El Ciudadano
Aunque Chile hoy tiene un PIB per cápita similar al que tuvieron varias economías desarrolladas décadas atrás, los salarios mínimos de esos países eran considerablemente más altos. Un estudio de Fundación SOL cuestiona la idea de que los bajos sueldos en Chile se expliquen únicamente por el nivel de ingresos del país.
Mientras el Ejecutivo acaba de aplicar un reajuste que deja el salario en $546.546, investigaciones de la Fundación SOL demuestran que, al tener el mismo nivel de ingresos per cápita, otras economías pagaban sueldos sustancialmente mayores.
Es conocido que en el debate económico suele argumentarse que el salario mínimo de nuestro país es bajo debido al nivel de ingresos y que, al registrar mayor crecimiento, los indicadores coincidirán naturalmente hacía los estándares internacionales.
Sin embargo, al observar la experiencia de otros países cuando tenían el mismo nivel de PIB per cápita que tiene Chile en la actualidad, se evidencia que sus pisos salariales eran sustancialmente más altos.
Cabe recordar que a partir de mayo de este año, el Ingreso Mínimo Mensual ascendió a $546.546, lo que representa un alza de apenas $7.546 respecto al valor anterior de $539.000, equivalente a la variación del IPC (1,4%).
A modo de contextualizar, un estudio reciente de la Fundación Sol, señala que el 50% de los trabajadores en Chile gana menos de $600 mil líquidos y que el 70% recibe un monto inferior a $800 mil líquidos. Esto demuestra que el sueldo mínimo y los salarios bajos siguen siendo una realidad transversal en el país.
Además, el estudio indica que el monto de $546.546 sigue situándose por debajo de la línea de la pobreza para un hogar promedio compuesto por cuatro personas.

Si bien Chile genera riquezas similares a otros países, por ejemplo, europeos, al utilizar dólares ajustados por Paridad de Poder de Compra (PPA), que es un ajuste que se realiza para comparar cuánto una persona puede comprar realmente con su dinero en cada país, Chile se queda bastante atrás.
Un estudio reciente de la Fundación Sol, denominado “Salario mínimo en perspectiva comparada”, identifica cuál era el sueldo mínimo en diferentes países cuando tenían el mismo PIB de Chile. Cabe destacar que el estudio toma el salario mínimo chileno de $539 mil.
Como señalamos anteriormente, suele sostenerse que el salario mínimo en Chile es bajo debido al nivel de ingresos del país y que, a medida que la economía crezca, este se acercará de forma natural a estándares internacionales. Sin embargo, los datos del estudio sugieren que el rezago salarial responde más a decisiones políticas y a la forma en que se distribuye la riqueza que a una falta de ingresos.
El estudio muestra varios ejemplos de países cuando tenían el mismo PIB de Chile actualmente y como estos tenían sueldos mínimos superiores al de nuestro país en la actualidad.
Uno de los casos que destaca el estudio es el de Holanda en 1984. Cuando ese país alcanzó un PIB per cápita comparable al que tiene actualmente Chile, su salario mínimo era 4,7 veces superior al chileno actual.
La situación se repite en otras economías desarrolladas. En Estados Unidos, por ejemplo, el salario mínimo era 5,1 veces mayor cuando llegó a un nivel de ingresos similar al de Chile hoy. En tanto, Portugal alcanzó esa convergencia en el año 2000, registrando un sueldo mínimo un 40% más alto que el chileno actual.
Los ejemplos continúan con Polonia, que en 2014 tenía un salario mínimo 30% superior al de Chile bajo un PIB comparable, y Nueva Zelanda, donde en 1995 el monto era 160% más alto, es decir, más del doble del registrado actualmente en el país.
Cabe destacar que el estudio da cuenta que solo Corea del Sur, Estonia, Eslovaquia, Hungría y Lituania muestran cifras similares. Sin embargo, de acuerdo con los datos, hoy la diferencia entre los salarios mínimos de los países europeos y el de Chile es mayor que la brecha entre sus PIB per cápita y el chileno. Es decir, los salarios mínimos de esos países han crecido más rápido, en relación con el tamaño de sus economías, que en Chile.

En conversación con El Ciudadano, Gonzalo Durán, investigador de Fundación SOL y académico de la Universidad de Chile, declaró que los factores estructurales detrás de esta brecha se pueden agrupar en dos grandes dimensiones:
“La primera es la enorme deuda histórica en materia salarial que dejó la dictadura. Recién hacia 1998 el salario mínimo recuperó el poder de compra que había alcanzado en 1971. Es decir, Chile acumuló cerca de tres décadas de rezago salarial. Durante ese período, el gran empresariado ajustó su estructura de costos sobre la base de salarios bajos y precarización laboral. Por eso, cada vez que se plantea elevar significativamente el salario mínimo, se argumenta que ello pondría en riesgo la viabilidad de las empresas, trasladando el costo del ajuste a las y los trabajadores”, señaló.
Como segunda dimensión, Durán apuntó al débil poder sindical sumado a la escasa cobertura de negociación colectiva en nuestro país. Explicó que no se trata de un fenómeno neutro ni accidental, sino del resultado de una configuración profundamente política del modelo laboral heredado del Plan Laboral de 1979, consolidado en los gobiernos postdicatatoriales.
“La fragmentación sindical y la negociación limitada a la empresa reducen la capacidad de las y los trabajadores para disputar una mayor participación en la riqueza que producen. Mientras la mayoría de los países de la OCDE cuenta con sistemas de negociación colectiva por rama o sector económico, en Chile ningún gobierno ha impulsado seriamente una transformación estructural de las relaciones laborales que fortalezca la sindicalización y el poder de negociación del trabajo”.
