María José Rey
Santiago de Chile, 21 jun (EFE).- Jean-Ricner Bellegarde nació antes de tiempo, desafiando todos los pronósticos, al igual que Haití, la selección con la que disputa el Mundial 2026 tras clasificar luego de 52 años.
La supervivencia los une.
El ‘10’ de los Grenadiers llegó al mundo en Francia, en un hospital de Colombes –en las afueras de París–, a los seis meses de gestación. Su madre entró en coma y, ante la posibilidad de que ambos fallecieran, quienes asistieron el parto lo bautizaron con ese nombre.
“Cuando mi madre despertó, dijo que mantendría lo que habían hecho por nosotros porque ambos corríamos el riesgo de morir y tuvimos la suerte de sobrevivir”, contó al medio francés Le Carré.
Su historia comenzó un 27 de junio de 1998, el mismo año en que la selección francesa ganó su primera Copa del Mundo. Tal vez ese hilo del destino lo llevó primero a las inferiores de Les Bleus, con quienes disputó el Torneo Esperanzas de Toulon, antes de elegir las raíces de su padre, un país que no conoce.
Haití, inmerso en una crisis política, social y de seguridad, se clasificó al Mundial sin poder jugar en su territorio, haciendo de local en Curazao durante las eliminatorias ante Costa Rica, Honduras y Nicaragua.
"Es una pena no poder jugar en Haití, especialmente para mí, que nunca estuve allá. Quiero ir y me entristece no poder descubrir mi país”, confesó a la revista So Foot.
El mediocampista "ama" a Haití como los que se han negado a abandonarlo o los millones que han huido de la violencia y al vestir su camiseta dijo: "Sé que la historia de la selección francesa ya está escrita. Yo quiero escribir mi propia historia con Haití".
Resistir cuando todo indica lo contrario es el lenguaje común entre los caribeños y Bellegarde, criado en los suburbios parisinos por unos padres que le enseñaron la constancia.
A los 13 años entró al Le Mans FC francés y luego a pasó a las juveniles del Lens, donde llegó hasta el primer equipo y captó la atención del Estrasburgo.
Paso a paso, sin sobresaltos
Con la RCS debutó en la Ligue 1 y jugó 139 partidos en cinco temporadas, marcó 8 goles y dio 13 asistencias, lo que hizo que en 2023 el Wolverhampton Wanderers de la Premier League inglesa pagara unos 16 millones de dólares por él.
Antes, el Galatasaray turco y el Fiorentina italiano también lo buscaron, pero el propio Bellegarde declaró que nunca se obsesionó por el dinero y siguió el consejo familiar de no dar saltos apresurados.
Su decisión y su carácter reservado lo posicionaron como un jugador maduro ante los ojos de sus entrenadores.
En Inglaterra, y pese al descenso del Wolverhampton en 2026, “Jean Jean” –como le dicen los cercanos–, se consolidó como uno de los mejores mediocampistas en regates y conducción comparable con el belga Kevin De Bruyne o el británico Jude Bellingham, según describe el portal de su equipo.
Haití necesitaba su capacidad para progresar con el balón en los pies. Así se convirtió en el primer jugador de la Premier en representar a la isla, a la que, a pesar de las dos primeras derrotas ante Escocia por 0-1 y con Brasil por 0-3 el pasado viernes, ha llevado hacia adelante tratando de romper líneas en busca del gol.
Si convierte o da una de sus asistencias, ayudaría a Haití a convertir su tercer gol en la historia de los Mundiales, tras los dos de Emmanuel Sanon en el debut en Alemania 1974.
En Haití, la presencia de la selección en el Mundial es una rara fuente de esperanza y Bellegarde ha sido abrazado como uno más de sus hijos.
"Espero que el fútbol ayude a cambiar los conflictos. Cuando nos clasificamos, la guerra disminuyó durante dos o tres días", llegó a comentar.
Su deseo probablemente escape de lo humano, pero a Jean-Ricner le hace sentido llevar esperanza a todo un país. Después de todo, el ‘10’ de Haití entiende de milagros desde que nació. EFE
(foto)
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