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BTS en Chile ¿El pasto vale más?

El Ciudadano

Columna: BTS en Chile ¿El Pasto vale más?

Por Dana Davis

Cuando un país rechaza una inversión internacional, la primera pregunta no debe ser cuánto cuesta proteger el activo público involucrado, sino cuánto valor económico deja de capturar. Ese es precisamente el marco desde el cual debe analizarse la decisión del Instituto Nacional de Deportes (IND) de impedir la realización en Chile del BTS World Tour Arirang.

No se trata de tres conciertos ni de un fenómeno cultural asociado a un fandom juvenil. Se trata de uno de los activos de entretenimiento más rentables del mundo. Desde el inicio del tour Arirang, la gira supera los US$204 millones en ingresos por venta de entradas. Solo durante mayo de 2026 recaudó US$127,8 millones en doce conciertos, con más de 641.000 asistentes y un promedio superior a US$10,6 millones por presentación. Estas cifras consideran exclusivamente la taquilla. No incluyen los ingresos derivados del merchandising, licencias comerciales, producción audiovisual, patrocinadores, plataformas digitales ni, especialmente, el gasto turístico que moviliza cada ciudad anfitriona.

La dimensión económica de BTS ha sido ampliamente documentada. El Hyundai Research Institute estimó que el grupo llegó a aportar aproximadamente US$3.600 millones anuales a la economía de Corea del Sur, equivalente a cerca del 0.2% del PIB nacional (casi el mismo porcentaje del PIB que Chile invierte anualmente en I+D) antes del servicio militar de sus integrantes. Estudios posteriores del Korea Culture and Tourism Institute proyectan que un solo concierto en Seúl puede generar impactos económicos cercanos a US$800 millones al considerar los efectos directos, indirectos e inducidos sobre turismo, hotelería, comercio, transporte y servicios. En otras palabras, BTS dejó hace años de ser únicamente un fenómeno musical para convertirse en una plataforma global de exportación cultural y generación de valor económico.

Mientras Corea del Sur ha desarrollado una política pública orientada a transformar la industria cultural en una ventaja competitiva internacional, Chile decidió excluirse voluntariamente de esa cadena de valor. Justamente, cuando ayer Kast decía que, “Chile debe abrir puertas y poner a disposición toda la parte logística y de infraestructura para que otros países puedan salir hacia Asia.” Corea del Sur no es solamente un socio comercial importante de Chile. Es una de las economías más sofisticadas del mundo en generación de valor agregado.

La decisión del IND se fundamentó en la eventual afectación del césped híbrido del Estadio Nacional producto del montaje de un escenario central de 360°, privilegiando la conservación temporal de una superficie deportiva por sobre la ejecución de una inversión internacional capaz de movilizar decenas de millones de dólares hacia la economía chilena, hoy, en una posición de fragilidad inaceptable para las promesas de este Gobierno.

Desde la perspectiva del análisis costo-beneficio, el problema no consiste en proteger el césped. El problema consiste en que la autoridad nunca demostró que el valor económico protegido fuera superior al valor económico destruido.

Chile atraviesa uno de los períodos de menor dinamismo económico de la última década. El Banco Central redujo la proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5%-2,5% a solo 1,0%-1,75%; el Imacec acumula cinco meses consecutivos de contracción y el desempleo alcanzó 9,4%, su nivel más alto desde 2021. En ese contexto, los grandes eventos internacionales representan una fuente extraordinaria de demanda agregada para sectores intensivos en empleo, como turismo, hotelería, gastronomía, comercio y transporte.

La pérdida más importante probablemente ni siquiera será la recaudación directa. Será el turismo.

La evidencia internacional demuestra que los conciertos de BTS generan turismo de destino. Miles de personas planifican viajes internacionales exclusivamente para asistir a estos eventos, permaneciendo varios días en la ciudad, utilizando hoteles, restaurantes, transporte, comercio y servicios turísticos. Este gasto no puede recuperarse posteriormente, porque corresponde a una demanda extraordinaria asociada a un evento único. En una economía desacelerada, renunciar deliberadamente a ese flujo de visitantes implica desaprovechar uno de los pocos mecanismos capaces de inyectar consumo privado sin gasto fiscal.

A ello se agrega un efecto aún más persistente: la reputación país. Casi ofensivo viniendo de quienes profesan la propiedad del patriotismo. La industria global del entretenimiento opera sobre la base de la confianza institucional. Productoras internacionales invierten cientos de millones de dólares considerando certeza regulatoria, coordinación entre organismos públicos e infraestructura disponible. Cuando un evento completamente vendido termina siendo rechazado por razones administrativas vinculadas al recinto, el mensaje que recibe el mercado internacional es que Chile constituye un destino con alto riesgo operativo.

Existe además una contradicción política difícil de ignorar. En el debate nacional se han relativizado restricciones destinadas a proteger ecosistemas naturales, incluyendo declaraciones de José Antonio Kast cuestionando el alcance de la legislación sobre humedales bajo el argumento de favorecer el desarrollo económico. Sin embargo, en este caso el Estado terminó privilegiando la protección temporal de un césped deportivo frente a una inversión internacional de enorme magnitud. No se trata de comparar el valor ecológico de un humedal con el pasto de una cancha de fútbol; precisamente esa comparación evidencia la inconsistencia de los criterios utilizados para ponderar el interés público.

El verdadero error de política pública no consiste en proteger infraestructura estatal. Consiste en haber reducido una decisión estratégica de inversión, turismo y reputación internacional a un problema de mantenimiento de pasto. En economía, las decisiones públicas se evalúan por el valor que crean o destruyen. Bajo ese criterio, el costo económico, turístico y reputacional de impedir la realización del BTS World Tour Arirang excede con amplitud el beneficio obtenido mediante la conservación temporal del campo de juego del Estadio Nacional.

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Julio 4, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 28 visitas 2260016

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