El Ciudadano
Por Santiago del Valle D.
Desde su primera colaboración en 2022, Lorena Álvarez y Alejandro Palacios han mantenido un método de creación musical basado en la improvisación. Con múltiples instrumentos musicales y un manejo compartido de tiempos, texturas y melodía, los artistas construyen libremente piezas musicales únicas durante sus sesiones de creación.
“Nuestro trabajo se mueve entre la improvisación, la música ambiental y ciertos elementos de la electroacústica y el jazz”, comentan los músicos, “por lo que no siempre encontramos un lugar claro dentro de las categorías habituales”.

Pero sí que han encontrado la manera de conectarse con el público en residencias artísticas y conciertos, y de convertir su método de improvisación y experimentación en dos álbumes: “Paisajes Para Torcer el Reloj” (2023) y “Jardín Giratorio” (Not Not Fun Records, 2026).
En ocasión del lanzamiento del nuevo trabajo, subirán al escenario con Rhodes piano, teclados y sintetizadores tocados por Lorena, y trombón, trompeta, guitarra y efectos de las manos de Alejandro. “Cada concierto se construye en tiempo real, dando lugar a una experiencia irrepetible donde texturas, drones y melodías emergen y se transforman continuamente”, explican.
Además, el concierto contará con Estela Ríos, proyecto integrado por Tiare Galaz (Niña Tormenta), Álvaro Solar (Protistas), Carla Bolgeri y Francisco Marín. El grupo combina canción, improvisación y exploración sonora, y presentará “Las Brujas”, adelanto de su álbum debut, previsto para septiembre de 2026.

¿Cómo ha sido el proceso, desde la naturaleza inicial en vivo e improvisada del proyecto, para llegar a la «fijación» de la música en formato de álbumes?
Comenzamos a tocar juntos convocados el 2022 por una residencia artística de músicas improvisadas llamada Nieve & Smog, que convocaba a músicos que nunca habían tocado juntos a realizar sesiones de improvisación y un concierto tras la residencia. Tuvimos cuatro sesiones, y luego el concierto. A la semana siguiente, grabamos una sesión más de improvisación. De esa sesión, seleccionamos trozos que fueron publicados en el álbum “Paisajes Para Torcer el Reloj”, nuestro primer disco. Los trozos no fueron modificados en postproducción más allá de la mezcla. En ese sentido, son reflejo de la música que fue tocada.
Para “Jardín Giratorio” el proceso fue el mismo, sólo que esta vez grabamos tres sesiones de improvisación. Grabamos mucho material y fuimos seleccionando, cada toma quedó tal como fue improvisada. En ese sentido la «fijación» de la música es como una fotografía de un momento musical que ocurrió ese día en ese lugar y con esas condiciones, y que jamás volverá a ocurrir así. Y es bueno que no vuelva a ocurrir así, esa es una de las gracias de la improvisación.
¿Cómo dirían que ha evolucionado o cambiado el proyecto entre su primer álbum y ahora, con la llegada de «Jardín Giratorio»?
Ha pasado más tiempo y hemos tenido más experiencia tocando en vivo. Nuestra práctica de improvisación se ha ido cohesionando con el tiempo. No solemos juntarnos a ensayar mucho, por lo que tocar en vivo es una parte fundamental de nuestro proceso. Muchas de las ideas, formas y maneras de escuchar que dan forma a las grabaciones surgen durante los conciertos, más que en la sala de ensayo. Hemos incorporado nuevas instrumentaciones, como trombón, contrabajo y sintetizadores, ampliando la paleta tímbrica respecto del primer disco. Con el tiempo también hemos aprendido a escucharnos mejor y a confiar más en el espacio que deja la improvisación. Parte importante del trabajo consiste en desarrollar esa capacidad de atención compartida.
¿Cómo ven la escena de la música experimental y electrónica en Chile? ¿Creen que se está desarrollando una generación o escena de artistas similares con los que sientan afinidad?
Hay mucha gente haciendo cosas muy interesantes en Chile, aunque no sabemos si se puede hablar de una única escena o de una generación claramente identificable. Más bien vemos múltiples comunidades, proyectos y espacios que a veces se cruzan y otras funcionan de manera independiente. Chile tiene una tradición importante ligada a la experimentación sonora. Hay referentes históricos como José Vicente Asuar o Juan Amenábar, cuyo trabajo sigue siendo un punto de referencia para muchas generaciones.

También existen iniciativas que generan cruces muy estimulantes entre arte, ciencia y tecnología. Un ejemplo es Sonidos de ALMA, un proyecto que pone a disposición de músicos y artistas material sonoro obtenido mediante la sonificación de datos astronómicos del radiotelescopio ALMA, abriendo nuevas formas de colaboración entre artistas, astrónomos e ingenieros. En el extremo sur también han surgido espacios muy interesantes como LiquenLab, en Magallanes, que desde hace años desarrolla laboratorios, residencias y proyectos que vinculan arte contemporáneo, ciencia, tecnología y territorio. Su residencia navegable Radicante, por ejemplo, reúne artistas e investigadores para trabajar en diálogo con los paisajes y ecosistemas patagónicos, entendiendo el territorio no sólo como un escenario sino como un agente activo del proceso creativo. A eso se suman iniciativas como Toda la Teoría del Universo, el festival Tsonami, Transónica o la residencia Nieve & Smog, que han contribuido a generar encuentros entre personas provenientes de la improvisación, el arte sonoro, la electrónica, la composición y otras disciplinas.
Al mismo tiempo, sigue siendo un ecosistema que funciona principalmente a pulso. Hay artistas muy preparados y propuestas de gran nivel, pero todavía existen pocos espacios de circulación, financiamiento y programación permanente. Mucho de lo que ocurre depende de la autogestión y del trabajo sostenido de quienes organizan festivales, sellos, residencias y conciertos. En ese sentido, el reciente recorte cercano al 10% del presupuesto destinado a cultura aparece como una señal preocupante para un sector que ya opera con recursos limitados y donde gran parte de las iniciativas sobreviven gracias a esfuerzos colectivos y financiamiento concursable.
Respecto a afinidades, personalmente nos cuesta pensar en proyectos que trabajen exactamente desde las mismas coordenadas que nosotros. Nuestro trabajo se mueve entre la improvisación, la música ambiental y ciertos elementos de la electroacústica y el jazz, por lo que no siempre encontramos un lugar claro dentro de las categorías habituales. Más que sentirnos parte de una escena específica, nos sentimos cercanos a artistas que mantienen una actitud de búsqueda, escucha y curiosidad, independientemente del lenguaje con el que trabajen.

El concierto doble – junto a Estela Ríos -, será el próximo miércoles 15 de julio a las 19:30 horas en el Centro Arte Alameda (Arturo Prat 33, Santiago), y se enmarca en el ciclo “Plácido Domingo en Concierto”, iniciativa que crea espacios de encuentro y resistencia para una diversa cartelera de artistas y bailarines desde 2013.
Las entradas se pueden encontrar en la plataforma Passline.
Fotos en blanco y negro por Felipe Reyes.
Gracias.
La entrada “Chile tiene una tradición importante ligada a la experimentación sonora”: Lorena Álvarez y Alejandro Palacios llevan improvisación, ambient y jazz al escenario del Centro Arte Alameda se publicó primero en El Ciudadano.
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