El Mes de la Patria comenzó con la visita de algunos compadres.
El Foro Madrid reunió a grupos extremos de la política de España, Estados Unidos y América Latina. Llegaron, se juntaron en un salón de eventos en San Carlos de Apoquindo, y desde ahí nos aleccionaron sobre Chile.
El headliner de esta fonda ultra fue, por cierto, Javier Milei. Sus hits fueron sus ya conocidos insultos, que convierten a Chile en otro escenario de su “batalla entre el Bien y el Mal”, en que quienes piensan distinto a él son “terroristas”, “criminales”, “mierdas humanas” y “zurdos mugrosos” (curiosa elección de una palabra alusiva a la higiene personal), etcétera, etcétera.
En su historia fantasiosa, Allende era “comunista”, y “con su derrocamiento Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años”, borrando de un plumazo no solo las decenas de miles de víctimas de la dictadura, sino también dos de las peores crisis económicas y sociales de nuestra historia, las de 1975 y 1982.
En primera línea, políticos chilenos aplaudían cómo el presidente de un país vecino reivindicaba el golpe de estado, y vilificaba a chilenos. Luego, tampoco expresaron objeción cuando representantes de otro gobierno extranjero, Estados Unidos, realizaron afirmaciones lesivas para nuestra soberanía.
Primero, la subsecretaria Sarah Rogers afirmó que “la política de resentimiento es la razón de por qué en Chile, en 2019, extremistas de izquierda quemaron el Metro”, en una sofisticada conspiración para “repudiar la fundación de la civilización occidental”.
Si la diplomática tiene pruebas sobre quiénes quemaron el Metro y su retorcido plan, debe ponerlas de inmediato en manos de la justicia chilena. Si no, sus palabras son una intromisión inaceptable.
Luego, el embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, se jactó de que “lo genial es que cuando tienes una administración como la de Kast, aplicar la Doctrina Donroe se vuelve muy fácil”.
La “Doctrina Donroe”, recordemos, es la actualización de Donald Trump a la decimonónica Doctrina Monroe, que establece el predominio de Estados Unidos sobre este hemisferio. El gobierno de Trump la ha explicado con la siguiente frase, textual: “Estados Unidos usará todas las herramientas para erradicar amenazas de nuestro patio trasero”.
Y no son solo palabras insultantes. Estados Unidos está presionando a los países de su “patio trasero” a ser parte del “Escudo de las Américas”, que incluye autorización para que Washington realice actividades militares en estos países, que ellos aumenten el gasto en defensa, den acceso preferencial a minerales críticos y abandonen la Corte Penal Internacional.
Las palabras insolentes de Judd hacia el gobierno chileno no son las primeras. Actuando como un virrey más que como un embajador, lleva meses dando órdenes públicas al gobierno de Kast.
En marzo anunció que “el cable chino ya se acabó”, mientras Chile consideraba el proyecto “en evaluación”. En julio, tras violar el tratado de libre comercio al imponer un arancel de 12,5% a productos chilenos, atacó a los ministros chilenos de Agricultura y Defensa, y amenazó con que “no habrá un acuerdo” si no se les acallaba.
Y en agosto difundió un documento firmado por el ministro de Defensa, Fernando Barros, luego de que él se atreviera a responderle que Chile no era “el patio trasero de ningún país”.
En contraste con Barros, la respuesta del pasmado canciller Pérez frente a este ataque fue, una vez más, débil, casi inaudible (“yo creo que el embajador se refiere al esfuerzo para combatir la delincuencia organizada transnacional. Me imagino que se refiere a eso”).
Lo mismo ha ocurrido con Argentina y el desafío a la soberanía del estrecho de Magallanes, donde Barros tomó el rol de canciller en funciones, mientras Pérez enviaba videos grabados en la calle desde una gira comercial por Asia.
Los ministros pusieron presión sobre Milei, exigiendo la derogación del decreto 457 de Argentina que establece un “espacio compartido” en el estrecho. Pero el propio presidente Kast los desautorizó al anunciar que no le pediría a Milei la derogación.
En resumen: el presidente de Argentina vino a Chile, insultó a chilenos, reivindicó el golpe, mintió sobre nuestra historia, se reunió con Kast, no dijo ni pío sobre el decreto, y volvió a Argentina con una declaración conjunta que dedica cuatro líneas a la soberanía de Chile en Magallanes, y doce líneas al respaldo chileno a la soberanía argentina en las Malvinas, y “los espacios marítimos circundantes”.
“Este texto fue redactado por Argentina”, advierte la experta Paz Zárate, quien llama la atención sobre el uso de expresiones (como la “coadministración de zonas especialmente protegidas”) que copian textualmente comunicados de la Cancillería argentina, y de compromisos, como el rechazo a “actividades ilegales unilaterales” de Gran Bretaña en la zona, que dañan nuestra relación con el Reino Unido.
“Un regalo de Chile a Milei”, concluye Zárate.
Una última: Kast nombra embajador en Israel a Gabriel Zaliasnik quien, para sorpresa de nadie, debuta usando el mismo tono grosero y despectivo hacia la comunidad palestina que ha usado siempre. Está claro que su designación es celebrada por el régimen criminal de Netanyahu, pero ¿de qué sirve a Chile tener a un sujeto con esos antecedentes y ese comportamiento como nuestro representante diplomático?
Salvo el canciller en funciones (Barros), en La Moneda todos parecen pasmados ante este desfile de declaraciones injuriosas y faltas de respeto.
Horas después de su desafortunada reunión con Milei, el presidente Kast ocupó el mismo escenario en que, horas antes, Milei, Rogers y Judd hicieron sus declaraciones. No dijo una palabra al respecto.
Ni la llegada del Mes de la Patria parece suficiente para recordar que son los intereses superiores de Chile, no los de Argentina, Estados Unidos, Israel, ni ningún otro país, los que debe perseguir siempre nuestro gobierno.
Ser patriota en el Mes de la Patria no es presumir el mejor traje de huaso, ni las espuelas más relucientes. Ser patriota es defender con firmeza nuestra soberanía y nuestros intereses nacionales.
Aunque para eso haya que hablarles golpeado a esos compadres de trinchera ideológica, que vinieron a nuestro país a hacer su fonda ultra, ningunearon a los dueños de casa, les faltaron el respeto y, sin recibir un reproche de sus pasmados anfitriones, se fueron de vuelta tan campantes.
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