Carabineros y Estado

Todos tenemos esperanza en la Cuenta Pública del primero de junio. En lo económico, ya supimos para dónde va la micro: eliminar “permisología” inútil, coordinar reguladores y regulaciones, y bajar impuestos; también asumir el maltrecho estado de las finanzas públicas, resaltado no solo por Hacienda, sino en forma reiterada por el CFA.

Pero el plato de fondo es el plan de seguridad pública, que fue el pivote de la campaña presidencial. Fueron sus supuestas fortaleza y convicción las que desplazaron a los votantes de centroderecha y centroizquierda a elegir a Kast con una votación asombrosa; sin embargo, a los dos meses ¡o desilusión! la ministra, además de no hacerse entender en la Cámara de Diputados, declaró que no tenía un plan de seguridad pública. Además, fue desmentida de su supuesta participación en las detenciones dentro del “estado independiente de Temucuicui” por la fiscalía regional.

Y vamos a la base de la seguridad, que no es otra que la presencia de las fuerzas del orden en el territorio. Recuerdo a mi mamá cuando nos mandaba al centro en micro: “si se pierden, hablan con un carabinero”. Una vez mi hermana de cuatro años se perdió en la playa: la abuela rezaba, los tíos patrullaban, otros miraban al mar aterrorizados, y cuatro horas después apareció frente a la casa, de la mano de un carabinero. Eso era en la época en que a un niño lo podían mandar solo en tren a Nancagua, o que de adolescentes podíamos caminar sin cuidado los sábados en la noche, y que lo peor que podía suceder era “un cogoteo”, o sea, una amenaza con cortapluma.

Hoy, Chile tiene aproximadamente 2,5 carabineros por cada 1.000 habitantes y cuando de fundó la institución tenía 3,7. Hoy es una sociedad harto más complicada: drogas, crimen organizado, balazos, portonazos y turbazos; y Carabineros, además, cuida las fronteras, recibe reclamos y dirige el tránsito. En EE.UU. hay 3,5 policías por cada mil habitantes (sin considerar marshalls, ICE, ni FBI). En la Unión Europea, la relación es entre 3,0 y 3,3. En España -que sufrió el espanto de la ETA- son 3,7 por cada mil habitantes -no sé si eso considera los del tránsito o de fronteras (que son otros cuerpos) y a la guardia civil que es del gobierno central.

Pero, en definitiva, con los problemas de seguridad que tenemos, para llegar solo al nivel de España (donde no hay ni portonazos ni turbazos) necesitaríamos un mínimo de más de 80.000 carabineros, y probablemente unos 100.000, o sea, casi el doble. Sin muchos más carabineros en las calles no hay plan de seguridad viable. Por mucha prevención, por mucha inteligencia, y por mucho fiscal y juez trabajando 24x7 nada puede reemplazar la presencia visible y oportuna de la policía. A lo mejor es caro, a lo mejor nos cuesta algunos puntos del PIB, o algunos puntos más de deuda pública, pero sin seguridad en las calles y en los campos, las metas de crecer más rápido y tener cuentas en orden no sirven mucho.

Si un niño anda perdido, debe haber por ahí un carabinero. Si entran maleantes a un local, la misma cosa. Y para qué decir si una turba entra en su casa. Carabineros presentes, es el Estado presente. Carabineros ausentes, es el Estado ausente.

Por César Barros, economista

Mayo 29, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 37 visitas 2150092

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