El Ciudadano
Santiago de Chile – El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó el viernes que la producción de cobre en Chile, el mayor productor mundial del metal rojo, aumentó un 5,1% interanual en junio, alcanzando las 447.294 toneladas métricas. El dato, que marca una tasa anualizada cercana a los 5,4 millones de toneladas, llega después de un primer semestre de 2026 con señales mixtas y en un contexto de desafíos estructurales que han afectado a la industria en los últimos años.
Pero el respiro estadístico ocurre en medio de un debate político que amenaza con redefinir el futuro de la principal empresa estatal del país: Codelco. La pregunta que flota en el ambiente minero y político es si este repunte es el inicio de una recuperación sostenible o simplemente un espejismo estadístico —un destello mensual que no logra ocultar las profundas grietas de un modelo que acumula décadas de inversiones millonarias sin conseguir expandir su producción de manera estable.
El Ciudadano
La cifra de junio representa un respiro para un sector que ha enfrentado caídas operativas prolongadas. Durante los primeros cuatro meses del año, la producción acumuló un retroceso del 8% respecto al mismo período de 2025, totalizando 1.613.900 toneladas. En marzo, la caída había sido del 9,01%, y en febrero la producción mensual cayó a su nivel más bajo desde 2017.
El crecimiento de junio no responde a un solo factor, sino a una combinación de recuperación operativa y condiciones favorables. Minera Escondida, de BHP, que representa cerca del 5% de la producción mundial de cobre, junto a Antofagasta Minerals y Teck Resources —que finaliza el ramp-up de Quebrada Blanca Phase 2— aportaron volumen en un mes donde las condiciones climáticas en el norte chileno fueron más favorables que el año anterior.
Sin embargo, el dato no oculta la brecha estructural que arrastra la industria. Codelco registró en 2023 y 2024 sus producciones más bajas en décadas. En el primer cuatrimestre de 2026, la producción propia de la estatal cayó un 10%, con la división El Teniente experimentando un desplome del 29%. La producción de la empresa ha caído de 1.730 mil toneladas métricas finas en 2004 a 1.334 mil en 2025.
El repunte productivo coincide con un escenario de precios del cobre en niveles históricamente altos. El metal cerró el 30 de julio en la Bolsa de Metales de Londres (LME) en 625.731 centavos de dólar por libra, alcanzando un nuevo máximo anual. El promedio acumulado en 2026 se ubica en 596.363 c/lb, un 38,63% superior al registrado en igual período de 2025.
La demanda global se mantiene firme, impulsada por la transición energética y las necesidades de infraestructura eléctrica. Se espera que la producción mundial de cobre mina alcance los 23,3 millones de toneladas en 2026. Chile, que controla más del 25% del suministro mundial, sigue siendo el principal productor, con una producción estimada de 5,3 millones de toneladas en 2025.
Pero la paradoja es evidente: con precios récord, las utilidades de Codelco se han desplomado. Las ganancias netas del cobre cayeron de cerca de US7.000millonesenelsupercicloaapenasUS 534 millones en 2025. Para muchos analistas, esta es la prueba más clara de que el problema no es externo, sino interno: problemas de gestión, sobrecostos, retrasos en proyectos clave y una deuda que no deja de crecer.
El telón de fondo del repunte productivo es una realidad financiera que ha encendido todas las alarmas. El presidente del directorio de Codelco, Bernardo Fontaine, advirtió que la deuda de la empresa bordea los US$ 25.000 millones y sostuvo que la estatal requiere cambios estructurales para revertir el aumento de sus costos y recuperar competitividad.
En ese contexto, el fantasma de la privatización ha vuelto a instalarse en el centro del debate político. El presidente del Partido Republicano, senador Arturo Squella, propuso privatizar parcialmente Codelco o alguna de sus divisiones para obtener recursos y mejorar la gestión mediante el ingreso de inversionistas privados. Más allá, el Partido Nacional Libertario, a través de su presidente Johannes Kaiser, planteó una privatización parcial y sugirió que los recursos obtenidos podrían distribuirse entre los ciudadanos, hasta $2 millones por persona.
Frente a estas presiones, el gobierno del Presidente Kast ha intentado trazar una línea no exenta de contradicciones. El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, descartó avanzar en un proceso de privatización de Codelco, marcando distancia de la propuesta republicana. «No estamos por privatizar», sostuvo el secretario de Estado.
Pero acto seguido, el gobierno deslizó una idea que para muchos críticos es la puerta de entrada a la privatización por goteo: la venta de «activos prescindibles» que forman parte de las filiales de Codelco. «Se puede avanzar en la venta de algunos activos prescindibles que se encuentran dentro de sus filiales», esbozó Mas, aunque enfatizó que el foco debe estar en la eficiencia y en que Codelco sea «una empresa competitiva, a la altura de las compañías privadas».
El gobierno insiste en que no se privatizará, pero la oposición y diversos analistas han señalado la opacidad en torno al tema e incluso han advertido sobre posibles ventas de activos que podrían debilitar el control estatal sobre la empresa. La discusión subyacente, como señala un análisis de CIPER Chile, no es solo una cuestión de gestión: «lo que hoy subyace en el debate sobre Codelco no es una cuestión de gestión, necesariamente, sino el sentido actual de la propiedad estatal de medios de producción estratégicos para la vida nacional».
Quienes impulsan la privatización argumentan que el capital privado mejoraría la eficiencia, reduciría la deuda estatal y oxigenaría una empresa que ha demostrado ser incapaz de expandir su producción pese a haber invertido cuatro veces más en la última década. Para ellos, Codelco debe volver a ser «una máquina de generación de riquezas para el país».
