Es apenas una posibilidad que merece ser estudiada. La idea consiste en construir un sistema donde el gobierno represente efectivamente a los distintos sectores vivos de una nación. Imaginemos, por ejemplo, que existen cincuenta grandes sectores sociales. Cada uno tendría un representante titular y un suplente.

Estarían representados los empresarios, las iglesias, los sindicatos, las cooperativas, los productores agrícolas, los pescadores, los artistas y muchos otros sectores que conforman la vida nacional. A partir de ese inventario de sectores podría conformarse una gran asamblea nacional. No se trataría de gobernar directamente, sino de orientar al Poder Ejecutivo.

Si el Ejecutivo quisiera desarrollar una política pública importante, una campaña nacional de vacunación, una gran red de carreteras o cualquier otra iniciativa estratégica, debería presentarla ante ese Consejo Nacional de Estado. Ese organismo la analizaría, la enriquecería y orientaría su implementación.

En la práctica sería un sustituto del Congreso, institución que, desde mi punto de vista, representa una de las mayores perversidades del sistema político contemporáneo. Conozco muy bien cómo funciona. De hecho, actualmente estoy escribiendo una novela inspirada precisamente en todas las picardías que ocurren dentro del Congreso.

Insisto, no presento esto como una verdad definitiva. Es simplemente una propuesta que considero digna de discusión.

Franco Sandoval junto a los pintores Maya Tz’utujil Antonio Coché y Angelina Quic

El poder local y la descentralización

-En ese modelo de representación que usted propone, ¿qué importancia tendrían las comunidades y los gobiernos locales? Después de todo, son los territorios los que viven directamente las consecuencias de las decisiones públicas.

Totalmente de acuerdo.Y, en este punto, Guatemala tiene un avance importante que pocas veces se reconoce. Yo diría que, en comparación con muchos países de América Latina, posee una base institucional bastante interesante.

La Constitución de 1985 estableció dos elementos muy relevantes. El primero fue la creación de los Consejos Municipales de Desarrollo y de los Consejos Departamentales de Desarrollo. Es obligatorio que cada uno de los 340 municipios del país cuente con un Consejo Municipal de Desarrollo. El problema no está en la ley, sino en cómo funcionan esas instituciones. Esa ya es otra historia. El segundo avance, y quizás el más importante, fue establecer un aporte permanente del Estado a cada municipio.

No se trata de recursos simbólicos. Por ejemplo, el municipio de San Juan La Laguna recibe alrededor de treinta y dos millones de quetzales al año (4,2 millones de dólares) Con esos recursos es posible ejecutar una enorme cantidad de obras públicas.

-¿Existe una verdadera capacidad de decisión a nivel municipal?

Exactamente. La administración de esos recursos corresponde al municipio. Naturalmente deben rendir cuentas sobre cómo los utilizan, pero no necesitan pedir autorización al Gobierno central para decidir en qué invertirlos. Las decisiones son locales. Ese era precisamente el espíritu de los Consejos Municipales de Desarrollo: que fueran espacios donde la propia comunidad definiera sus prioridades. Si realmente funcionaran como fueron concebidos, serían una herramienta extraordinaria.

Lamentablemente, en mi opinión, ni siquiera el diez por ciento opera de manera adecuada. He conocido de cerca su funcionamiento y también las numerosas críticas que reciben. El problema aparece cuando esa autonomía se mezcla con la lógica del sistema político nacional. Si el alcalde pertenece al mismo partido que controla el Ejecutivo, generalmente recibe todas las facilidades para desarrollar sus proyectos. Pero si pertenece a un partido distinto, muchas veces comienzan las dificultades. Esa es una de las grandes distorsiones del sistema político.

Traducir el Popol Vuh para todos

-Después de años estudiando la cosmovisión maya y el Popol Vuh, decidió publicar una versión propia titulada Popol Vuh transparente. ¿Cómo nació ese proyecto?

-Como contaba anteriormente, dediqué diecisiete meses a estudiar el Popol Vuh. Analicé ocho versiones en español y dos en inglés, comparándolas prácticamente oración por oración. Mi objetivo era resolver un problema muy concreto. En ese momento yo no dominaba el idioma k’iche’, por lo que necesitaba contrastar cuidadosamente las distintas traducciones para comprender el sentido profundo del texto.

Dos de esas versiones pertenecían a autores k’iche’, lo que para mí era especialmente importante. También estudié la versión realizada por Miguel Ángel Asturias durante su estadía en París. Aunque fue una contribución muy valiosa, debo decir que, a mi juicio, no es la más afortunada de todas, porque privilegia un lenguaje muy poético. Fui comparando cada traducción para descubrir aquello que todas tenían en común y así llegar al significado profundo del texto, que era justamente el objeto de mi investigación.

-¿En qué momento decidió que era necesario hacer una nueva versión del Popol Vuh?

