Atado de manos y cabezas (el conservadurismo)

Es más que evidente. El próximo gobierno podrá ser “el más votado de la historia”, pero de uno u otro lado político se encargan de imbuncharlo. ¿Qué no han dicho de los republicanos? Que nadie los conoce, no se sabe de dónde vienen ni tienen experiencia en gobernar. Y es bien sabido que los votos en Chile, hace rato, no son de nadie. Como los de Parisi. Surgen de la nada, asustan como la peste y se evaporan al día siguiente de tabularlos. Igual, se puede ir a la caja pagadera para canjearlos por monedas constantes y sonantes como en los casinos.

Son voto útil, papeletas “válidamente emitidas” por un electorado fluctuante que, así como se manifiesta eufórico hoy, mañana se deprime, sin que nadie diagnostique bipolaridad o histeria. Maladie chilienne. Comportamiento crónico desde hace más de 60 años. Desde que las mayorías respaldaran a la DC, luego a la UP y, por último, apoyaran la dictadura. Igual, insisten en llamar a este enredo democracia y, es más, el “vamos bien, mañana mejor” siempre se hace pasar por progresismo. Hace perdonar cualquier cosa.

Recordemos, además, que el Presidente “más votado democráticamente” ya fue Boric y no vale un peso. Por lo demás, plata no hay; han saqueado las arcas. Así y todo, tras tomas, hechos consumados y amarres, son tan sinvergüenzas que piensan volver a La Moneda. No su único descaro; nunca han renunciado a ser matones. Amenazan con dejar la tendalada y, gracias al “sueño del justo”, nadie les ha cobrado la grande producida seis años atrás. Por otro lado, sus viejos mentores exconcertacionistas y socialdemócratas, alentados por el piñerismo entreguista, sienten que “los treinta mejores años de la historia política de este país”, vieja idea tomicista, les pertenecen. Que se atreva alguien a desmentirlo. La soberbia frenteamplista, en especial de impenitentes como Giorgio Jackson, la aprendieron chupando de esas ubres y odres.

Siendo así la pista: ¿qué hacer? El sentido común —invocado con frecuencia por republicanos— debiera hacerles ver que desde el gobierno se viene haciendo mucho y mal. ¿Por qué no gobernar, entonces, como si todavía se estuviera fuera del poder? Cuatro años son muy cortos; el desgaste es tremendo.

Unas pocas recomendaciones, quizá sirvan. Mejor confiar en el cambio de a poco y gradualmente; activistas no son. Fijarse pocas metas y no intentar una revolución en contra (para no volverse reaccionarios). El poder es siempre un espejismo; vale tenerlo siempre entre ojos. Las cosas se resuelven solas o no tienen solución. No dejarse impresionar por teorías y devolverle al derecho la sensatez. Esperar que la ciudadanía tenga paciencia; no exija. Ojalá se haya vuelto de verdad conservadora. Que ahora la tarea es limpiar la cochambre que el progresismo viene dejando. Por eso se ha elegido a conservadores.

Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

Enero 2, 2026 • 2 horas atrás por: LaTercera.com 26 visitas

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