Adrián Vázquez y Francisco Ávila
Sant Joan Despí (Barcelona), 17 jun (EFE).- El Barça sigue ganando, pero Carlos Ortega (Málaga, 1971) mira más allá del marcador y advierte de que sostener ese nivel exige algo más que capacidad de reinvención, por lo que cree que "si cada vez pones menos cemento, al final el edificio se te va a caer", resume en una entrevista con EFE.
En la misma conversación expresa su deseo de que la situación de contingencia económica derivada del contexto financiero del FC Barcelona "no sea así por mucho tiempo", pese a que el equipo ha conquistado cuatro Ligas de Campeones de balonmano en los últimos seis años y mantiene su condición de referencia europea.
El técnico insiste en la necesidad de recuperar una base sólida que permita sostener la competitividad a corto y medio plazo, y subraya el papel del respaldo institucional en ese objetivo.
"Tengo plena confianza en nuestro presidente. Cuando las cosas vayan mejor, nos dará el apoyo suficiente para poner unas bases sólidas que vamos a necesitar", señala.
Ortega no oculta que el contexto económico condiciona la planificación, pero recalca que no ha rebajado ni la exigencia interna ni la ambición del grupo. "En Europa, ahora mismo podríamos ser el decimocuarto equipo en cuanto a presupuesto, quizás. Sin embargo, aquí tenemos muchas cosas muy positivas que a veces los jugadores no perciben del todo", apunta.
Más allá de la pista, el técnico pone el foco en una estructura que considera determinante para sostener el rendimiento diario. "Viajamos mucho mejor que en otros sitios. Además, contamos con un servicio médico de primer nivel: si ocurre cualquier incidencia, en cuestión de minutos están siendo atendidos y se pueden hacer todo tipo de pruebas", explica.
A ello suma el trabajo individualizado en las recuperaciones, con personal específico para cada lesionado. "El club asigna un recuperador exclusivo que sigue cada proceso de rehabilitación al detalle. Son cosas que muchas veces no se valoran lo suficiente, pero que el jugador debería tener muy presente", añade.
En ese mismo rendimiento sostenido, Ortega subraya el papel del trabajo invisible del preparador físico Francesc Pla y del cuerpo médico encabezado por el doctor Gutiérrez, piezas clave para mantener la disponibilidad de la plantilla en un calendario exigente. El técnico lo resume como un factor estructural del éxito.
“El preparador físico y el servicio médico han realizado un trabajo fantástico, a menudo poco reconocido. Ha salido todo a pedir de boca, y eso también ha sido fundamental. Hemos sido, sin duda, uno de los equipos con menos lesiones, y eso no es casualidad. Detrás hay mucho trabajo, planificación y una gestión muy cuidada del grupo", subraya.
La ambición de seguir liderando un proyecto que asumió en 2021, en un contexto complejo tras la salida de Xavi Pascual, se sustenta en la evolución de un grupo que ha crecido desde la fuerza del colectivo y que ha firmado una temporada prácticamente perfecta, con la conquista de los siete títulos en juego.
"Ha sido, sin duda, un triunfo del colectivo. Probablemente incluso el año en el que más hemos jugado como equipo. El juego con los jugadores más pequeños ha sido brillante en muchos momentos de la temporada", explica.
Un equipo que ha llegado a ganar 60 de 61 partidos oficiales en la temporada y en el que "la defensa, la portería y el contraataque se han consolidado como señas de identidad", resume.
El técnico subraya, además, la capacidad del grupo para sostener el rendimiento incluso en escenarios adversos, sin depender exclusivamente de un referente como Dika Mem.
"Antes teníamos cierto miedo a jugar sin Dika. Sin embargo, por desgracia, él ha sufrido varias lesiones y ha estado mes y medio entrando y saliendo del equipo. Esto también nos ha hecho crecer mucho como grupo. Nos hemos demostrado a nosotros mismos que podemos competir y mantener el nivel incluso cuando faltan jugadores importantes a lo largo de la temporada", apunta.
Ese equilibrio deportivo ha derivado en un vestuario que Ortega define como especialmente unido. “Para mí ha sido la temporada más satisfactoria, no sólo por los resultados, sino por todo lo que se ha generado alrededor del grupo. El buen rollo en el vestuario, la intensidad en los entrenamientos y la actitud de todos han marcado la diferencia”, reconoce.
