La aristócrata con más títulos del mundo tenía fama de no rendir pleitesía a ningún rey, pero en 1998 tuvo que inclinarse frente a la novia maniquí de su hijo favorito. “Decía que Cayetano cambiaba de novia como de camisa. Pensaba que yo era una camisa más, pero nunca me lo tomé como algo personal”, reflexiona Flores
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