– Después de publicar mi investigación comencé a ser invitado a impartir conferencias y talleres. Siempre he preferido la metodología del taller antes que la conferencia tradicional. Trabajábamos con apenas dos páginas del texto. Primero cada participante las leía individualmente; luego las analizábamos en grupo y, finalmente, las representábamos teatralmente. De esa manera las personas podían apropiarse realmente de la historia. Fue entonces cuando varios líderes indígenas me hicieron una pregunta que terminó cambiando todo.

Me dijeron:

“Usted critica muchas de las versiones existentes del Popol Vuh. ¿Por qué no escribe una nueva?”

Esa pregunta fue la chispa que despertó la ilusión de hacerlo. Entonces comencé a trabajar en una nueva versión.

¿Cuál era el principal objetivo de ese nuevo trabajo?

-Mi intención era que el Popol Vuh pudiera ser leído por cualquier persona. Quería que lo entendiera un estudiante, un conductor de autobús, una secretaria o cualquier lector sin conocimientos especializados. Por eso nació Popol Vuh transparente. Como siempre he considerado muy importante el lenguaje visual, acompañé el texto con ilustraciones que ayudaran a comprender mejor la narración.

Poco tiempo después de comenzar el proyecto me solicitaron autorización para traducir esa edición, incluyendo también los dibujos. La primera traducción fue al idioma q’eqchi’.

Posteriormente el Gobierno de Guatemala publicó una edición popular de diez mil ejemplares. Como parte de los derechos de autor recibí quinientos libros. Después distintas editoriales volvieron a publicarlo y finalmente también despertó el interés de la Tipografía Nacional, una editorial estatal que permite ofrecer los libros a precios más accesibles. Más tarde, un editor español, que con el tiempo terminó convirtiéndose en un gran amigo, me propuso publicarlo también en España.

-Además del lenguaje más sencillo, su edición incorpora una extensa introducción. ¿Qué buscó transmitir en ella?

La introducción fue creciendo con cada nueva edición. Allí intento explicar cuáles son los grandes valores que se encuentran detrás del relato. Porque el Popol Vuh, antes que cualquier otra cosa, es un libro para disfrutar. Es un libro de juegos, de humor, de enseñanza y de narraciones que originalmente los adultos compartían con los niños alrededor del fuego.Esa era su función primigenia. Naturalmente, detrás de esas historias existe toda una cosmovisión, pero yo siempre he querido rescatar esos valores profundos sin perder el carácter lúdico de la narración. Un aspecto fundamental de la civilización maya es que el maíz es el eje total alrededor del cual gira todo, desde el origen mismo de los seres humanos.

-Es decir, detrás de esos relatos está contenida toda la visión del mundo del pueblo maya.

-Exactamente. Esa visión del mundo fue decantándose durante siglos. Lo que encontramos en el Popol Vuh no es solamente una serie de historias, sino el resultado de una larga elaboración cultural. Por mis investigaciones, siempre me ha interesado rescatar esos valores profundos sin sacrificar el placer de la lectura. Al final de cuentas, considero que el Popol Vuh es el mayor monumento literario prehispánico de toda América.

-Uno de los grandes aportes de su versión parece ser precisamente acercar ese patrimonio a lectores contemporáneos.

Ese era exactamente el propósito. Quería que pudiera leerlo cualquier persona. Que un joven estudiante pudiera disfrutarlo igual que un académico. Porque el Popol Vuh no pertenece únicamente a los especialistas. Es patrimonio de toda la humanidad.

-Gran parte de la literatura maya original desapareció durante la conquista. ¿Cómo logró sobrevivir precisamente el Popol Vuh?

Sabemos que la escritura maya no solo quedó registrada en monumentos de piedra.  También existían códices elaborados sobre corteza de amate, cuero y otros soportes. Lamentablemente, una enorme parte de ese patrimonio fue destruida. El Popol Vuh sobrevivió gracias a que un joven k’iche’, hijo de un príncipe, decidió escribir la tradición oral de su pueblo. No era cualquier joven.

Pertenecía a la nobleza k’iche’ y realizó ese enorme esfuerzo en Santo Tomás Chichicastenango, que sigue siendo uno de los grandes centros espirituales del pueblo k’iche’. Más tarde, el fraile Francisco Ximénez tuvo el acierto de copiar ese manuscrito, transcribiéndolo tanto en k’iche’ como en español.

Ese documento permaneció prácticamente oculto durante más de un siglo, hasta que volvió a ser descubierto. La copia realizada por Ximénez terminó llegando a la Universidad de Chicago, donde hoy se conserva.

-Sin embargo, usted sostiene que la verdadera proyección internacional del Popol Vuh ocurrió más tarde.

Así es. Yo tengo la teoría de que el Popol Vuh aparece y desaparece varias veces a lo largo de la historia. Quien realmente contribuyó a darle reconocimiento internacional fue el abate francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg. Durante sus investigaciones en Rabinal y otras regiones de Guatemala comprendió la enorme importancia del texto. Lo tradujo al francés y lo publicó en Europa.

