Hace unos años, la Polinesia Francesa firmó un acuerdo para estudiar la creación de la primera ciudad flotante semiautónoma del mundo. El proyecto nunca llegó a construirse, pero demostró que la idea de vivir permanentemente en el océano había dejado de ser una simple fantasía de ciencia ficción.
Ahora estamos más cerca que nunca.
Una ciudad flotante más grande que muchos municipios. Sí, la idea parece sacada de una novela fantástica, pero sus promotores aseguran que sigue viva tres décadas después de haber sido concebida. El Freedom Ship se ha presentado como una gigantesca ciudad flotante de casi 1,6 kilómetros de longitud, unos 240 metros de ancho y 30 cubiertas de altura, diseñada para albergar a unas 80.000 personas entre residentes permanentes, visitantes y tripulación.
Con un coste estimado de 12.000 millones de libras, sería varias veces más grande que los mayores cruceros actuales y tendría capacidad para acoger una población similar a la de una ciudad mediana, convirtiéndose en una de las estructuras móviles más ambiciosas jamás imaginadas.
Vivir en el mar sin necesidad de tocar tierra. El concepto rompe con la lógica tradicional de los cruceros porque no está pensado para realizar viajes, sino para convertirse en un lugar donde vivir de forma permanente. Unos 50.000 residentes podrían establecer allí su hogar mientras la ciudad navega lentamente alrededor del mundo completando una vuelta al planeta cada dos años y medio aproximadamente.
Debido a su tamaño, el buque no podría atracar en puertos convencionales, por lo que permanecería en aguas internacionales y utilizaría ferris y embarcaciones auxiliares para conectar con tierra firme. Los habitantes tendrían acceso a barrios diferenciados, sistemas de transporte interno mediante tranvías, kilómetros de paseos peatonales y amplias zonas verdes distribuidas por toda la estructura.
Una ciudad sobre una sola cubierta. Hay mucho más, ya que los diseñadores pretenden que sus habitantes encuentren prácticamente todo lo que necesitan sin abandonar el barco. El proyecto incluye viviendas, hoteles, colegios desde educación primaria hasta estudios superiores, hospitales, bancos, oficinas, centros de convenciones, museos, salas de conciertos, instalaciones deportivas y una enorme oferta comercial.
También se contemplan un estadio con capacidad para 15.000 espectadores, un parque acuático, grandes espacios de restauración, acuarios para actividades recreativas, discotecas y múltiples zonas de ocio. La intención es reproducir el funcionamiento de una ciudad convencional trasladando todos sus servicios esenciales a una plataforma flotante capaz de operar de forma autónoma durante años.
Treinta años persiguiendo el mismo sueño. La historia del Freedom Ship comenzó en los años noventa de la mano del ingeniero estadounidense Norman Nixon. Aunque el proyecto fue presentado públicamente en varias ocasiones, nunca consiguió la financiación necesaria para arrancar. Tras años de inactividad, la iniciativa ha vuelto a cobrar impulso bajo la dirección de Freedom Cruise Line International, cuyos responsables aseguran que existe suficiente interés para justificar incluso la construcción de varias unidades.
La prioridad actual sigue siendo reunir el enorme capital inicial necesario para iniciar las obras, un desafío que continúa siendo el principal obstáculo para transformar las espectaculares ilustraciones en una realidad tangible.
Construcción gigante en alta mar. Si logra asegurarse la financiación, el plan consiste en fabricar el casco por secciones en Indonesia y ensamblarlo posteriormente en el mar. Sus responsables creen que la construcción podría completarse en tres o cuatro años, aunque sostienen que los primeros residentes podrían empezar a instalarse antes de que la obra estuviera totalmente terminada.
A diferencia de los cruceros convencionales, el mantenimiento se realizaría de manera continua mientras la estructura permanece operativa en el agua. El modelo económico también pretende parecerse al de una ciudad tradicional, alquilando o vendiendo espacios comerciales a empresas y emprendedores en lugar de centralizar todos los negocios bajo una única gestión.
Energía nuclear y ambiciones ecológicas. Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la posibilidad de utilizar energía nuclear para impulsar la gigantesca plataforma. Sus promotores argumentan que esta solución permitiría reducir drásticamente las emisiones asociadas al transporte marítimo y mantener en funcionamiento una ciudad flotante de semejantes dimensiones.
Además, afirman que la embarcación podría participar en iniciativas de limpieza oceánica durante sus travesías y convertirse en un laboratorio para nuevas formas de convivencia sostenible en el mar. También destacan que, al permanecer alejada de los puertos, evitaría parte de los problemas de saturación turística que generan algunos cruceros actuales en destinos muy visitados.
Entre la utopía y la realidad. La magnitud del proyecto explica por qué muchos observadores siguen contemplándolo con escepticismo. Ninguna ciudad flotante de semejantes dimensiones ha sido construida jamás y la inversión requerida supera ampliamente la de los mayores cruceros existentes.
Sin embargo, sus impulsores insisten en que la combinación de vivienda permanente, actividad comercial, turismo y servicios especializados podría hacer viable el modelo. Mientras tanto, el Freedom Ship continúa ocupando un lugar singular entre las grandes utopías tecnológicas contemporáneas: una visión de ciudades móviles navegando por el planeta que lleva treinta años intentando abandonar el papel para convertirse en realidad.
Imagen | Harbor Rear
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La noticia
Casi 1,6 kilómetros de largo y 80.000 personas a bordo: bienvenidos a la primera ciudad flotante del planeta
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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