La ministra Lincolao fue al Senado para hablar del futuro de la ciencia chilena y presentó un informe de cobranza. La exposición trató de morosidad, juicios, deuda y riesgos de incumplimiento. Sobre qué ciencia necesita el país en 2030, nada; sobre cómo se vincula a investigadores con las industrias que Chile quiere desarrollar, tampoco. Ello da cuenta de un problema que no es contable, sino de visión.
Es difícil estar en contra de retribuir al país, pero es necesario destacar que el diseño vigente la reduce al hecho administrativo de residir en Chile por cierta cantidad de años, es decir, incluso sin trabajar, pero residiendo, se “retribuye”. La evidencia comparada muestra cómo diversos países han puesto el foco en maximizar la retribución en vez de mirar la residencia; ello bajo el entendimiento de que un investigador aporta formando redes, atrayendo financiamiento, publicando con instituciones chilenas y asesorando comisiones públicas.
Lamentablemente, para el caso de Becas Chile, quien haga todo aquello desde el exterior aparece como si nunca hubiese contribuido.
Repensar lo anterior es fundamental considerando que Chile abre pocas plazas académicas por año, por lo que exigir un retorno sin construir las oportunidades de inserción deja al descubierto un mal diseño de la política. Por el contrario, tenemos casos donde son negadas extensiones de retorno aun cuando investigadores se adjudicaron fondos extranjeros para trabajar con universidades chilenas, importar equipos y contratar doctorandos. Con ello, el propio sistema impone barreras a la tan necesaria inversión en ciencia.
Estos casos dan cuenta de un diseño arcaico, que requiere una discusión técnica, libre de prejuicios y que asume que quien no ha vuelto no quiere hacer ciencia para Chile. Lo paradójico es que la propia ANID promueve la colaboración internacional como pilar de su política de I+D.
Nadie discute el rol fiscalizador ni habla de que se elimine el compromiso adquirido, pero caricaturizar a sus becarios no aporta.
Esperamos que Becas Chile deje de administrarse como una cartera de crédito y se transforme en un motor de desarrollo que integre nuestros talentos. Como agrupación estamos disponibles para ayudar a construir esa política.
Por Mary Valdés, presidenta Sociedad de Investigadores de Chile.
completa toda los campos para contáctarnos