En el último tiempo suelen oírse voces diciendo con cierto aire satisfecho “Chile no se cae a pedazos”. Una especie de apelación al conformismo con lo vivido aun reconociendo que el resultado no fue muy bueno. Pero el significado de la frase se me hizo fútil con el terremoto venezolano, sus imágenes de escombros de edificios y miles de muertos. Venezuela vive un derrumbe. Chile en cambio no se ha desplomado, cae de a poco. Pedazos de vida nacional vienen cayendo hace años. Como ocurre de a goteo, hasta induce acostumbramiento y hace fácil excusar mediocridades diciendo que el país no se cae a pedazos, sobre todo si personalmente no lo sufre.
Van 15 años de economía mediocre. Lo sufren los más vulnerables. El 9,4% de desocupación es el mayor en mucho tiempo y ese porcentaje oculta que en mujeres es mayor (10,4%) y en jóvenes aún más alto. Subió de a décimas, de a pedazos de punto. Pero ahora se nos agrega que no basta con más crecimiento para superarlo, porque se hizo “estructural” con otras medidas imprudentes. El exministro Andrés Velasco menciona tres: conjugar en poco tiempo un aumento del salario mínimo más del doble que los salarios reales, la ley de las 40 horas y el encarecimiento de las pensiones. Hoy tenemos la tasa de desempleo más alta de América Latina. Los pedazos se acumularon.
Los “retiros” hicieron caer otros buenos cascotes y todos felices por la euforia de gasto que desataron. Pero lo que se retiró financiaba créditos de largo plazo para grandes proyectos de inversión y crédito hipotecario para vivienda. Cayeron inversiones y la compra de viviendas; aumentó la inflación con la liquidez inyectada. Los cascotes los pagaron los pobres, no los que lo votaron.
Agreguemos esas miles de presentaciones de clara intención paralizante que entraban cuanto proyecto de inversiones se intenta. ¿Cuánta prosperidad familiar cae a pedazos, unos aquí otros allá, por miles de empleos postergados o incluso anulados por aburrimiento de inversionistas?
La obsesión por alternancias extremas agrega más pedazos. ¡No se puede hacer un país para el 100% con lógicas propias y excluyentes que fascinan apenas a un 25%, que solo en segunda opción vota más del 50%, mientras en contra lo hace algo más del 40%!
Ahora que está de moda ser extremo para ganar, asuman que solo construyendo acuerdos que comprendan mucho más de un 25% del electorado, es posible construir reformas estables y profundas. Lo aprendimos en los primeros 20 años de la democracia recobrada. No actuemos como minoría vanguardista con ilusiones de totalidad. Así solo seguirán cayendo pedazos. Es menos tremendo para los que tienen empleo, pero si sumo los chilenos que ven frustrados sus sueños de prosperidad, de seguridad y de protección social, más temprano que tarde caerán sobre los responsables los pedazos de sueños que millones han visto esfumarse. Que una frase bonita no nos ciegue.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista.
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