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Chamanes, magos, brujos y el poder político

El Ciudadano

Por Sergio Salinas Cañas

El 16 de julio, la exministra del Deporte, Natalia Duco, enfrentó una fuerte polémica tras revelarse que un asesor suyo, Silvio García —apodado en los pasillos como «el chamán» o ‘guía espiritual’—, le leyó textos religiosos y motivacionales de madrugada para calmarla durante la crisis por la negativa de autorizar los conciertos de BTS en el Estadio Nacional. Esta noticia sería la antesala de su caída del poder político. Lo que podría parecer un hecho aislado, no lo es, y una revisión de la historia, desde una perspectiva académica y esotérica, así lo confirma, incluso en el caso de nuestro país.

Desde las ciencias sociales y las humanidades, historia, antropología y sociología de la religión, la separación entre «magia blanca» y «magia negra» no se aborda como una dualidad mística intrínseca, sino como un constructo cultural, ético y funcional. La investigación académica analiza esta división a través de tres dimensiones principales: la intencionalidad del acto, el origen del poder invocado y la sanción social de la comunidad.

Los antropólogos e historiadores sociales diferencian las prácticas según el propósito del practicante y los resultados que genera en la comunidad. De esta manera, la magia blanca se define como aquellas acciones rituales destinadas a curar enfermedades, proteger cultivos, neutralizar maleficios o buscar la prosperidad colectiva o individual. Históricamente fue ejecutada por curanderos, sabios o cunning-folk. En cambio, la magia negra se conceptualiza como aquellas prácticas intencionadamente dirigidas a causar daño a terceros, tales como provocar enfermedades, muerte, ruina económica o infertilidad. En los registros jurídicos e inquisitoriales, estas acciones se tipificaban formalmente bajo el término maleficium.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, teólogos e historiadores no solían emplear la clasificación popular de colores, sino que categorizaban las disciplinas según la fuente de conocimiento y poder empleada. La magia natural, Magia Naturalis, era considerada la variante erudita de la magia blanca o aceptable. Consistía en la manipulación de las propiedades ocultas de la naturaleza, plantas, minerales, astrología médica, sin recurrir a entidades espirituales ni pactos. La magia demoníaca o nigromancia era catalogada directamente como magia negra, herética o goética. Implicaba la invocación, coerción o alianza con demonios y espíritus para alterar el orden natural.

Por otro lado, la sociología de la religión sostiene que los conceptos «blanco» o «negro» son asignados en función del poder institucional y el orden social. La magia blanca son los ritos que cuentan con aprobación o tolerancia social, ejecutados abiertamente para restaurar el orden o proteger a la comunidad. En cambio, la magia negra son las prácticas que se realizan en secreto debido a que desafían el marco legal, religioso o ético establecido, siendo consideradas una amenaza para la cohesión del grupo.

A lo largo de la historia, la frontera entre el poder político, la diplomacia y las artes ocultas ha sido borrosa. Reyes, emperadores y presidentes han recurrido en secreto a astrólogos, místicos y consejeros esotéricos para guiar las decisiones de sus estados o asegurar su permanencia en el gobierno.

Por ejemplo, John Dee -en el siglo XVI-, asesoró a la reina Isabel I de Inglaterra. Dee fue un matemático, astrólogo, alquimista y consejero personal de la reina. Dee fijó la fecha y hora exacta de la coronación de Isabel I mediante cartas astrales, concibió el término esotérico y geopolítico de «Imperio Británico» y afirmaba practicar «magia enoquiana», -comunicación con ángeles- para guiar la política exterior de la corona.

Catherine Deshayes, «La Voisin» –Francia, siglo XVII-, influyó en la corte de Luis XIV, el llamado “Rey Sol”. Ella, protagonista del famoso Asunto de los Venenos, operaba como adivina y proveedora de brebajes en París. Fue contratada por Madame de Montespan, la favorita del rey, para realizar misas negras, rituales de magia oscura y elaborar venenos con el fin de mantener el favor del monarca y eliminar a rivales políticas en la corte.

Y en Chile, estuvo Eugenia Pirzio-Biroli, política y aristócrata italiana que se desempeñó como alcaldesa de Puerto Cisnes durante la dictadura militar.

Cosimo Ruggieri y Nostradamus -Francia, siglo XVI-, asesoraron a la reina regente Catalina de Médici. Ella no tomaba decisiones de estado ni militares sin consultar a las estrellas. Mantuvo a Nostradamus como su consejero y médico real, mientras que el astrólogo italiano Cosimo Ruggieri ejercía una enorme influencia política aconsejándola sobre intrigas de palacio y conspiraciones reales.

