El Ciudadano
Antonella Sepúlveda utiliza el bajorrelieve para inmortalizar el legado del presidente Salvador Allende y de referentes culturales.
Por medio de la técnica del tallado en bajorrelieve y el pintado minucioso a mano, la artista y artesana Antonella Sepúlveda impulsa desde su taller el proyecto «Tallado y Memoria». Esta iniciativa independiente cobra fuerza al consolidarse como un puente entre el arte y los derechos humanos, utilizando herramientas de precisión como gubias para plasmar en placas de madera rostros de gran carga política, histórica y emocional.
El origen de este camino autogestionado fue impulsado por una necesidad de cambio hacia una labor con un sentido más profundo, pues “tenía esa inquietud constante, dándole vueltas a cómo dejar mi trabajo formal para volcarme a algo propio”, relata la artesana, quien recuerda que la inspiración definitiva llegó mientras habitaba la Región de Valparaíso.
El motor principal que da vida a este trabajo artístico es la figura del presidente Salvador Allende, diseñado no solo como un homenaje visual, sino como una forma de mantener vivo su legado en los espacios cotidianos de la sociedad. La artista busca proyectar la dignidad del mandatario, señalando que «tallar la madera es, para mí, un acto de justicia y respeto: una forma de fijar la memoria colectiva».
Para Sepúlveda, la elección de la madera aglomerada responde a las propiedades del material y a la íntima relación física que exige el oficio con cada golpe de herramienta. “Me expreso a través de la madera porque es un material noble, vivo y con historia propia; a diferencia de un lienzo en blanco, ya viene con un relato”, detalla.

Su arte también se extiende hacia la identidad cultural y la intimidad de las familias, pues en sus obras es común encontrar reinterpretaciones de grandes referentes de la música y la literatura que marcaron a generaciones con sus luchas. Además, dedica gran parte de su tiempo a retratar a personas desconocidas, pero que poseen un valor invaluable para sus familiares y cercanos.
“A través de mis gubias, el taller ha alcanzado e inmortalizado a grandes referentes artísticos que forman parte de nuestra banda sonora e identidad, como el maestro Valentín Trujillo o el trovador Silvio Rodríguez, conectando la música y la poesía con la resistencia de la madera”, sostiene la artista, agregando que al retratar tanto a líderes como a los pilares de un hogar, la madera se vuelve un territorio donde la dignidad permanece inalterable.
El proceso creativo detrás de cada obra exige paciencia, pulso y una conexión profunda con la imagen antes de comenzar a tallar el material capa por capa. Tras conseguir la tridimensionalidad en la madera, la pieza se sella y se interviene el color a mano, buscando contrastes que den presencia a cada personaje. Según explica la autora, su objetivo final es resguardar la «admiración por nuestros líderes y los afectos más íntimos para que permanezcan inalterables al paso del tiempo», sostiene.
Cada corte sobre el bloque de madera aglomerada se transforma en un ejercicio de memoria viva que desafía el olvido. Lejos de las galerías de arte tradicionales, estas obras están pensadas para habitar espacios comunes, devolviendo la dignidad a los liderazgos populares y a las historias familiares que a menudo quedan fuera de los libros
De este modo, «Tallado y Memoria» se consolida como una manifestación donde el arte se posiciona al servicio de las transformaciones sociales. La propuesta de Sepúlveda demuestra que las herramientas de taller también pueden ser instrumentos de lucha, capaces de resguardar la identidad colectiva.

El Ciudadano.
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