Recuerdo una pregunta que formuló entonces y que siempre me ha parecido extraordinaria. Se preguntaba si esa obra lograría incorporarse algún día “a la ancha vía científica del mundo”. Prácticamente fueron esas sus palabras. Y, en buena medida, fue él quien abrió ese camino hacia el reconocimiento internacional del Popol Vuh, alrededor de 1860.

Religión maya, conquista y sincretismo

-El Popol Vuh refleja la cosmovisión del pueblo maya antes de la conquista. Sin embargo, con la llegada de los españoles ese universo religioso entró en contacto con el cristianismo. ¿Cómo describiría ese proceso de transformación y el sincretismo que aún puede observarse en las comunidades mayas?

-Es un tema complejo porque no fue un proceso uniforme. Incluso entre los distintos países de Centroamérica existen diferencias importantes. En Guatemala el encuentro entre ambas tradiciones fue mucho más intenso y, al mismo tiempo, dio origen a formas de sincretismo mucho más profundas que en países como El Salvador o Nicaragua, donde la civilización maya no alcanzó el mismo desarrollo. Por eso resulta difícil hacer una sola descripción. Cada comunidad vivió ese proceso de una manera distinta. Muchos pueblos indígenas, al momento de la conquista, optaron por replegarse hacia las montañas.

Lo hicieron, en parte, para evitar la esclavitud y también para escapar de las formas de trabajo impuestas por los conquistadores, ya fuera en las haciendas, en los cultivos de caña o en otras actividades económicas. Paradójicamente, ese aislamiento terminó favoreciendo la conservación de muchas de sus prácticas religiosas. Vivieron en condiciones muy humildes, alimentándose de lo que les ofrecía la naturaleza, pero esa misma decisión permitió que buena parte de su espiritualidad sobreviviera.

-¿Ese aislamiento explica también por qué muchas ceremonias continúan realizándose en cuevas y lugares apartados?

Exactamente. Muchas de esas prácticas se trasladaron a cuevas escondidas y lugares alejados para evitar ser perseguidos. Los españoles calificaban esas manifestaciones religiosas como idolatría, por lo que las comunidades debían ocultarlas. Todavía hoy pueden encontrarse sitios ceremoniales de ese tipo.

Recuerdo, por ejemplo, una cueva muy apartada, cerca de aquí. En aquella época ni siquiera existían caminos asfaltados. Había que caminar bastante para llegar hasta esos lugares. Eso muestra cómo muchas ceremonias lograron mantenerse gracias al aislamiento.

-Vemos cómo en distintas comunidades aún pueden encontrarse expresiones religiosas que mezclan elementos mayas y cristianos. ¿Hay algún ejemplo que le parezca especialmente representativo?

Sí.Quizás uno de los casos más conocidos se encuentra en Santiago Atitlán, donde esa resistencia cultural fue especialmente fuerte. Allí existe una figura muy singular conocida como Maximón. Se trata de un personaje que aparece permanentemente fumando un puro, vestido con numerosas corbatas y un saco, mientras recibe ofrendas de licor. Es una expresión contemporánea de ese proceso de sincretismo. Por una parte incorpora elementos introducidos por la cultura española, como la vestimenta occidental; por otra, mantiene una profunda raíz en las antiguas creencias mayas. Todavía hoy muchas personas le llevan ofrendas y le piden favores.

-Durante nuestro recorrido vimos también varios sitios ceremoniales donde las comunidades realizan ofrendas. Para muchos visitantes suelen describirse simplemente como “lugares sagrados”. ¿Es esa una definición adecuada?

-Hoy suele decirse que son lugares sagrados. Sin embargo, creo que esa expresión no alcanza a describir completamente lo que representan para las comunidades. Más que espacios sagrados en el sentido occidental del término, son lugares de comunión con la tierra y con la naturaleza. Las personas acuden allí para pedir permiso a las distintas deidades antes de realizar determinadas actividades importantes. Y digo deidades, no dioses. Incluso con algunos colegas antropólogos suelo discutir ese punto.

Los mayas no concebían un único dios supremo ni un panteón equivalente al de otras religiones. Su universo espiritual estaba compuesto por numerosas deidades, alrededor de treinta y tres, según distintas interpretaciones, muchas de ellas profundamente vinculadas a los elementos de la naturaleza. Había deidades del viento, del agua, del sol y de muchos otros aspectos del mundo natural. Eso refleja una forma muy distinta de comprender la relación entre el ser humano y el universo.

-Esa relación con la naturaleza parece atravesar toda la cosmovisión maya.

-Así es. Para el pensamiento maya la naturaleza no constituye un escenario donde transcurre la vida humana. Es parte de la propia existencia. La tierra, el agua, las montañas, los árboles y los astros forman parte de un mismo equilibrio. Por eso muchas ceremonias consisten, precisamente, en establecer una relación de respeto con esas fuerzas y pedir permiso antes de intervenir en el entorno. Es una manera distinta de comprender el mundo y quizá una de las enseñanzas más valiosas que la cultura maya puede ofrecer a nuestra época.

Por Sebastián Saá

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Julio 1, 2026 • 3 horas atrás por: ElCiudadano.cl 32 visitas 2250663

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