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Aston Martin tiene algo mucho peor que su equipo de Fórmula 1: sus acciones han caído un 99% y amenazan con hundirla

Aston Martin tiene algo mucho peor que su equipo de Fórmula 1: sus acciones han caído un 99% y amenazan con hundirla

Cuando escribo estas líneas, X (el artista antes conocido como Twitter) está lleno de memes y chistes sobre Fernando Alonso y las vibraciones del AMR26. No sé qué ha sido de él en la clasificación del Gran Premio de Australia. No sé si quiera si, visto lo visto, llegará al menos a correr el domingo.

Lo único que está claro es que Aston Martin es una fábrica de memes. Han mantenido a Fernando Alonso, capaz de vendernos lo imposible. Han fichado a Adrian Newey, una de las personas más exitosas en la historia de la Fórmula 1. 

Y la pretemporada se resume en que, en un año que Honda motoriza al equipo, a Fernando Alonso se le ha visto paseando con un Toyota Yaris por Mónaco

¿Pensabas que no podría ser peor?

Bueno, eso díselo a quienes compraron acciones de Aston Martin en 2018. 

Hoy se han depreciado un 99%. 

La suerte de la compañía pende de un hilo, atascada en deudas que parecen una losa imposible de levantar. Sin aspirantes claros para su compra. Con Lawrence Stroll, dueño del equipo de Fórmula 1 y aval para que su hijo pilote uno de los monoplazas, comprando la imagen de la compañía para poder utilizar su nombre, colores y logo en un futuro. Podrá hacerlo pase lo que pase.

Y eso no es nada bueno. 

Una vida al filo de la bancarrota

La historia de Aston Martin es una historia de supervivencia. 

Realmente, pocas compañías de lujo pueden decir que no se hayan encontrado con serios problemas de viabilidad a lo largo de su historia. Ferrari, que ve el mundo arder a su alrededor y que parece intocable en su trono, fue salvada por Fiat en 1969. Lamborghini no encontró la estabilidad hasta que la compró el Grupo Volkswagen. Bugatti, que también está dentro, es una máquina de perder dinero

Y si miramos a los británicos, Jaguar está en un proceso de reinvención. Lotus fue comprada por el conglomerado chino Geely y hoy queda poco de lo que fue. McLaren no está mucho mejor que Aston Martin

Como bien explica Raymond Blancafort en La Vanguardia, apenas habían pasado 10 años cuando Aston Martin se encontró con su primera bancarrota. Tras una primera aventura centrada en el mundo de la competición, fue en los años 30 cuando la dirección por aquel entonces empezó a enfocar la compañía hacia los deportivos de calle. 

La cosa no mejoraría después y David Brown, un empresario, sería el que comprara la compañía después de la II Guerra Mundial, asumiera las deudas acumuladas y se rindiera su propio homenaje. Y es que, desde entonces, los deportivos de Aston Martin tienen asociadas las letras DB

Con el paso de las décadas, la marca mantuvo dos cosas: la fama y las deudas. Mientras James Bond se paseaba en sus deportivos, los juegos de compra y venta de la compañía marcaron el futuro. Hasta el punto de que la compañía llegó a formar del Premier Group, el paraguas bajo el que Ford sostuvo a Jaguar, Land Rover, Volvo... y Aston Martin. 

La cosa no terminaría bien (Ford anunció pérdidas históricas) y en 2007 volvió a cambiar de manos para ir a parar a David Richards, quien ya controlaba el devenir de la empresa en competición, con el apoyo de un banquero americano y dos grupos kuwaitíes. En 2013 entró Mercedes a formar parte de la compañía con una pequeña participación y el objetivo de compartir conocimientos y desarrollos. 

En 2020 llegó Lawrence Stroll. 

Una crisis más que complicada

Hemos hecho un alto en el camino porque la llegada de Lawrence Stroll marcó un antes y un después. En 2018, este empresario canadiense crea el grupo Racing Point y compra el equipo de Fórmula 1 Force India. Al año siguiente, forma equipo con el piloto mexicano Sergio Pérez y un debutante: su hijo Lance Stroll. 

No sería hasta 2021 cuando Racing Point se reconvirtiera en el equipo de Fórmula 1 Aston Martin, que mantiene en una estructura completamente separada del fabricante de coches. Pero, ¿cómo se llega a este punto?

Al tiempo que Lawrence Stroll daba sus primeros pasos en la Fórmula 1, el canadiense se hacía con un 16,7% del fabricante de vehículos. En el acuerdo se incluía que el equipo de Fórmula 1 heredaría su nombre. Para ello, Stroll pagaba casi 240 millones de dólares y se llevó a cabo una emisión de derechos de 417,5 millones de dólares que ya anticipaba que su peso en la compañía iba a seguir aumentando. 