Joan QuigleyEstados Unidos, siglo XX-, influenció al presidente Ronald Reagan, a través de la primera dama, Nancy Reagan. Tras el intento de asesinato de Reagan en 1981, la astróloga Joan Quigley pasó a controlar de manera encubierta la agenda presidencial. Determinaba las horas exactas de despegue del Air Force One, las fechas de las ruedas de prensa, los debates políticos e inclusive el momento propicio para la firma de tratados de desarme nuclear con Mijaíl Gorbachov.

También se debe mencionar a Karl Maria WiligutAlemania, siglo XX-, que influyó en Heinrich Himmler, jefe de las SS durante el régimen nazi. Conocido popularmente como «el Rasputín de Himmler», Wiligut era un místico y ocultista. Tuvo una influencia determinante en la cúpula nazi. Él diseñó el símbolo del anillo de honor de las SS (SS-Ehrenring) y convirtió el Castillo de Wewelsburg en el centro de rituales paganos y ocultistas del régimen.

También en Austria/Alemania, se debe mencionar a Erik Jan Hanussen, que influenció al mismísimo Adolf Hitler y la cúpula del Partido Nazi en sus inicios. Famoso mentalista y clarividente, asesoró a Hitler antes de su llegada al poder absoluto en 1933, enseñándole técnicas de oratoria, dominio del público e hipnosis escénica. Predijo el incendio del Reichstag, aunque poco tiempo después fue asesinado por el propio régimen debido al peligro que representaba por todo lo que sabía.

Por otra parte, en Rusia estuvo Grigori YefímovichRasputín-; este místico ruso ejerció un enorme control e influencia durante los últimos días de la dinastía Románov en Rusia. Inicialmente, pretendía dar una apariencia de Jesucristo y ganó fama como sanador a través del rezo. Fue llevado al palacio para tratar las severas hemorragias del heredero al trono, Alekséi, quien padecía hemofilia. Algunos investigadores sugieren que la aparente mejoría del niño se logró mediante el uso de la hipnosis. En el contexto terapéutico y clínico de un diplomado moderno, la hipnosis es una herramienta rigurosa para tratar condiciones complejas o adicciones; sin embargo, en la Rusia imperial de 1905, la aplicación de esta técnica cimentó un aura sobrenatural alrededor de Rasputín, dándole un poder casi absoluto sobre la zarina Alejandra. La labor “oscura” de Rasputín incluso fue advertida a los Romanov por el médico y esotérico francés, fundador de la Orden Martinista, Gerard Encausse, Papus.

Y en América Latina, en Argentina, estuvo José López Rega, político, policía y escritor argentino con un profundo dominio sobre Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón. Sus adversarios políticos lo bautizaron como “el Brujo” debido a sus inclinaciones esotéricas. Aprovechó su cargo como ministro de Bienestar Social para organizar la Alianza Anticomunista Argentina, un grupo parapolicial de ultraderecha dedicado a cometer atentados y asesinatos selectivos contra la oposición política.

Y en Chile, estuvo Eugenia Pirzio-Biroli, política y aristócrata italiana que se desempeñó como alcaldesa de Puerto Cisnes durante la dictadura militar. Además, era la consejera espiritual del propio general Augusto Pinochet. Sus asesorías se basaban en la clarividencia, la lectura de cartas (Tarot) y el análisis de la carta astral. Según información no confirmada, ella recibía visitas secretas de Pinochet a puertas cerradas. Popularmente, se cuenta que fue ella quien, a través de sus prácticas, le advirtió sobre el inminente peligro de muerte antes del famoso atentado en el Cajón del Maipo en 1986.

Por Sergio Salinas Cañas

Bibliografía

  1. Davies, Owen. (2007). Popular Magic: Cunning-folk in English History. Hambledon Continuum.
  2. Evans-Pritchard, Edward E. (1937). Witchcraft, Oracles and Magic Among the Azande. Oxford University Press.
  3. Kieckhefer, Richard. (1989). Magic in the Middle Ages. Cambridge University Press.
  4. Larner, Christina. (1984). Witchcraft and Religion: The Politics of Popular Belief. Basil Blackwell.
  5. Mauss, Marcel. (1902 / 1979). Esbozo de una teoría general de la magia. En Sociología y Antropología. Editorial Tecnos.
  6. Yates, Frances A. (1964). Giordano Bruno and the Hermetic Tradition. University of Chicago Press.

Fuente fotografía


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Agosto 25, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 32 visitas 2415198

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