Santiago de Compostela, 9 abr (EFE).- Brais Lorenzo, fotógrafo colaborador de EFE premiado este jueves con el World Press Photo de Europa por su cobertura de los incendios forestales que asolaron Galicia durante el verano pasado, dice que exactamente esta es la distinción que todo fotoperiodista "sueña tener algún día".
Por tanto, siente orgullo por haberlo conseguido y la necesidad de dedicárselo a su padre, Xoán Pablo, que falleció el pasado viernes.
"Me gustaría dedicárselo a él y ojalá pudiese haberlo disfrutado y celebrado con su compañía", dice en declaraciones a EFE al recordar a ese laureado empresario del sector del vinagre y contar acto seguido que el día de la serie fotográfica merecedora de la prestigiosa distinción estuvo con su progenitor en la bodega de él editando.
"Él estaba currando en lo suyo y yo venía del incendio. Y como tiene WiFi, pues estuvimos compartiendo", apunta Lorenzo hijo sobre aquella dura jornada en la que el fuego campaba a sus anchas por O Ribeiro, en Ourense, que es el lugar al que se refiere.
Lorenzo, aunque con una confesa sensación agridulce por el difícil momento personal, está satisfecho por el hecho de haber conseguido este galardón y con ello dar visibilidad a un problema que cada verano afecta a su tierra.
"Este tipo de reconocimientos ayudan a poner el foco en los temas, en las historias que contamos. Se va a hablar a nivel internacional de la peor oleada de incendios de la historia de Galicia. Y eso es lo que importa, porque usualmente se habla de esto cuando se produce pero ya después se olvida".
En su opinión, "hemos aprendido entre poco y nada", por lo que intuye que el próximo verano la zona volverá a quedar a merced de la "meteorología" y de las consecuencias que puedan acarrear las altas temperaturas habituales.
La primera vez que Brais Lorenzo fotografió las llamas a nivel profesional fue en 2011. Han pasado muchos años desde aquel debut, pero no se acostumbra.
"Duele, duele la emergencia, duele ver sufrir, duelen las aldeas abandonadas y despobladas... Uno no se acostumbra a fotografiar incendios", reconoce, y aunque la experiencia y los "códigos" le permiten saber moverse, cree que cada vez es más difícil calcular los riesgos.
"Hablamos de megaincendios", afirma, y admite que en su caso le gusta estar en la primera línea, pero a veces alejándose uno puede hacer también "grandes fotos".
Si se le pregunta cómo se sabe que una foto es la foto o que una serie de imágenes, como en este caso, es la serie; responde que de algún modo se alinean los astros y que eso ocurre cuando "aprietas el botón y ahí sucede algo, te das cuenta".
Aunque cueste creerlo por los premios que atesora pese a su edad este profesional nacido en 1986, en alguna ocasión ha pensado en dejar el oficio. "A mí a veces me surgen dudas y pienso en algo que ocupe menos tiempo y suponga un menor sacrificio, porque la vida es mucho más que trabajo", explica.
Con todo, recompensas como la que ha alcanzado le hacen "volver al cauce" y seguir apostando por lo que para él es una "forma de vivir, de sentir y de estar en el mundo".
En un futuro le gustaría ejercer "el periodismo internacional", con unos "mínimos" de seguridad y de condiciones laborales. "Soy amante de mi zona, de la que no he salido por ahora, pero ese es mi otro deseo", concluye, a la espera de que se le cumpla uno más. EFE
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