El Ciudadano
Señor Director:
Con profunda decepción escuché las declaraciones de la senadora Flores, quien utilizó la expresión “la señora de feria” para descalificar a otra senadora.
Más allá de las diferencias políticas, hay palabras que no solo ofenden a quien las recibe, sino también a miles de personas que desempeñan con orgullo un trabajo honesto.
Soy hijo de una feriante. Para mí, decir “la señora de feria” nunca será un insulto; al contrario, es un motivo de orgullo. Mi madre se levantó durante años a las cinco de la mañana para trabajar, muchas veces sin poder descansar ni tomar unas merecidas vacaciones.
Al regresar a casa, aún encontraba tiempo y energía para ayudarnos con nuestras tareas escolares y enseñarnos el valor del esfuerzo, la responsabilidad y la perseverancia.
Gracias a ese sacrificio, mi hermana y yo fuimos los primeros profesionales de nuestra familia. Nada de eso habría sido posible sin el trabajo incansable de “la señora de la feria”, expresión que algunos pretenden utilizar como sinónimo de inferioridad y como una forma de descalificar a otra persona.
Las autoridades tienen la responsabilidad de elevar el nivel del debate público, no de reproducir prejuicios que menosprecian a quienes viven de su trabajo.
Descalificar a alguien asociándolo con un oficio digno no solo es injusto, sino que constituye una falta de respeto hacia miles de familias chilenas que, con esfuerzo y honestidad, han construido el futuro de sus hijos.
Espero que este episodio sirva para reflexionar y recordar que la dignidad de una persona no depende de su profesión, sino de sus valores, su esfuerzo y la forma en que contribuye a la sociedad.
Víctor Manuel Rojas Araya
Ingeniero Civil Mecánico PUCV
La entrada Carta al Director: «La señora de la feria» se publicó primero en El Ciudadano.
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