La publicación de “Atravesar el tiempo”, 40 años después de haberlo terminado, significa para mí que las reflexiones de uno de los más grandes escritores de la lengua van a ser compartidas no solo con los lectores de su obra, sino también con aquellos a quienes les interesa escribir sus propios textos.
Donoso era una persona afable, pero que podía discutir fuertemente, y eso puede verse en su epistolario. Pero como amigo fue siempre generoso, siempre tuvo en cuenta mis opiniones y era feliz mostrándome aquellos lugares de Santiago que para él eran esenciales: la casa de la calle Ejército, por ejemplo, donde él había crecido. Lector infatigable, me recomendaba lecturas, como por ejemplo la de José Saramago. Y me honró teniendo en cuenta mis opiniones cuando escribió “La desesperanza”. Conversar con José Donoso fue durante años una de mis actividades más esclarecedoras.
Fue Donoso quien propuso las conversaciones. En su casa de Santiago trabajamos durante semanas. Y en su visita a Buenos Aires vimos lo que podía inspirarlo para la escritura de su novela. Había muerto Matilde Urrutia, y habíamos visto la película argentina “La historia oficial” y escuchado al cubano Silvio Rodríguez. Es decir, dictadura y resistencia. Terminaría la novela pocos meses después, en febrero de 1986.
En una carta, Donoso me escribe: “…Tengo la sospecha de que mi diario me está absorbiendo una parte considerable de mi creatividad, y en el continuo construir proyectos en sus páginas las novelas que debo escribir se agotan en minuciosos proyectos, de páginas y páginas, escritos con una letra diminuta y clarísima (…) y que se me va todo en esa suerte de diaria masturbación no generativa”.
Es por esto que creo que nuestras conversaciones aportan una mirada abarcadora y concluyente a todo el proceso de generación de sus textos, y es lo que considero que debe ser valorado en este libro.
Por Josefina Delgado, escritora argentina.
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