Pero el argumento en contra es igualmente contundente: privatizar implicaría perder las ganancias de la minera en ciclos de altos precios del cobre, justo cuando el mercado atraviesa su mejor momento en años. Además, eliminaría la capacidad amortiguadora de la empresa estatal en contextos de volatilidad de precios. Para sectores de la oposición de izquierda, vender Codelco o parte de sus activos supondría «debilitar la soberanía económica nacional y entregar un patrimonio estratégico».
Codelco no es una empresa cualquiera: es el pilar financiero del Estado chileno. Sus excedentes han financiado carreteras, hospitales, escuelas y programas sociales durante décadas. Su eventual privatización, incluso parcial, no solo tendría un impacto fiscal inmediato, sino que dejaría al país sin su principal herramienta de captura de la renta minera en los momentos de bonanza. Y en un escenario de precios récord como el actual, esa pérdida sería históricamente costosa.
El aumento del 5,1% en la producción de junio es una señal alentadora. Pero la pregunta que se hacen los analistas no es si el dato es bueno —lo es— sino si es sostenible en el marco de un modelo estatal que acumula décadas de inversiones millonarias sin lograr expandir su producción. Y aquí aparece el concepto de espejismo estadístico: un mes de buenos números no oculta que la producción de Codelco sigue muy por debajo de sus niveles históricos, que la deuda continúa creciendo y que los proyectos estructurales —como El Teniente, Chuquicamata Subterránea o Los Bronces— arrastran años de retrasos y sobrecostos.
El espejismo también se extiende al debate político. El gobierno descarta oficialmente la privatización pero avanza en la venta de activos. El sector republicano presiona para abrir la puerta al capital privado. Y en medio de esta tensión, el país se enfrenta a una encrucijada: ¿fortalecer Codelco como empresa estatal o ceder terreno a la privatización por partes?
Quienes defienden el rol del Estado sostienen que el problema de Codelco no es la propiedad, sino la gestión y la falta de inversión oportuna. En lugar de vender activos, argumentan, se debería inyectar capital, modernizar la gobernanza y blindar a la empresa de la injerencia política. Pero eso requiere voluntad política y consensos que, en el actual clima de polarización, parecen lejanos.
El Gobierno chileno redujo en julio su proyección de crecimiento económico para 2026 al 1,8%, desde el 2,1% estimado anteriormente, en un contexto de menor dinamismo interno. Al mismo tiempo, elevó a **US5,90porlibra∗∗suestimacioˊnpromedioparaelpreciodelcobre,frentealosUS 5,46 previos.
La combinación plantea un panorama mixto. Por un lado, el menor crecimiento anticipa una expansión más débil del consumo y la inversión fuera de los sectores exportadores. Por otro, el alto precio del cobre mejora las perspectivas de ingresos fiscales y fortalece los excedentes de Codelco, aunque también profundiza la dependencia de una variable externa volátil. La minería genera más de la mitad de los envíos al exterior y constituye una fuente central de ingresos tributarios.
Pero si Codelco no logra traducir los altos precios en mayor producción y menores costos, el país estará desperdiciando el momento más favorable del ciclo. Y si además se avanza en la privatización de activos, se corre el riesgo de vender barato lo que después será caro de recuperar.
¿Sostenibilidad o efecto temporal? El espejismo como advertencia
La pregunta que se hacen los operadores en Londres no es si el dato de junio es bueno —lo es— sino si es sostenible. Chile enfrenta desafíos estructurales que limitan su capacidad productiva: la madurez de los yacimientos, los altos costos operacionales, las barreras de entrada para nuevos actores y un marco regulatorio cada vez más exigente.
La mayor parte de los proyectos en cartera corresponde a iniciativas brownfield, orientadas a mantener o mitigar la caída de la producción en un contexto de reducción de leyes del mineral y envejecimiento de los yacimientos, más que a proyectos nuevos que expandan la capacidad productiva. Codelco proyecta para 2026 una producción de 1,344 millones de toneladas, apoyada en proyectos estructurales, pero el camino hacia la recuperación sostenible aún enfrenta obstáculos significativos.
El repunte de junio es una señal alentadora, pero como todo espejismo, puede desvanecerse tan rápido como apareció. Los números de julio y agosto dirán si fue el inicio de una tendencia o simplemente un destello aislado. Mientras tanto, el debate sobre el futuro de Codelco sigue abierto, y con él, la pregunta de si Chile quiere que su principal riqueza mineral siga siendo patrimonio de todos los chilenos o pase a manos privadas.
El espejismo estadístico de junio no debe confundir la realidad de fondo: Codelco sigue en crisis, la deuda sigue creciendo y el modelo estatal no logra despegar. La decisión sobre su futuro no puede basarse en un solo mes de buenos números, sino en una visión de país que trascienda el cortoplacismo político y el lobby de quienes ven en la privatización una oportunidad de negocio.
Por ahora, el dato de junio ofrece un respiro. Pero la verdadera prueba no será si el repunte se consolida en los próximos meses, sino si Chile decide que su cobre —el metal que ha sostenido su desarrollo durante más de un siglo— sigue siendo de todos o pasa a ser de unos pocos. El debate, como el precio del metal rojo, está en su punto más alto. Y el espejismo, por ahora, sigue en el horizonte.
El Ciudadano
La entrada Chile repunta en la producción de cobre en junio: el espejismo estadístico de un repunte que aviva el fantasma de la privatización se publicó primero en El Ciudadano.
completa toda los campos para contáctarnos