Además, Durán explicó la relevancia de las cifras en PPA, ya que estas permiten comparar cuánto pueden realmente comprar los salarios mínimos en distintos países, corrigiendo las diferencias de precios y costo de vida.
“Cuando se realiza ese ajuste, el relato sobre el supuesto ‘alto’ salario mínimo chileno pierde fuerza. En términos de poder adquisitivo, el salario mínimo chileno se ubica en niveles similares a los de Colombia o Paraguay, y por debajo de países como Costa Rica o Panamá. Esto revela que el problema central no es solo el crecimiento económico, sino la forma en que se distribuye la riqueza en Chile. A pesar de tener uno de los PIB per cápita más altos de América Latina, esa riqueza no se traduce proporcionalmente en mejores salarios para la mayoría de las y los trabajadores”, agregó al respecto.
Por otro lado, respecto a la continuidad en la política de reajustes frente a la necesidad de convergencia internacional respecto al reciente reajuste, Durán señaló que una “Comisión Asesora Presidencial recomendó actualizar la metodología con que se mide la pobreza por ingresos en Chile. El gobierno acogió prácticamente todas esas recomendaciones y el resultado fue contundente: hoy la pobreza alcanza al 17,3% de la población, es decir, cerca de 3,5 millones de personas. Esto debió haber cambiado profundamente el debate sobre salarios y condiciones de vida, pero en la práctica seguimos discutiendo como si Chile tuviera niveles de pobreza cercanos al 4%”.
Para el investigador la pregunta de fondo es cómo un país con un PIB per cápita cercano a los US$37 mil PPA mantiene niveles tan altos de pobreza. Durán, señala que la respuesta se encuentra en la propia encuesta CASEN donde se señala que el 56% de las y los trabajadores percibe menos de $600.000 líquidos por su ocupación principal, es decir, el problema no es únicamente cuánto crece la economía, sino cómo se distribuyen sus resultados.
“La evidencia internacional y la investigación académica muestran que, en países con sistemas débiles de negociación colectiva como Chile, el salario mínimo cumple un “efecto faro”: orienta y empuja hacia arriba o hacia abajo el conjunto de la estructura salarial. Cuando el salario mínimo es bajo, los salarios del resto de la economía también tienden a comprimirse en niveles bajos. Y eso es precisamente lo que ocurre en Chile”, agregó.
Además, señaló que los estudios de la fundación, muestran que, tomando en cuenta a quienes trabajan y viven en hogares que arriendan, un 64% obtiene ingresos de su empleo principal que no bastan para que un hogar promedio de tres integrantes salga de la línea de la pobreza. Bajo ese escenario, un aumento de solo $7.546 —unos $252 diarios— aparece como una medida insuficiente frente al desafío de reducir la pobreza laboral y acercar los salarios a estándares internacionales.
“Con el nuevo monto propuesto, el salario mínimo líquido solo alcanzaría a cubrir cerca del 57% de la línea de pobreza para un hogar de tres personas. En la práctica, esto consolida un modelo basado en trabajo barato y bajos salarios, funcional a empresas que sostienen sus niveles de acumulación y rentabilidad precisamente sobre una estructura salarial rezagada”, señaló.
Por último, respecto a cuáles podrían ser las medidas estructurales o políticas necesarias para que el salario mínimo de nuestro país alcance estándares de los países desarrollados con similar nivel de desarrollo, Durán señaló:
“El principal cambio estructural pasa por modificar la distribución de poder en las relaciones laborales. Y en eso no existen atajos ni soluciones parciales. Chile necesita avanzar hacia un sistema de negociación colectiva por sector o rama de actividad económica, similar al que existe en Uruguay y en la mayoría de los países desarrollados con los que constantemente se compara. La negociación por rama tiene una característica clave: permite generar efectos distributivos agregados sobre el conjunto de la economía. A diferencia de la negociación fragmentada empresa por empresa, eleva los pisos salariales de sectores completos, reduce la competencia basada en bajos salarios y fortalece la capacidad de las y los trabajadores para apropiarse de una mayor parte de la riqueza que producen. En otras palabras, no solo mejora salarios individuales, sino que modifica la estructura distributiva del país”.
El investigador declaró que el problema de Chile es que conserva un modelo laboral extremadamente atomizado y desequilibrado. “Existen cerca de 9 mil sindicatos en el sector privado, muchos de ellos pequeños y con escasa capacidad de negociación. Esto limita fuertemente el poder del trabajo frente al gran capital y termina consolidando una economía de bajos salarios, incluso en un país con niveles relativamente altos de ingreso per cápita”.
Además, señaló que la propia OCDE ha advertido que los países con modelos de negociación colectiva más coordinados o por sector suelen registrar menores brechas salariales, menos desempleo y mayores niveles de ocupación en comparación con aquellos donde la negociación laboral permanece atomizada y debilitada, como sucede en Chile.
“Por eso, el desafío no es solamente sincerar la capacidad de compra del salario mínimo y luego reajustarlo periódicamente, sino transformar la institucionalidad laboral. Sin fortalecer sindicatos, aumentar la cobertura de la negociación colectiva y construir mecanismos de negociación supraempresarial, será muy difícil que Chile converja hacia los estándares salariales de los países desarrollados, aun cuando tenga niveles de riqueza comparables en términos de PIB per cápita”, concluyó.
La entrada Chile y el sueldo mínimo: otros países pagaban más con el mismo PIB se publicó primero en El Ciudadano.
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