Noemí Jabois
Beirut, 25 may (EFE).- Un par de cientos de personas se concentraron este lunes en los suburbios meridionales de Beirut para conmemorar el aniversario del final de la gran ocupación israelí al sur del Líbano, que se prolongó desde 1982 hasta 2000 y que este año coincide con una nueva invasión de esa región libanesa.
Maysaa Alaeddine, una de las asistentes a este acto organizado por el grupo chií Hizbulá con motivo del conocido como Día de la Resistencia y la Liberación, recuerda perfectamente el sufrimiento al que estuvo expuesta la población del sur del país "desde el primer día que llegó Israel" cuatro décadas atrás.
"Los israelíes venían todos los días. Éramos pequeñas, siete niñas, y mi madre nos alquiló una casa en el pueblo de Majdal Selem (sur), nos llevaba arriba al pueblo a dormir", cuenta a EFE la mujer, oriunda de las zonas fronterizas.
Alaeddine explica que durante aquella primera etapa de la ocupación, Hizbulá todavía no existía, pues el movimiento fue creado en respuesta a la misma, no mucho después de su inicio.
"Nunca sentimos seguridad ni tranquilidad hasta que apareció la Resistencia. Hasta que esos jóvenes cargaron su sangre sobre las manos y empezaron a luchar, mientras nosotros dormíamos tranquilos y calientes en nuestras casas bajo las mantas", defiende.
Un cuarto de siglo después del final de aquella invasión, Hizbulá enfrenta ahora una renovada presencia israelí en al menos 68 aldeas del sur del Líbano, también objetivo de numerosos bombardeos diarios pese al alto el fuego acordado por ambos países el mes pasado.
La tregua técnica tiene como objetivo allanar el camino a negociaciones para buscar una solución a largo plazo, con el desarme de la formación chií como principal demanda del Estado judío, algo que el Gobierno libanés ya viene tratando de implementar desde el verano pasado.
Alaeddine carga contra los intentos de desarmar a Hizbulá y no confía en que el Estado pueda defender al Líbano, pues le acusa de estar vendido a Estados Unidos, promotor de las conversaciones en marcha con Israel.
"Mi casa en el sur fue destruida, era un dúplex de dos pisos que acababa de construir. Que todo sea un sacrificio por la Resistencia: yo, mis hijos, mi casa, mis bienes y todo lo que tengo", dice la mujer.
Antes de la entrada del Ejército israelí en el marco de la actual guerra iniciada el pasado marzo, el Líbano ya sufrió ocupaciones de diferente envergadura en 1978, 1982, 1985, 2006 y 2024.
Otro joven participante en el evento, desplazado de la ciudad meridional de Nabatieh, afirma que no tendría ningún problema si las fuerzas de seguridad oficiales decidieran luchar de su lado, pero al mismo tiempo se muestra convencido de que "nadie" podrá quitar el armamento al grupo libanés.
"Si desarmaran a Hizbulá, el Estado no nos va a proteger. No pueden luchar ni pueden ir contra Israel, hacen lo que dice Estados Unidos", denuncia a EFE el hombre, que perdió su casa en el conflicto, al igual que los otros amigos que le acompañan este lunes.
Muchos vecinos del sur del Líbano se sienten abandonados por las autoridades, desplazados de sus hogares por segunda vez en poco más de un año y aún sin haber recibido ayuda para la reconstrucción tras la última guerra. Para algunos, la decepción se mezcla con el enfado por la decisión de negociar con Israel.
"Los que no tienen honor ni espíritu de sacrificio son los que hablan y negocian, los que estrechan la mano del enemigo y de Estados Unidos. Esos son los traidores", critica en declaraciones a EFE Hayat Berro, otra asistente a la conmemoración del Día de la Liberación.
"No tengas miedo del enemigo externo, teme al interno. Ese es el verdadero traidor, el que se sienta contigo en la misma mesa fingiendo que no pasa nada", agrega.
Hizbulá ha cargado reiteradamente contra las conversaciones directas, que tienen lugar en Washington, y ha pedido al Gobierno libanés su sustitución por un proceso indirecto.
Entre el ondeo de banderas del movimiento y fotografías de su líder histórico, Hasán Nasrala, un simpatizante que se identifica solo con el sobrenombre 'Kifah' rechaza reconocer las reuniones entre ambos países y aboga por utilizar el lenguaje "del fuego y de la pólvora" para enfrentar la situación actual.
"Es una entidad que usurpó Palestina y expulsó a todo un pueblo de su tierra. ¿Cómo podríamos negociar o llegar a acuerdos con una entidad cuyo origen mismo es ilegítimo?", dice en el suburbio capitalino.
"Esto no es simplemente un conflicto: es una batalla de existencia entre nosotros y ellos. Una batalla de existencia y no de fronteras", concluye 'Kifah'. EFE
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