La promesa era sacar a Aston Martin de una situación complicada. Con menos de 6.000 coches vendidos, la compañía anunció pérdidas de más de 120 millones de euros, un 89% más que el año anterior. Stroll llegaba con la intención de convertir el Aston Martin DBX, su futuro SUV, en un producto de lujo. Si a Porsche lo había rescatado el Cayenne, si Lamborghini estaba produciendo el Urus, Aston Martin recuperaría el impulso con el DBX. 

Lo cierto es que el coche está siendo un fracaso. El SUV británico nunca ha tenido la tracción suficiente y tampoco tenía la ventaja del Cayenne o el Urus, que comparten plataforma y desarrollo con otros coches del Grupo Volkswagen, lo que ayuda a reducir los riesgos. Las proyecciones de vender 5.000 coches anualmente se han quedado en 1.000 unidades puestas en el mercado cada año. 

Con el Aston Martin DBX en caída libre, los siguientes que han saltado por el precipicio han sido los inversores. Desde que saliera a bolsa en 2018, las acciones han caído un 99% y la compañía cuesta ahora poco más de 400 millones de euros. El pasado verano el Liverpool invirtió más dinero en fichajes que lo que cuesta toda la compañía entera. 

Aunque el SUV no ha encontrado su hueco en el mercado, el DBX no ha sido lo único que ha fallado. En 2017 se anunció el desarrollo del Rapide E, el que debía ser un rival del Tesla Model S. El proyecto terminó por ser cancelado por un motivo muy sencillo que señalaba Tom Stacey, profesor titular en la Universidad Anglia Ruskin quien trabajara para la compañía a BBC: en todos los parámetros, el Aston Martin era peor coche que el Tesla. 

No solo eso. El tiempo ha demostrado que, en estos momentos, no hay público para un coche puramente eléctrico y enfoque de superdeportivo. Aunque Ferrari ha sacado adelante el Luce, todo indica que apuesta por otro tipo de público. Lamborghini ha cancelado su eléctrico recientemente y Porsche está sufriendo con el paso de los años pese a un buenísimo inicio del Taycan. 

Aston Martin pensó que un SUV los salvaría, como a Porsche, y fracasó. Pensó que un eléctrico los salvaría. Y fracasó. Pensó que podía vender hipercoches de edición limitada. Y fracasó

Aston Martin invirtió entonces sus conocimientos en hipercoches que se retrasaron, que han llegado cargados de problemas de fiabilidad y que, directamente, no parece haber encontrado su público. Hablamos de los Valhalla y Valkyrie. Ahora la compañía tiene que despedir al 20% de la plantilla.

Las pérdidas publicadas cuando Lawrence Stroll llegó parecen ahora mínimas. El año pasado, la compañía perdió unos 675 millones de dólares y se cree que la deuda es de unos 1.900 millones de dólares. Stroll, que se calcula que posee el 33% de la empresa, se ha autovendido el uso de las imágenes y logotipos de la empresa para su uso en Fórmula 1 por apenas 50 millones de libras.

El movimiento indica que Stroll podría estar pensando en salir de la empresa pero quiere asegurarse que, pase lo que pase, su equipo de Fórmula 1 siga llamándose Aston Martin. Es decir, que la empresa vale más por su continente que por su contenido. 

La gran duda es quién podría hacerse con las riendas de la empresa. Mercedes posee el 9% de la misma pero cuenta con AMG para jugar en el mercado del lujo y atraviesa momentos complicados con el abandono del mercado chino y un coche eléctrico que no termina de arrancas. Tampoco su tumultuosa colaboración con McLaren en el pasado invitan al optimismo. 

Geely tiene una participación del 17% pero ya se hizo con Lotus hace tiempo y no ha conseguido buenos resultados. Intentó con los británicos reconvertir una marca de nicho, muy querida por los puristas e igualmente deficitaria, en una empresa de deportivos eléctricos con escaso éxito. Además, tiene que lidiar con una Polestar que pierde dinero y una Volvo a la que se le está atragantando la transición eléctrica

Al menos, si es por poner dinero, el 19% de la empresa pertenece a Arabia Saudí, esa financiación, al menos, no parece ser la que más preocupe. 

El futuro no pinta bien. Los inversores no confían en la marca, la compañía apenas si vende 5.000 coches al año (Ferrari vendió más de 13.000 en 2025) y el Valhalla, que tenía que ser un antes y un después, ha vendido poco más de 500 unidades. 

Ahora mismo, Aston Martin vale lo mismo que lo que se paga en la Premier League por un buen delantero y dos centrales. 

Foto | Aston Martin

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La noticia Aston Martin tiene algo mucho peor que su equipo de Fórmula 1: sus acciones han caído un 99% y amenazan con hundirla fue publicada originalmente en Xataka por Alberto de la Torre .

Marzo 7, 2026 • 3 horas atrás por: Xataka.com 37 visitas 1856822

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