
El número de muertos por el terremoto de 7,7 en la escala de Richter registrado el pasado 15 de agosto en la isla de Flores, en el suroeste de Indonesia, ha aumentado a 100, según las últimas cifras difundidas por la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB).
El jefe de la BNPB, el teniente general Suharyanto, ha detallado que un centenar de personas han muerto y 1.603 personas han resultado heridas como consecuencia del seísmo, con epicentro a 68 kilómetros al noroeste de Ende, en la provincia de Nusa Tenggara Oriental.
Por otro lado, un total de 180.327 personas se encuentran desplazadas en distintos de Manggarai, Manggarai Oriental, Nagekeo, Ngada y Sikka. Las autoridades indonesias siguen distribuyendo ayuda en la zona con helicópteros y camiones, según ha recogido la cadena de televisión Kompas.
Asimismo, 73.818 viviendas han resultado dañadas, 23.276 de las cuales han sufrido daños graves. Además de las viviendas, 1.915 instalaciones públicas han resultado dañadas, entre ellas hospitales, centros escolares, puertos y terminales.
Pese a las numerosas réplicas, las autoridades han informado de que no se han registrado víctimas mortales a causa de ellas. El seísmo de 7,7, que tuvo una profundidad de apenas 10 kilómetros, se convirtió en el más mortífero desde el terremoto de 2022, que dejó cientos de muertos en Java Occidental.
Indonesia cuenta con un amplio historial de seísmos devastadores al ubicarse en pleno Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Esta franja de gran inestabilidad tectónica se extiende desde Japón e Indonesia hasta California y Sudamérica.
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