
Por Christian Slater E.
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar limitada en Venezuela, capturó al presidente Nicolás Maduro sin resistencia militar significativa reportada y anunció su traslado fuera del país para enfrentar cargos judiciales en territorio estadounidense.
Desde un punto de vista estrictamente operacional, la captura y extracción de Maduro fue tan exitosa como la realizada contra Manuel Noriega en 1989: el objetivo principal fue localizado, asegurado y extraído del país en una operación breve, focalizada, sin escalada militar posterior ni ocupación territorial.
Los hechos del día 3 confirman, además, otro punto central planteado en una columna publicada en noviembre: Estados Unidos no buscaba una invasión ni una guerra, sino acciones de neutralización ejecutadas de forma controlada, con riesgo mínimo para la población civil. Todo indica que la prioridad operativa estadounidense fue evitar víctimas inocentes, entendiendo que cualquier daño colateral habría sido considerado un fracaso político y moral, especialmente en un contexto donde millones de venezolanos mantienen lazos familiares repartidos por el mundo, incluidos Estados Unidos y numerosos países de la región.
No hubo declaración de guerra.
No hubo ocupación.
Hubo una operación de captura y extracción, con objetivos claros, limitados y estratégicos, orientados a separar al núcleo responsable de un entramado de narcotráfico —según acusaciones judiciales vigentes en tribunales estadounidenses— del territorio venezolano.
A partir de ahora, el foco debe desplazarse hacia lo que ocurra internamente en Venezuela, y en particular hacia el comportamiento y la cohesión de sus Fuerzas Armadas. Ese será el factor determinante para cualquier proyección realista de escenarios futuros. Por ahora, lo único que queda demostrado es el éxito militar de Estados Unidos en el cumplimiento de su objetivo, lo que no implica necesariamente una desmovilización inmediata de sus fuerzas en el Caribe. Más adelante —no en lo inmediato— habrá que observar cómo evoluciona el escenario político interno y qué espacio logra ocupar Corina Machado dentro de ese nuevo contexto.
A lo anterior se suma un hecho que no puede ser ignorado en la evaluación del escenario: la reacción de la diáspora venezolana. En Chile, miles de venezolanos se congregaron espontáneamente en la Alameda Bernardo O’Higgins tras la captura de Nicolás Maduro. No se registraron protestas, muy por el contrario ¡están celebrando! Ese dato social —observable y verificable— debiera ser considerado junto a cualquier comunicado oficial, porque refleja cómo una parte significativa de quienes han debido abandonar Venezuela percibe lo ocurrido.
La entrada Captura y extracción de Maduro: confirmación de un enfoque operativo se publicó primero en El Periodista.
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