La conquista de la decimotercera Liga de Campeones ha reforzado la sensación de dominio del conjunto azulgrana en el panorama continental, aunque Ortega rechaza cualquier lectura simplista basada únicamente en la inercia del éxito. Para el entrenador, la clave no está solo en ganar, sino en una cultura competitiva que el club ha construido y transmitido durante décadas.
"Creo que esta sección, desde hace muchos años, tiene un fuerte gen competitivo, cuyo máximo exponente fue Valero Rivera. Todos los entrenadores que han ido llegando han sabido mantener e inculcar esa mentalidad, y los jugadores también son plenamente conscientes de ello. Esa cultura les lleva a adaptarse, a reinventarse y a dar lo máximo para competir al más alto nivel", explica.
En el plano deportivo, Ortega afronta un nuevo reto tras un verano de cambios importantes. Las salidas de Antonio Bazán, Emil Nielsen y Domen Makuc, elegido mejor jugador de la final ante el Füchse Berlín (37-34), obligan a una nueva reconstrucción.
Sobre el esloveno, el preparador malagueño considera que su decisión para vincularse al Kiel alemán las próximas cuatro temporadas se produjo "demasiado pronto", cuando aún no había consolidado por completo la continuidad que ha terminado ganándose sobre la pista.
"Ha hecho una temporada espectacular. Es un jugador que entiende el juego, decisivo en los momentos importantes y con una gran capacidad para tomar buenas decisiones. Marca diferencias y ha sido fundamental para lograr los objetivos del equipo. Le deseo lo mejor en su futuro", afirma.
Con vistas al próximo curso, Ortega defiende el trabajo de la dirección deportiva, que ha logrado cubrir las bajas "con las mejores opciones posibles dentro del mercado y de las circunstancias".
Entre ellas, destaca la llegada del portero Sergey Hernández, al que considera una garantía pese al impacto mediático de su predecesor Emil Nielsen. "Ha sido el mejor portero de la Bundesliga las dos últimas temporadas. ¿Por qué no va a funcionar aquí? Además, es un jugador español que puede contribuir aún más a generar un buen ambiente en el vestuario. No hay ningún motivo para pensar lo contrario", sostiene.
También valora la incorporación del central Janus Smarason, al que ve capaz de aportar equilibrio en ambas áreas, y confirma la promoción del joven lateral izquierdo Oriol San Felipe desde el filial. "Tengo muchas esperanzas puestas en él. Es un grandísimo defensor y, cuando juega con nosotros, también aporta en ataque. Tiene potencial para ser importante en el futuro del Barça", apunta.
Es precisamente esa convicción la que alimenta su deseo de seguir formando parte del proyecto. Con el equipo ya perfilado de cara al nuevo curso, Ortega reconoce que su mirada empieza a ir más allá del corto plazo. Su contrato expira en 2027 y, según desliza, le gustaría resolver su continuidad cuanto antes.
"Una vez ganas la ‘Champions’, es momento de apretar”, bromea. "Llevo ya 16 temporadas aquí, entre jugador (1994-2005) y entrenador (2021-2026). Es una vida dentro del club. La profesión desgasta, pero ahora mismo me veo con ganas de seguir, de firmar algo largo que me dé estabilidad".
Según ha podido saber EFE, la negociación para ampliar su vinculación por cinco temporadas más, hasta 2032, se encuentra en su recta final, una muestra de confianza mutua que reforzaría la continuidad de uno de los grandes artífices de la etapa más reciente del balonmano azulgrana.
"Los entrenadores necesitamos que los jugadores entiendan que el liderazgo del equipo también pasa por la figura del técnico, y que este cuenta con el respaldo de la dirección del club. Es muy importante que exista esa confianza institucional, porque si no, en cuanto los resultados se complican un poco, pueden surgir problemas", insiste.
Y, a juzgar por sus palabras, Ortega está convencido de que el Barça seguirá encontrando la manera de competir. Porque más allá de las bajas, de las limitaciones económicas o de las inevitables reconstrucciones, la cultura que ha convertido a la sección en una referencia europea sigue intacta. "Para eso vamos a trabajar", concluye. EFE
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